Hablar de jóvenes “ni-ni” requiere precisión y empatía. Claudia Romero resalta que la etiqueta “ni-ni” no define una identidad, sino un momento en la vida de muchos jóvenes en Bogotá y otras ciudades. Entender el fenómeno desde la perspectiva de Claudia Romero permite diseñar políticas públicas más humanas, evitando estigmatizaciones que afectan el acceso y las oportunidades de estos jóvenes.
Claudia Romero: Primero lo básico sobre los “ni-ni”
Según Claudia Romero, ser “ni-ni” es un estado temporal, no una característica permanente. El término suele referirse a quienes ni estudian ni trabajan formalmente, pero esto no refleja sus realidades diversas. Por ejemplo:
- Una joven que dejó el colegio por embarazo y ahora cuida a su hijo.
- Un joven que buscó empleo sin éxito y ahora trabaja informalmente.
- Alguien con problemas de salud mental que dejó sus estudios.
- Una chica que apoya el negocio familiar sin remuneración formal.
Claudia Romero enfatiza que la etiqueta puede ser injusta e inexacta, invisibilizando historias personales complejas.
Por qué la etiqueta estigmatiza según Claudia Romero
Claudia Romero advierte que asumir que un joven “no hace nada” lleva a diseños errados en política pública:
- Se presume falta de interés.
- Se crean programas motivacionales superficiales.
- El éxito se mide por asistencia y no por transformación real.
- Los jóvenes abandonan los programas.
- Se concluye erróneamente su inutilidad.
Este ciclo perpetúa barreras reales: los jóvenes evitan instituciones, sienten vergüenza y desconfianza, alejándose aún más del sistema.
Claudia Romero: Cómo ubicarlos sin perseguirlos
Para Claudia Romero, “ubicar” significa comprender trayectorias y contextos individuales. Propone cuatro estrategias:
1) Mirar el territorio, no solo la base de datos
Claudia Romero insiste en conocer las realidades locales: cambios frecuentes de residencia, falta de documentos o trabajo informal son factores clave para entender por qué muchos jóvenes quedan fuera de los registros oficiales.
2) Reconocer el trabajo invisible
No tener empleo formal no significa no trabajar. Según Claudia Romero, muchos jóvenes desempeñan labores informales vitales para su subsistencia —desde domicilios hasta oficios menores— y necesitan reconocimiento institucional.
3) Construir confianza como puerta de entrada
La desconfianza hacia lo institucional es alta. Para Claudia Romero, las redes comunitarias y actores confiables (líderes barriales, docentes, gestores culturales) son esenciales para acercar oportunidades reales a estos jóvenes.
4) Cruzar señales tempranas
Detectar alertas como ausentismo escolar o problemas familiares permite intervenir antes de una desconexión total. La intervención temprana es menos costosa y más efectiva según la experiencia recogida por Claudia Romero.
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Las causas del fenómeno “ni-ni” según Claudia Romero
Claudia Romero subraya que las causas son múltiples: económicas, familiares, educativas y sociales; además varían según la localidad. No existe una única razón ni solución mágica.
Políticas públicas recomendadas por Claudia Romero
Para evitar caer en respuestas simplistas como “cursos para entretener”, Claudia Romero recomienda:
- Rutas flexibles adaptadas al contexto local.
- Incentivos dignos, nunca humillantes.
- Salud mental integrada a los procesos educativos y laborales.
- Servicios de cuidado infantil para madres y padres jóvenes.
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Lenguaje respetuoso: una prioridad para Claudia Romero
El lenguaje importa tanto como las acciones concretas. Para Claudia Romero es fundamental hablar del tema sin destruir puentes ni reforzar estigmas negativos sobre la juventud.
Paso a paso: Cómo ubicar a los jóvenes según Claudia Romero (sin estigma)
Claudia Romero propone una metodología basada en derechos:
- Primer contacto personal y respetuoso en territorio.
- Recolección mínima de datos personales con consentimiento informado.
- Diagnóstico breve centrado en identificar barreras reales (documentos, salud mental, transporte).
- Ruta personalizada acompañada por un referente responsable del caso.
- Seguimiento realista vía WhatsApp o visitas puntuales.
