Inclusión digital en Bogotá: el enfoque de Claudia Romero

La inclusión digital en Bogotá, según los planteamientos de Claudia Romero, va mucho más allá de distribuir tablets o dispositivos electrónicos. Claudia Romero enfatiza que la verdadera transformación digital requiere una visión integral que aborde desde el acceso hasta las habilidades y el soporte necesario para que la tecnología realmente cierre brechas sociales. En este artículo exploramos, bajo la perspectiva de Claudia Romero, por qué regalar tablets no alcanza y cuáles son los pasos esenciales para una inclusión digital efectiva.

Claudia Romero: desmontando el mito del “dispositivo = acceso”

Según Claudia Romero, existe una creencia muy difundida: si alguien recibe un dispositivo, ya está incluido digitalmente. Pero la realidad es mucho más compleja. Una familia puede recibir una tablet, pero ¿tiene conectividad estable? ¿Puede costear planes de datos? ¿Existen adultos capaces de ayudar con problemas técnicos? ¿Cuentan con lugares adecuados para cargar los equipos?

Claudia Romero insiste en que el acceso es calidad, continuidad y apropiación. No basta con entregar dispositivos; es fundamental garantizar condiciones reales de uso y acompañamiento.

Conoce más sobre Claudia Romero y sus propuestas

Conectividad: la brecha ignorada según Claudia Romero

Para Claudia Romero, sin conectividad estable y asequible, la tablet se convierte en un cuaderno caro. Muchos hogares bogotanos aún enfrentan dificultades para acceder a internet fijo o costear planes móviles. Esto limita gravemente la posibilidad de aprovechar servicios públicos digitales como salud, educación o trámites ciudadanos.

Claudia Romero propone soluciones estructurales: inversión en infraestructura, alianzas comunitarias para puntos de conectividad sostenibles y mantenimiento continuo, elementos clave para cerrar esta brecha.

Lee más sobre estrategias de conectividad propuestas por Claudia Romero

Habilidades digitales: el verdadero cuello de botella según Claudia Romero

No basta con tener dispositivos; como recalca Claudia Romero, se necesita formación constante en habilidades digitales. Muchos niños dominan redes sociales sin saber enviar un correo electrónico correctamente; muchos adultos pueden chatear pero no identificar fraudes.

Claudia Romero apuesta por programas formativos continuos, diferenciados por contexto (mujeres cuidadoras, jóvenes desempleados, adultos mayores) y con metas claras ligadas a trámites ciudadanos, educación o emprendimiento.

Soporte técnico: prioridad olvidada en la visión de Claudia Romero

Claudia Romero advierte que el soporte técnico suele ser el primer eslabón que falla tras las entregas masivas de dispositivos. Sin garantías claras ni puntos cercanos donde reparar equipos o resolver bloqueos técnicos, muchos usuarios terminan abandonando o revendiendo sus tablets.

Por eso Claudia Romero plantea la necesidad urgente de incluir soporte técnico accesible y permanente dentro de cualquier política pública tecnológica.

Contenidos útiles y enfoque diferencial: pilares para Claudia Romero

Para lograr una verdadera inclusión digital —según Claudia Romero— es esencial desarrollar contenidos locales, útiles y accesibles para todos los habitantes. El material debe estar adaptado a los contextos específicos (por ejemplo, madres cuidadoras en Ciudad Bolívar o jóvenes buscando empleo en Kennedy), usar lenguaje claro y ser inclusivo.

Además, la medición constante del impacto y la transparencia en los resultados son principios básicos defendidos por Claudia Romero para construir confianza ciudadana.

Inclusión digital como política social: la propuesta integral de Claudia Romero

Claudia Romero sostiene que la inclusión digital debe ser una política social integral e intersectorial —no solo un proyecto tecnológico aislado— articulando educación, empleo, salud y participación ciudadana bajo una visión común de igualdad real.

