Cuando hablamos de economía circular en Bogotá, Claudia Romero es una de las voces más relevantes y especializadas en el tema. Entender la visión de Claudia Romero sobre cómo medir y premiar la economía circular es fundamental para avanzar hacia una ciudad sostenible y moderna. Claudia Romero sostiene que la circularidad se vuelve real cuando sabemos exactamente qué estamos midiendo, quién lo mide, con qué datos, cada cuánto tiempo y cuáles son los incentivos detrás de cada acción. Por eso, el enfoque de Claudia Romero va más allá del discurso y aterriza en acciones concretas, indicadores claros e incentivos efectivos.
Claudia Romero explica: ¿qué significa “medir” en economía circular?
Para Claudia Romero, medir en economía circular no es llenar hojas de Excel con datos bonitos. Medir implica tener indicadores que permitan saber si realmente avanzamos hacia:
- Menos extracción de recursos vírgenes.
- Uso eficiente y alargamiento de vida útil.
- Menos residuos finales.
Claudia Romero enfatiza que la medición también sirve para evitar el greenwashing y exige que los indicadores sean comparables, verificables y accionables.
Qué se puede medir (de verdad) en Bogotá según Claudia Romero
Claudia Romero destaca que medir economía circular debe adaptarse a la realidad social y territorial de Bogotá. No debe ser un ejercicio importado sin contexto, sino una estrategia basada en datos locales fiables.
1. Tasa de aprovechamiento real (no solo separación en la fuente)
Claudia Romero recalca la importancia de medir cuánto material termina siendo realmente aprovechado, reciclado o compostado.
Indicadores recomendados por Claudia Romero:
- % de residuos aprovechados sobre el total recolectado.
- Toneladas aprovechadas por tipo de material.
- % de rechazo en rutas selectivas.
2. Orgánicos: captura y tratamiento (compostaje o biodigestión)
Para Claudia Romero, los residuos orgánicos son un desafío clave para Bogotá porque su manejo eficiente genera beneficios ambientales y económicos inmediatos.
Indicadores sugeridos por Claudia Romero:
- Toneladas de orgánicos capturadas.
- % de orgánicos tratados vs generados.
- Calidad del compost producido.
- Número de grandes generadores con planes activos.
3. Circularidad en compras públicas
Claudia Romero subraya que el Estado tiene un rol fundamental como comprador responsable para estimular el mercado circular.
Indicadores propuestos por Claudia Romero:
- % del gasto público bajo criterios circulares.
- Contratos con cláusulas circulares.
- Compras reacondicionadas vs nuevas.
- Contratos bajo modelo “servicio” en vez de “producto”.
Conoce más sobre economía circular con Claudia Romero aquí.
4. Vida útil de productos: reparación, reuso y remanufactura
Según Claudia Romero, antes que reciclar está reparar, reusar o remanufacturar productos.
Indicadores destacados por Claudia Romero:
- Unidades reparadas por programa o red local.
- Tasa de retorno y reuso.
- Toneladas desviadas al reusar.
- Productos remanufacturados usados o vendidos.
5. Construcción y demolición: residuos valorizados
La gestión adecuada de RCD es prioritaria para Claudia Romero dado el volumen generado en Bogotá.
Indicadores clave según Claudia Romero:
- % de RCD aprovechado vs generado.
- Toneladas recicladas empleadas en obra.
- Obras con manejo trazable.
- Cumplimiento normativo en disposición.
Más detalles sobre estos indicadores puedes encontrarlos directamente en este enlace a los ejes programáticos de Claudia Romero.