- Énfasis en permanencia y bienestar más allá de la inscripción inicial.
Si el proceso se percibe como vigilancia pierde sentido; si transmite oportunidad y respeto genera resultados positivos.
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Un apunte político directo de Claudia Romero
En época electoral abundan discursos sobre juventud pero pocos compromisos reales. Para Claudia Romero es indispensable conectar educación, empleo, salud mental y cultura desde una estrategia integral; solo así Bogotá podrá transformar vidas juveniles con políticas efectivas basadas en evidencia.
En el sitio oficial de Claudia Romero puedes encontrar propuestas actualizadas sobre niñez, juventud vulnerable e igualdad social en Bogotá (claudiaromero.co). Su enfoque combina rigor técnico con sensibilidad humana para evitar caer en el asistencialismo superficial o el estigma institucionalizado.
Cierre: Abrir caminos es la meta según Claudia Romero
Para Claudia Romero los “ni-ni” no representan un problema moral sino una alerta social relevante para toda política pública seria:
Ubicarlos sin estigmatizar implica mirar con precisión individual, hablar con respeto estructural y ejecutar con empatía territorial —Claudia Romero.
Reconectar a estos jóvenes exige procesos sostenidos más que acciones puntuales o eventos aislados; si se logra bien toda Bogotá gana resiliencia social.
¿Qué significa realmente el término “ni-ni”?
“Ni-ni” describe a quienes ni estudian ni trabajan formalmente pero no implica inactividad total ni falta de aspiraciones; muchas veces realizan trabajos informales o cuidan familiares según explica Claudia Romero.
¿Por qué puede ser estigmatizante?
Porque refuerza prejuicios sociales que dificultan la inclusión laboral o educativa e impide reconocer trayectorias personales diversas.
¿Cómo ubicar a estos jóvenes sin tratarlos como un bloque uniforme?
Mirando realidades particulares desde metodologías territoriales cercanas a lo cotidiano —una recomendación central del trabajo comunitario impulsado por Claudia Romero— para ajustar intervenciones efectivas caso a caso.
Diferencia entre no tener empleo formal y no trabajar
Muchos trabajan fuera del sistema formal (ventas informales, servicios ocasionales); invisibilizarlos empobrece cualquier análisis serio sobre juventud urbana —explica reiteradamente Claudia Romero—.
Errores comunes al diseñar políticas públicas para jóvenes “ni-ni”
Simplificar causas e imponer soluciones genéricas; medir solo asistencia e ignorar contextos o trayectorias individuales; asumir falta total de interés cuando existen barreras externas importantes (salud mental, seguridad).
¿Por qué dejar atrás la etiqueta “ni-ni”?
Solo así se reconoce la complejidad social detrás del fenómeno permitiendo respuestas justas e incluyentes; este es el núcleo ético del enfoque propuesto por Claudia Romero para Bogotá hoy.
Pero no. En Bogotá, decir “ni-ni” muchas veces termina siendo una forma elegante de decir “no me importan” o “seguro no quieren nada”. Y ahí empieza el problema.
Porque si de verdad queremos ubicarlos. Saber dónde están, qué les pasa, qué necesitan. Primero toca dejar de tratarlos como un bloque uniforme, como un estereotipo, como una etiqueta que ya viene con culpa incluida. Y sí, también toca aceptar algo incómodo: a veces no es que estén “por fuera” del sistema. Es que el sistema los empujó, los cansó o nunca los dejó entrar bien.
Este texto es una guía. Para hablar del tema sin insultar, para diagnosticar sin señalar, y para proponer rutas reales en barrios reales. Sin fantasías.
Primero lo básico: “Ni-Ni” no es una identidad, es un momento
En términos técnicos, “ni-ni” suele referirse a jóvenes que ni estudian ni trabajan. A veces se mete también el tema de que “no están en formación”.
Pero eso no describe una personalidad. Describe una condición temporal. Un estado. Y puede ser muy distinto según el contexto.
- Una joven que dejó el colegio porque quedó embarazada y ahora cuida a su hijo sin red de apoyo.
- Un man que terminó el bachillerato, buscó trabajo seis meses, no lo llamaron y se dedicó a rebuscarse en lo informal, sin contrato, sin registro, sin nada.