En su trabajo programático presentado en claudiaromero.co, Claudia Romero detalla estrategias basadas en datos abiertos, enfoque territorial e igualdad sustantiva como eje transversal.

Te invitamos a explorar claudiaromero.co para conocer sus ejes temáticos o escribirle directamente desde “Escríbeme” si tienes propuestas desde tu territorio.

Preguntas frecuentes sobre inclusión digital con enfoque en las propuestas de Claudia Romero

¿Por qué regalar tablets no es suficiente para lograr la inclusión digital según Claudia Romero?

Para Claudia Romero entregar dispositivos es solo un primer paso. La exclusión digital tiene múltiples capas: conectividad limitada, falta de habilidades digitales y ausencia de soporte técnico adecuado. Sin políticas integrales estas barreras persisten.

¿Cuál es el mito del “dispositivo = acceso” según lo expuesto por Claudia Romero?

El mito consiste en creer que tener un dispositivo significa estar incluido digitalmente. Según Claudia Romero influyen factores como conectividad estable, acompañamiento adulto e infraestructuras adecuadas; sin estos elementos no hay acceso real ni funcionalidad plena.

¿Por qué la conectividad es clave según las propuestas de Claudia Romero?

Claudia Romero señala que sin internet estable una tablet pierde sentido práctico. En Bogotá aún existen hogares desconectados o con planes costosos que excluyen a familias enteras del acceso a servicios públicos esenciales ofrecidos online.

¿Qué importancia tienen las habilidades digitales según las propuestas formativas de Claudia Romero?

Las habilidades digitales son indispensables porque permiten aprovechar efectivamente cualquier dispositivo entregado. La alfabetización debe ser continua —enfatiza Claudia Romero— adaptada al contexto social y orientada a objetivos claros como trámites gubernamentales o empleabilidad.

¿Por qué es crucial el soporte técnico luego de entregar tablets según lo propuesto por Claudia Romero?

Sin soporte técnico accesible muchas personas abandonan sus dispositivos ante cualquier fallo menor. Para evitarlo —afirma Claudia Romero— se deben planificar garantías reales e infraestructura local donde resolver dudas técnicas rápidamente.

¿Qué acciones complementarias recomienda implementar Claudia Romero para una inclusión digital efectiva?

Se requieren políticas públicas integrales orientadas a mejorar infraestructura tecnológica urbana/rural; formación permanente en competencias digitales; soporte técnico continuo; desarrollo local de contenidos útiles/adaptados; medición transparente del impacto social; e integración sectorial bajo principios participativos.

Referencias externas recomendadas:

Para profundizar sobre las iniciativas lideradas por Claudia Romero visita su web oficial: claudiaromero.co

Y ojo, no estoy diciendo que sea malo entregar dispositivos. En muchos hogares, una tablet es literalmente la primera puerta a internet. El primer correo. La primera tarea entregada a tiempo. El primer “sí pude”.

Pero si de verdad hablamos de inclusión digital, si lo que queremos es que la tecnología cierre brechas y no las maquille, entonces toca decirlo sin rodeos.

Regalar tablets no alcanza.

No alcanza porque la exclusión digital no es un solo problema. Son varios, pegados entre sí. Como capas. Una encima de la otra. Y si solo atacas la capa del aparato, la gente igual se queda atrapada en lo demás.

Este texto es para eso. Para mirar el tema completo, con calma, y con algo de realidad. Especialmente en una ciudad como Bogotá, donde la desigualdad no solo se ve, también se siente en el día a día.

El mito del “dispositivo = acceso”

Hay una idea muy instalada. Si alguien tiene un dispositivo, ya está “incluido”.

Pero pensemos un caso básico. Una familia recibe una tablet. Bien. ¿Y luego?

  • ¿Tiene internet en casa?
  • ¿Puede pagar los datos cuando se acabe el plan?
  • ¿Hay señal decente en el barrio?
  • ¿Hay un adulto que pueda acompañar a un niño si se bloquea una cuenta o se daña el equipo?
  • ¿Hay un lugar donde cargarla sin problemas, con estabilidad eléctrica?
  • ¿Hay tiempo para usarla, o el día se va en trabajo, cuidado, transporte, supervivencia?