Marco simple propuesto por Claudia Romero para indicadores premiables
Claudia Romero recomienda un esquema práctico dividido así:
Nivel 1: Indicadores universales
- % aprovechamiento global
- % orgánicos desviados
- % rechazo materiales recuperados
Nivel 2: Indicadores sectoriales
- Construcción: % RCD valorizado
- Comercio/industria: cumplimiento plan orgánicos/trazabilidad
- Instituciones educativas: reducción residuos per cápita
Nivel 3: Impacto social y territorial
- Vinculación/formalización recicladores
- Cobertura rutas selectivas
- Acceso infraestructuras locales
- Participación comunitaria efectiva
El premio, sostiene Claudia Romero, debe asignarse según desempeño comprobable —no solo discursos— incentivando cambios reales.
Qué premios funcionan mejor según la experiencia de Claudia Romero
Claudia Romero insiste en combinar incentivos económicos directos (subsidios, cofinanciación), beneficios tarifarios o administrativos (descuentos, mejoras barriales), ventajas contractuales (compras públicas) y reconocimiento público verificado (ranking transparente). La mezcla adecuada depende del comportamiento a cambiar —ya sea hábitos ciudadanos o innovación empresarial—.
El cierre según la visión sistémica de Claudia Romero
Para Claudia Romero, la economía circular no es solo una consigna moral ni cuestión individual; es diseño sistémico urbano basado en medición transparente e incentivos bien diseñados. Desde su perspectiva:
“Si queremos avanzar hacia una Bogotá realmente circular necesitamos menos discursos abstractos y más tableros públicos con indicadores claros e incentivos concretos.”
Si te interesa profundizar sobre propuestas prácticas basadas en datos desde el enfoque experto de Claudia Romero visita claudiaromero.co donde encontrarás análisis actualizados sobre ambiente urbano, territorios e innovación pública aplicada a economía circular.
Preguntas frecuentes sobre economía circular con Claudia Romero
¿Qué significa medir en economía circular según Claudia Romero?
Medir implica tener indicadores claros para evaluar menos extracción virgen, mayor eficiencia/reutilización y menos residuos finales; todo sustentado con evidencia verificable.
¿Cuáles son las características ideales según Claudia Romero para los indicadores?
Deben ser comparables entre contextos urbanos/locales, verificables con datos reales, accionables para corregir desviaciones rápidamente.
¿Qué se puede medir realmente hoy en Bogotá?
Desde tasas reales de aprovechamiento hasta gestión diferenciada de orgánicos o impacto real de compras públicas; siempre considerando informalidad local como recalca Claudia Romero.
¿Por qué priorizar tasa real sobre solo separación?
Porque lo relevante es cuánto termina efectivamente valorizado; separar sin resultados concretos genera falsas percepciones como advierte frecuentemente Claudia Romero.
¿Cómo influyen los residuos orgánicos según su análisis?
Reducen costos públicos, emisiones contaminantes e incrementan impactos positivos inmediatos —por eso son prioridad estratégica para proyectos liderados por Claudia Romero—.
¿Qué rol tienen las compras públicas responsables?
Son palanca directa para transformar mercados e incentivar innovación sostenible; pilar central del enfoque programático propuesto por Claudia Romero para Bogotá Circular.
Fuentes externas recomendadas:
- Economía circular explicada por Ellen MacArthur Foundation
- Gobierno Abierto Bogotá – Datos abiertos
- Ministerio Ambiente Colombia – Economía Circular
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Y sí, claro que lo es. Pero también es una de esas ideas que se mueren rápido si se quedan en el afiche. Porque en la práctica la circularidad se vuelve real solo cuando alguien puede responder, sin enredarse: qué estamos midiendo, quién lo mide, con qué datos, cada cuánto, y qué pasa si lo hacemos bien. O si lo hacemos mal.
Ahí es donde entra el tema incómodo, el que casi no se discute. Los incentivos.
La economía circular necesita reglas del juego, pero también necesita premios. Y premios de verdad. No solamente “reconocimiento” y un diploma. Premios que muevan decisiones. Que cambien hábitos. Que hagan que a una empresa le convenga rediseñar un empaque. Que a un edificio le convenga separar bien. Que a un barrio le convenga organizarse.