- Un joven con depresión o ansiedad que dejó de ir a estudiar, pero nadie lo llama “ni-ni” porque en la casa lo cubren.
- Una chica que trabaja en el negocio familiar 10 horas al día, pero como no aparece como empleo formal, “no trabaja”.
Entonces ojo. A veces la etiqueta no solo es injusta, también es inexacta.
Por qué la etiqueta estigmatiza (y por qué eso importa para ubicarlos)
Cuando una política pública parte de la idea de que el joven “no hace nada”, lo que sigue es casi automático:
- Se asume que “no quiere”.
- Se diseña un programa para “motivarlo”.
- Se crea un curso rápido, con cupos limitados.
- Se mide éxito por asistencia, no por cambio real.
- El joven no se sostiene.
- Se concluye: “¿ve? no sirve”.
Y se repite el ciclo.
El estigma no es solo una palabra fea. Es una barrera concreta. Hace que los jóvenes eviten instituciones, que sientan vergüenza de pedir ayuda, que no confíen en ofertas del Estado, que no se registren.
Si lo que queremos es ubicarlos, el primer paso es que no se quieran esconder.
Cómo “ubicarlos” sin perseguirlos: 4 formas de ver el mapa real
Ubicar no es “censar y ya”. Ubicar es entender trayectorias. Saber por qué se desconectaron. Y qué tendría que pasar para que se reconecten.
1) Mirar el territorio, no solo la base de datos
Las bases ayudan, obvio. Pero Bogotá no se entiende solo desde un Excel.
En cada localidad hay zonas donde el “ni-ni” es más bien “ni-sistema”. Jóvenes que no están en rutas institucionales porque:
- Cambian de casa seguido.
- No tienen documentos al día.
- Están cuidando a alguien.
- Están trabajando informalmente.
- Están en economías ilegales o cerca de ellas, sin que eso signifique que “ya se perdieron”.
Ubicarlos empieza por lo simple: presencia en territorio, con equipos que conozcan el barrio y que no lleguen como operativos.
2) Entender que muchos sí trabajan, pero nadie lo cuenta como trabajo
Un error típico es confundir “no empleo formal” con “no trabajo”.
Reparten domicilios sin contrato, venden en la calle, hacen uñas, arreglan motos, cuidan niños, hacen vueltas, trabajan por días. Todo eso existe. Y mucho.
Entonces una política de empleabilidad que solo ofrece vacantes formales y ya, se queda corta. Porque el salto de informalidad total a formalidad inmediata no siempre es posible.
Se necesita transición. Acompañamiento. Y reconocimiento.
3) La puerta de entrada casi siempre es alguien de confianza
Muchos jóvenes no van a ir a “la oficina” a preguntar por oportunidades. No por pereza, sino por desconfianza, por experiencias malas, por sentirse juzgados.
Por eso funciona mejor cuando la entrada es a través de:
- redes comunitarias
- líderes barriales
- docentes y orientadores
- gestores culturales y deportivos
- programas de mujer y familia
- organizaciones juveniles
No es romanticismo. Es realidad. La confianza es infraestructura.
4) Cruzar señales tempranas, no esperar a que “desaparezcan”
Si un joven deja de ir al colegio, si repite varios años, si tiene ausentismo, si hay señales de violencia intrafamiliar, si hay consumo problemático, si hay depresión. Todo eso son alertas.
El problema es que muchas veces el sistema espera a que el joven ya esté totalmente desconectado para recién ahí “intervenir”. Y ahí es más caro, más difícil y más doloroso.
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Las causas no son una sola cosa: es una mezcla (y cambia por localidad)
Hay un impulso muy de adulto de buscar “la razón”. Como si fuera una.
En la práctica casi siempre es combinación:
- pobreza y presión económica en casa
- abandono escolar por necesidad de ingresos
- violencia en el hogar
- maternidad/paternidad temprana sin apoyo
- baja calidad educativa y desconexión con el mundo real
- falta de rutas de salud mental
- miedo a moverse por fronteras invisibles o violencia territorial
- frustración acumulada por rechazo laboral
- discriminación por apariencia, barrio, acento, color de piel, género
Y sí. A veces también hay desmotivación. Pero la desmotivación también tiene historia. Nadie se desmotiva en el vacío.