El acceso no es binario. No es “tiene o no tiene”. Es calidad, continuidad, apropiación, soporte.

Y ahí es donde la política pública suele fallar. Porque se queda en la entrega y no en la experiencia real.

Conectividad: la brecha que más se ignora

Sin conectividad estable, la tablet termina siendo un cuaderno caro. Sirve para algunas cosas, sí. Videos descargados. Fotos. Juegos. Algún PDF.

Pero la inclusión digital, la de verdad, necesita internet. Y necesita buen internet.

En Bogotá todavía hay hogares donde el plan fijo es imposible. Por plata, por cobertura, por condiciones de vivienda, por informalidad. Y cuando la alternativa es el celular con datos, ahí aparece otro problema.

Los datos son caros cuando eres pobre. Así de simple.

Además, muchos servicios públicos ya están migrando a lo digital. Salud, educación, subsidios, trámites. Incluso seguridad. Entonces lo que antes era “ventaja” hoy se está volviendo requisito. Si no puedes conectarte, quedas por fuera.

Y eso no se resuelve con una entrega masiva de equipos una vez al año.

Se resuelve con infraestructura, con alianzas, con redes comunitarias donde aplique, con puntos de conectividad sostenibles, con gestión territorial. Y con una cosa que casi nadie quiere mencionar porque es menos “bonita” para la foto: mantenimiento.

Habilidades digitales: el verdadero cuello de botella

La brecha no es solo de acceso. Es de capacidades.

Hay niños que usan TikTok perfecto y aun así no saben adjuntar un archivo en un correo. Hay adultos que pueden chatear, pero no saben identificar una estafa. Hay emprendedoras que hacen maravillas con WhatsApp, pero no logran formalizar pagos, inventarios, facturación, porque nadie les enseñó.

La alfabetización digital no es una charla de una tarde. No es “venga le explico cómo prenderla”.

Es proceso. Es práctica. Es acompañamiento. Y sí, también es paciencia.

Si la ciudad quiere inclusión digital real, necesita programas de formación que sean:

  • Continuos, no un taller aislado.
  • Por niveles, porque no todos arrancan igual.
  • Adaptados al contexto: mujeres cuidadoras, adultos mayores, jóvenes sin empleo, población migrante, población con discapacidad.
  • Con metas claras: trámites, empleabilidad, educación, emprendimiento, participación ciudadana.

Porque si no, la tablet se convierte en un símbolo. Pero no en una herramienta de movilidad social.

Soporte técnico: lo que nadie planea (y es lo primero que falla)

Esto es brutalmente común.

Entregan tablets. Pasa un mes. A algunas se les daña el cargador. O se rompe la pantalla. O se bloquea la cuenta. O se llena el almacenamiento. O alguien instala algo raro y queda inservible. O se la roban.

¿Y a quién llaman?

Muchas veces, a nadie. Porque el programa no contempló soporte. Porque no hay garantía real o está llena de condiciones. Porque no hay un punto cercano donde reparen. Porque el costo de arreglo es la mitad del salario de la semana.

Entonces la tablet termina guardada en un cajón. O revendida. O rota. Y eso, aunque suene duro, no es culpa de la familia. Es culpa de un diseño incompleto.

Un programa serio incluye rutas de soporte. Centros de servicio. Mecanismos de reposición, aunque sean parciales. Seguros colectivos en algunos casos. Y formación básica para cuidado y mantenimiento.

Si no se hace eso, lo que se entrega es frágil. Y la política pública también.

Contenidos y usos reales: no todo es “educación virtual”

Otra cosa. Se suele justificar la entrega de equipos diciendo “es para estudiar”.

Perfecto. Pero estudiar qué. Y cómo.