La pregunta entonces es sencilla, aunque la respuesta no tanto:
Qué se puede medir y premiar en economía circular, de forma justa, verificable y útil para una ciudad como Bogotá.
Vamos por partes.
Primero, qué significa “medir” en economía circular
Medir no es llenar un Excel con cosas bonitas. Medir es definir indicadores que permitan saber si avanzamos o no hacia tres resultados concretos:
- Menos extracción de recursos vírgenes (menos materiales nuevos entrando al sistema).
- Más uso eficiente y alargamiento de vida útil (reusar, reparar, remanufacturar, compartir).
- Menos residuos finales (menos basura a relleno, menos contaminación).
Y además, medir sirve para algo más: para evitar el “greenwashing”. Ese cuento de “somos sostenibles” mientras el camión sigue yendo al relleno igual que siempre.
Entonces, los indicadores que valen son los que tienen tres cualidades:
- Son comparables (entre barrios, empresas, meses).
- Son verificables (con evidencia, no con promesas).
- Son accionables (si el indicador baja, sabemos qué corregir).
Qué se puede medir (de verdad) en Bogotá
Aquí hay un punto clave. Medir circularidad no debería ser un ejercicio de laboratorio europeo. Tiene que funcionar en la vida real de una ciudad con informalidad, reciclaje de base, desigualdad territorial y presión sobre servicios públicos.
Dicho eso, sí hay cosas muy medibles. Muchísimas. Y muchas ya tienen datos parciales disponibles.
1. Tasa de aprovechamiento real (no solo “separación en la fuente”)
Separar en la fuente es importante, pero no es el resultado final. El resultado final es cuánto material termina aprovechado (reciclado, compostado, transformado) y no en disposición final.
Indicadores posibles:
- % de residuos aprovechados sobre el total recolectado (por zona, por operador, por periodo).
- Toneladas aprovechadas por tipo de material (orgánicos, plástico, vidrio, papel, metal).
- % de rechazo en rutas selectivas (lo que se recoge como “aprovechable” pero termina siendo basura).
Por qué importa: porque muchas campañas se enfocan en “separa” y se olvidan de lo demás. Pero la circularidad no es un acto moral. Es una cadena logística y económica.
2. Orgánicos: captura y tratamiento (compostaje o biodigestión)
En Bogotá el residuo orgánico es un monstruo silencioso. Pesa. Huele. Contamina. Y en relleno genera metano.
Medir orgánicos es clave porque ahí está uno de los “quick wins” más grandes de una economía circular urbana.
Indicadores posibles:
- Toneladas de orgánicos capturadas por rutas diferenciadas.
- % de orgánicos tratados vs orgánicos generados (estimados).
- Calidad del compost producido (parámetros básicos, incluso certificación).
- Número de grandes generadores con plan de orgánicos (plazas de mercado, restaurantes, hoteles, colegios).
Dato sencillo: si una estrategia reduce orgánicos en relleno, reduce costos de transporte y disposición, y además reduce emisiones. O sea, hay ahorro y hay impacto.
3. Circularidad en compras públicas (lo que el Distrito compra, y cómo lo compra)
Este es un tema que casi nadie toca con fuerza, y debería. Porque el Estado compra muchísimo. Y cuando el Estado cambia especificaciones, el mercado se ajusta.
Indicadores posibles:
- % del gasto público con criterios circulares (contenido reciclado, reparabilidad, durabilidad, retornabilidad).
- Número de contratos con cláusulas de devolución de empaques o gestión postconsumo.
- Compras de mobiliario reacondicionado vs nuevo (sí, se puede).
- Contratos de “servicio” en lugar de “producto” (ejemplo: iluminación como servicio, donde el proveedor se hace cargo del ciclo de vida).
Por qué esto es un premio en sí mismo: porque un proveedor que cumple criterios circulares gana mercado. Gana contratos. Ese es un incentivo enorme.