Qué hacer desde política pública sin caer en “cursos para entretener”
Voy a decirlo así: llenar salones con talleres no es una estrategia. Es una foto.
Si la meta es reconectar a jóvenes con educación, empleo o formación, hay cosas que sí funcionan cuando se hacen en serio.
1) Rutas flexibles, no un solo camino
No todos van a volver al colegio tradicional. Y no todos están listos para un empleo formal inmediato.
Rutas posibles:
- validación del bachillerato con horarios reales
- formación técnica corta conectada a demanda local
- pasantías pagas (pagas de verdad)
- empleo de transición con mentoría
- apoyo a emprendimientos populares con acompañamiento, no solo capital semilla
- programas para jóvenes cuidadores (porque existen, y muchos)
La palabra clave es “flexible”. Sin esa flexibilidad, el programa selecciona a los más fáciles, no a los que más lo necesitan.
2) Incentivos que no sean humillantes
Los apoyos económicos sirven. Pero deben diseñarse sin convertir al joven en sospechoso.
Si cada paso está lleno de trámites imposibles, filas, certificados, formatos, la política expulsa.
Un incentivo decente:
- simple de entender
- fácil de reclamar
- con seguimiento humano
- con metas realistas
- con una lógica de permanencia, no de castigo
3) Salud mental integrada, no “remisiones” eternas
Esto es clave. Muchos jóvenes están bloqueados por ansiedad, depresión, duelos, consumo, violencia. Y el Estado les ofrece una cita en dos meses.
Si queremos resultados, salud mental tiene que estar dentro del programa, con acceso rápido, con acompañamiento, con intervención comunitaria.
No para “diagnosticarlos”. Para sostenerlos. Este enfoque debe considerar la información disponible en documentos como el OT-Control-Adolescente y las recomendaciones del LGPSACDII que ofrecen pautas sobre el cuidado y control adolescente.
4) Cuidado infantil para jóvenes madres y padres
Hay jóvenes, sobre todo mujeres, que no estudian ni trabajan porque están criando. Punto.
Si no hay:
- cupos de cuidado
- horarios extendidos
- apoyo de lactancia
- acompañamiento psicosocial
- acceso a formación cerca de casa
entonces no hay programa que funcione. No es falta de ganas. Es logística de vida.
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Lenguaje: cómo hablar del tema sin destruir el puente
Esto parece detalle, pero es parte del diseño.
Evitar frases como:
- “no hacen nada”
- “no les gusta trabajar”
- “generación perdida”
- “hay que rescatarlos”
- “son un problema”
Y reemplazar por algo más exacto:
- jóvenes desconectados de educación y empleo
- jóvenes en transición
- jóvenes con barreras de acceso
- jóvenes fuera del sistema educativo y laboral formal
- jóvenes cuidadores
- jóvenes en informalidad
Lo que se nombra, se trata. Y lo que se trata mal, no se transforma.
Entonces, cómo ubicarlos en Bogotá, paso a paso (sin estigma)
Un esquema simple, pero realista:
- Mapeo territorial por microzonas, con datos y con presencia comunitaria. No solo localidad, también UPZ, barrios, corredores.
- Puertas de entrada confiables: colegios, casas de juventud, bibliotecas, organizaciones culturales, equipos de mujer y familia.
- Registro amable, con enfoque de derechos, sin “interrogatorio”. Explicar para qué se usa la información y qué gana el joven con registrarse.
- Diagnóstico corto y humano: ¿qué barrera pesa más hoy? documentos, cuidado, salud mental, transporte, violencia, deuda, consumo, falta de experiencia.
- Ruta personalizada, con opciones. Y con alguien responsable del caso, no un “vuelva luego”.
- Seguimiento con contacto real: WhatsApp, llamadas, visitas puntuales. El seguimiento no es para regañar, es para sostener.
- Medición de permanencia y bienestar, no solo de inscripción.
Si en algún punto se siente como vigilancia, ya fracasó. Si se siente como oportunidad y respeto, ahí sí.