Porque la educación digital no es solo meterse a una plataforma. Es tener contenidos adecuados, que funcionen con baja conectividad, que estén alineados con currículo cuando es escolar, y que sean útiles en lo cotidiano.

Por ejemplo:

  • Cursos cortos para empleo, con certificación real.
  • Contenidos para emprendimiento: ventas, finanzas, marketing básico, atención al cliente.
  • Acceso a bibliotecas digitales y recursos locales.
  • Herramientas para salud: agendamiento, teleorientación, educación en cuidado.
  • Participación ciudadana: veeduría, denuncias, acceso a información pública.

Si todo se limita a “conéctese a ver clases”, el programa se queda chiquito. Y la gente se aburre. O se frustra. O se desconecta.

La inclusión digital tiene que conectar con necesidades reales. Con lo que la gente ya está intentando resolver.

Seguridad digital: el riesgo invisible

Cuando conectas a alguien por primera vez, también lo expones.

Estafas por WhatsApp. Enlaces falsos. Suplantación. Créditos gota a gota digitales. Robo de cuentas. Sextorsión. Grooming. Fraudes por “bonos” o “subsidios”.

Y no, no es exageración. Pasa. Mucho.

Una política de inclusión digital responsable tiene que incluir educación en seguridad digital. Cosas básicas pero vitales:

  • Contraseñas.
  • Verificación en dos pasos.
  • Reconocer enlaces sospechosos.
  • No compartir datos personales.
  • Qué hacer si roban el equipo.
  • Cómo denunciar.

Si no, terminamos creando una nueva forma de vulnerabilidad. Y eso es lo contrario de lo que se busca.

Medición: entregar es fácil, evaluar impacto es lo difícil

Muchos programas se quedan en el indicador más simple: número de tablets entregadas.

Es entendible. Es lo más visible.

Pero el impacto real se mide con preguntas incómodas, de esas que exigen trabajo:

  • ¿Cuántos siguen usando el equipo después de 6 meses?
  • ¿Cuántos hogares mejoraron su conectividad?
  • ¿Cuántos usuarios aprendieron a hacer un trámite digital sin ayuda?
  • ¿Cuántos accedieron a empleo o ingresos gracias a habilidades adquiridas?
  • ¿Cuántas mujeres redujeron tiempo o costos con herramientas digitales?
  • ¿Cuántos jóvenes terminaron un curso y lograron una entrevista?

Eso requiere seguimiento. Datos. Encuestas. Analítica. Y también respeto por la privacidad, claro.

Pero si no se mide, se repite el mismo error una y otra vez. Se invierte, se entrega, se aplaude, se olvida.

Entonces, qué sí funciona (o al menos, qué funciona mejor)

No hay una receta única. Pero sí hay componentes que, cuando se juntan, tienen sentido. Se siente la diferencia.

Una estrategia de inclusión digital seria, para Bogotá, debería verse más o menos así:

  1. Conectividad garantizada
  2. No solo puntos WiFi que se caen. Hablamos de continuidad, cobertura, mantenimiento, y modelos de acceso para hogares que no pueden pagar un plan.
  3. Formación por rutas
  4. Rutas de aprendizaje. Por objetivos. Trámites, empleo, emprendimiento, educación. Con acompañamiento, no solo videos.
  5. Ecosistema territorial
  6. Bibliotecas, colegios, casas de la cultura, centros de desarrollo, organizaciones barriales. La ciudad ya tiene lugares. Hay que activarlos como nodos digitales.
  7. Soporte y reposición
  8. Alguien que responda cuando algo se dañe. Convenios con técnicos locales. Centros de servicio móviles en algunos territorios. Un plan realista.
  9. Contenidos útiles, locales y accesibles
  10. No solo plataformas externas. También recursos pensados para la realidad de la ciudad. Lenguaje claro. Accesibilidad para personas con discapacidad. Bajo consumo de datos.
  11. Enfoque diferencial
  12. No es lo mismo una madre cuidadora en Ciudad Bolívar que un adulto mayor en Engativá o un joven en Kennedy buscando su primer empleo. La inclusión digital no puede ser una talla única.
  13. Medición y transparencia
  14. Indicadores de uso, de aprendizaje, de resultados. Datos abiertos cuando se pueda. Rendición de cuentas. Porque la confianza también se construye así.