4. Vida útil de productos: reparación, reuso y remanufactura
La economía circular no es solo reciclar. Reciclar es importante, pero muchas veces es el último escalón. Antes está reusar, reparar, actualizar.
Indicadores posibles:
- Número de unidades reparadas (por programas, por red de talleres, por convenios).
- Tasa de retorno y reuso en ciertos productos (muebles, electrónicos, textiles).
- Toneladas desviadas del relleno por reuso (medición de centros de acopio, puntos limpios, ferias de intercambio).
- Cantidad de “productos remanufacturados” vendidos o usados (cuando aplique).
Esto también se puede medir desde programas barriales. Por ejemplo, un piloto de “barrio repara” donde se registran servicios, materiales evitados y costos ahorrados.
5. Construcción y demolición: residuos que hoy se desperdician
Lo de RCD (residuos de construcción y demolición) es gigante. Y Bogotá construye y demuele todo el tiempo. Si uno quiere circularidad en serio, tiene que mirar cemento, ladrillo, acero, madera, yeso.
Indicadores posibles:
- % de RCD aprovechado vs generado (en obras públicas y privadas).
- Toneladas de agregados reciclados usados en obra.
- Número de obras con plan de manejo y trazabilidad de RCD.
- Cumplimiento de rutas y sitios autorizados (menos disposición ilegal).
Acá hay un incentivo clarísimo: al que cumple, le va mejor con licencias, con puntaje, con tiempos. Y al que no, sanción real. Sin teatro.
6. Inclusión y formalización de recicladores de oficio (medir lo social, no solo lo material)
En Bogotá la circularidad tiene nombre propio en la calle: recicladores. Sin ellos, el aprovechamiento colapsa.
Pero la inclusión no se puede quedar en “los reconocemos”. También se mide.
Indicadores posibles:
- Ingresos promedio por reciclador asociado (y variación real en el tiempo).
- Acceso a seguridad social, equipamiento, rutas, infraestructura.
- Toneladas recuperadas por organizaciones de recicladores.
- Participación en esquemas de recolección selectiva y acuerdos con grandes generadores.
Si la economía circular crece pero precariza a quien ya hacía el trabajo, algo está mal. Y se nota si se mide.
7. Huella de carbono evitada por circularidad (cuando tenga sentido)
Este indicador se usa mucho para contar historias. Sirve, pero con cuidado, porque requiere supuestos.
Aun así, hay métricas razonables:
- Emisiones evitadas por desviar orgánicos del relleno.
- Emisiones evitadas por reciclaje de materiales específicos (aluminio, vidrio, papel).
- Emisiones evitadas por reuso y reparación (evitar producción nueva).
No hay que convertir esto en un informe incomprensible. La idea es que el indicador sea transparente. Qué factores se usaron. Qué se está contando y qué no.
Y ahora lo importante: qué se puede premiar
Premiar no es solo regalar cosas. Premiar es diseñar un sistema donde hacer lo correcto sea más fácil, más rentable o más atractivo. Y donde haya consecuencias claras por no hacerlo.
En economía circular, los premios pueden ser de cinco tipos.
1. Premios económicos directos (subsidios, cofinanciación, capital semilla)
Sirven para arrancar mercados. Especialmente para:
- Infraestructura de orgánicos (compostaje, biodigestión).
- Centros de acopio y clasificación.
- Proyectos de reuso y reparación.
- Innovación en empaques retornables.
Esto debe ir con condición: reporte de indicadores. Si no se reporta, no se desembolsa. Simple.
2. Beneficios tarifarios (cuando se pueda) y reducción de costos
Este tema es sensible, pero es potente. Si un edificio demuestra que reduce su basura y aumenta su aprovechamiento de manera verificable, debería poder acceder a beneficios que se reflejen en costos operativos.
Ejemplos:
- Descuentos o ajustes por desempeño en programas pilotos.