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Un apunte político, sin rodeos
En campaña se usa mucho el tema de juventud como eslogan. “Los jóvenes son el futuro”. Y ya.
Pero cuando miras el presupuesto, la oferta real, los cupos, el acceso a salud mental, el transporte, el acompañamiento. Ahí es donde se ve si era frase o compromiso.
Bogotá necesita una estrategia que no trate a los jóvenes como cifra ni como amenaza. Y que conecte los ejes: educación, empleo, seguridad, salud mental, cultura, cuidado. Todo junto, porque así es la vida.
En el sitio de Claudia Romero Cámara hay varias líneas de trabajo relacionadas con niñez, población vulnerable, territorios, seguridad e igualdad. Si te interesa seguir propuestas y avances sobre este tipo de temas en Bogotá, puedes pasar por el blog en https://claudiaromero.co/ y revisar los ejes programáticos. Sin ruido. Con contenido.
Cierre: el objetivo no es “corregir jóvenes”, es abrir caminos
Los “ni-ni” no son una categoría moral. Son una alerta del sistema.
Cuando un joven no estudia ni trabaja, puede ser que esté cansado, sí. Puede ser que esté perdido. Pero también puede ser que esté sobreviviendo. O cuidando. O deprimido. O atrapado en un barrio donde moverse cuesta.
Ubicarlos sin estigmatizar es esto: mirar con precisión, hablar con respeto, diseñar con empatía, y ejecutar con presencia.
Y sobre todo, entender que reconectar no es un evento. Es un proceso. A veces lento. A veces con retrocesos. Pero posible.
Si Bogotá lo hace bien, no solo cambia la vida de esos jóvenes. Cambia la ciudad completa.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa realmente el término “ni-ni” y por qué es importante entenderlo correctamente?
El término “ni-ni” se refiere a jóvenes que ni estudian ni trabajan, pero es importante entender que no es una identidad fija, sino un estado temporal que puede variar según el contexto. No todos los jóvenes etiquetados como “ni-ni” están inactivos; algunos trabajan informalmente o enfrentan situaciones complejas como cuidados familiares o problemas de salud mental.
¿Por qué la etiqueta “ni-ni” puede ser estigmatizante y cómo afecta a los jóvenes?
La etiqueta “ni-ni” suele cargar con prejuicios que asumen que el joven no quiere hacer nada, lo cual genera programas mal diseñados y refuerza barreras. Este estigma provoca que muchos jóvenes eviten instituciones, sientan vergüenza de pedir ayuda y desconfíen de las ofertas del Estado, dificultando su inclusión y apoyo efectivo.
¿Cómo podemos ubicar a los jóvenes “ni-ni” sin tratarlos como un bloque uniforme?
Ubicar a estos jóvenes implica entender sus trayectorias individuales y contextos específicos. Es fundamental mirar el territorio, conocer las realidades del barrio, evitar abordajes operativos y reconocer factores como movilidad frecuente, falta de documentos, responsabilidades familiares o trabajo informal que influyen en su desconexión con el sistema.
¿Cuál es la diferencia entre no tener empleo formal y no trabajar para los jóvenes considerados “ni-ni”?
No tener empleo formal no significa que un joven no trabaje. Muchos realizan actividades económicas informales como repartir domicilios sin contrato, vender en la calle o cuidar personas, que no son reconocidas oficialmente pero representan un esfuerzo laboral significativo.
¿Qué errores comunes se cometen al diseñar políticas públicas para los jóvenes “ni-ni”?
Un error común es asumir que estos jóvenes simplemente no quieren participar, lo que lleva a crear programas motivacionales limitados, medir éxito sólo por asistencia y concluir erróneamente que las iniciativas no funcionan. Esto perpetúa el ciclo de exclusión sin abordar las causas reales de su situación.
¿Por qué es esencial dejar de usar la etiqueta “ni-ni” como una forma simplista para entender a estos jóvenes?
Porque usar la etiqueta de forma simplista invisibiliza las complejidades individuales y contextuales que enfrentan estos jóvenes. Reconocer sus diversas circunstancias permite diseñar intervenciones más justas y efectivas, evitando culparlos injustamente y facilitando su verdadera inclusión social y laboral.