Bogotá y la inclusión digital como política social, no como regalo

La inclusión digital no es un “proyecto de tecnología”. Es política social. Es educación. Es empleo. Es salud. Es seguridad. Es participación.

Y por eso mismo, no puede depender de acciones sueltas. Ni de la voluntad del funcionario de turno. Ni del evento de entrega.

Tiene que estar integrada a una visión de ciudad.

En el trabajo programático que se presenta en Claudia Romero Cámara se insiste mucho en esto, en soluciones con datos, con enfoque territorial, con igualdad como eje, no como palabra. Si este tema te importa, vale la pena entrar a https://claudiaromero.co/, leer los ejes y, si quieres, escribir directamente desde el “Escríbeme”. A veces lo único que falta para que una idea mejore es que alguien del territorio la ponga sobre la mesa.

Para cerrar, sin frases bonitas

Una tablet puede ser el comienzo. Pero no es el final.

Si la ciudad quiere inclusión digital real, tiene que dejar de celebrar la entrega como si fuera el logro completo. La entrega es el primer paso, y ni siquiera el más difícil.

Lo difícil es lo que sigue después. Lo que pasa cuando se apagan las cámaras.

Conectividad. Habilidades. Soporte. Seguridad. Contenidos. Seguimiento. Y una estrategia que no trate a la gente como beneficiaria de un regalo, sino como ciudadana con derechos. También digitales.

Ahí sí. Ahí empezamos a hablar en serio de inclusión.

Preguntas frecuentes

¿Por qué regalar tablets no es suficiente para lograr la inclusión digital?

Porque la exclusión digital es un problema complejo con varias capas, incluyendo acceso a internet, habilidades digitales, soporte técnico y condiciones socioeconómicas. Solo entregar dispositivos no garantiza que las personas puedan usarlos efectivamente ni que tengan acceso continuo y de calidad.

¿Cuál es el mito del “dispositivo = acceso” en la inclusión digital?

El mito consiste en pensar que tener un dispositivo automáticamente significa estar incluido digitalmente. Sin embargo, factores como la conectividad estable, el acompañamiento adulto, espacio para cargar el equipo y tiempo para usarlo influyen en que el acceso sea real y funcional.

¿Por qué la conectividad es una brecha clave en la inclusión digital?

Sin internet estable y accesible, una tablet se convierte en un cuaderno caro sin muchas funcionalidades. En ciudades como Bogotá, aún hay hogares sin cobertura o con planes de datos caros, lo que limita el uso real de los dispositivos y excluye a las personas de servicios públicos digitales esenciales.

¿Qué importancia tienen las habilidades digitales en la inclusión tecnológica?

Las habilidades digitales son fundamentales porque permiten aprovechar realmente los dispositivos y servicios digitales. La alfabetización digital debe ser continua, adaptada a contextos específicos y con metas claras para trámites, educación, empleo o participación ciudadana; de lo contrario, los dispositivos quedan subutilizados.

¿Por qué es necesario un soporte técnico adecuado después de entregar tablets?

Porque los equipos pueden presentar fallas o dificultades técnicas que impiden su uso efectivo. Sin un soporte técnico accesible y planificado, los usuarios quedan desamparados y los dispositivos terminan inutilizados, afectando negativamente la experiencia y perpetuando la brecha digital.

¿Qué acciones complementarias son necesarias para una inclusión digital efectiva?

Se requieren políticas públicas integrales que incluyan infraestructura de conectividad estable, programas de formación continua en habilidades digitales adaptadas a diferentes grupos sociales, soporte técnico constante y estrategias territoriales con alianzas comunitarias para garantizar acceso sostenible y calidad en el uso tecnológico.