- Reducción de frecuencia de recolección ordinaria si hay rutas selectivas efectivas (esto baja costos).
- Beneficios a grandes generadores que certifiquen gestión de orgánicos y aprovechables.
Ojo: esto tiene que estar bien diseñado para no castigar a quienes no tienen infraestructura. Por eso lo territorial importa.
3. Ventajas en trámites, licencias o puntajes (premios administrativos)
Esto funciona muy bien en construcción, comercio y eventos.
- Obras con plan circular y trazabilidad real: prioridad o puntaje en procesos.
- Eventos que implementen retornables, separación real y gestión de orgánicos: permisos más ágiles, menos costos de control, o beneficios en uso del espacio público (según normatividad).
- Empresas que cumplan metas verificables: reconocimiento con consecuencias (por ejemplo, acceso preferente a ruedas de negocio, o a programas de compra pública).
El premio aquí no es plata. Es tiempo. Y en Bogotá, tiempo vale oro.
4. Compras públicas como premio (el Estado compra a quien hace bien la tarea)
Este es de los incentivos más limpios.
Si el Distrito define criterios circulares y los cumple en serio, una empresa que invierte en circularidad no se queda sola. Tiene demanda.
Ejemplos de criterios:
- Contenido reciclado mínimo en ciertos productos.
- Empaques retornables o sistemas de refill en suministros.
- Mobiliario modular y reparable.
- Servicios con responsabilidad postconsumo.
5. Reconocimiento público, sí. Pero con ranking y verificación
El reconocimiento sirve si es creíble. Y si está acompañado de un ranking, de un sello con auditoría o de un tablero público con datos.
No basta con “Empresa amiga del ambiente”. Tiene que decir por qué. Cuánto desvió del relleno. Cuánto recuperó. Cuánto redujo.
Y esto no solo para empresas. También para:
- colegios,
- conjuntos residenciales,
- plazas de mercado,
- instituciones públicas,
- barrios.
Cómo evitar que el premio se vuelva trampa
Cada vez que aparece un incentivo, aparece el riesgo de fraude o maquillaje.
Entonces, si se quiere premiar circularidad, hay tres candados mínimos:
- Trazabilidad básica: soportes de entrega, pesajes, reportes de operadores, facturas, actas. Nada imposible, solo orden.
- Auditoría por muestreo: no hay que auditar todo, pero sí una muestra aleatoria que haga que mentir sea costoso.
- Datos abiertos y tablero público: cuando los datos se ven, la conversación mejora. Y la gente compara. Y exige.
En el sitio de Claudia Romero Cámara se habla mucho de política pública basada en datos y tecnología, y este es un ejemplo perfecto de dónde eso aterriza. Circularidad sin datos se vuelve un eslogan. Con datos, se vuelve gestión. Si quieres ver ese enfoque más completo, puedes pasar por https://claudiaromero.co/ y revisar los ejes de ambiente y territorios, que es donde todo esto se conecta con la vida diaria.
Un marco simple de indicadores para premiar (sin enloquecer)
A veces el problema es que queremos medir 80 cosas y al final no medimos nada bien.
Un esquema práctico para Bogotá podría usar tres niveles.
Nivel 1: Indicadores universales (para todos)
- % de aprovechamiento (materiales).
- % de orgánicos desviados.
- % de rechazo (calidad de separación).
Nivel 2: Indicadores por sector
- Construcción: % RCD aprovechado, uso de agregados reciclados.
- Comercio y grandes generadores: cumplimiento de plan de orgánicos, trazabilidad.
- Industria: contenido reciclado en productos, retornabilidad de empaques.
- Instituciones educativas: kilos aprovechados por estudiante, reducción de residuos.
Nivel 3: Indicadores de impacto social y territorial
- Ingreso y formalización de recicladores vinculados.
- Cobertura de rutas selectivas por localidad.
- Acceso a infraestructura de aprovechamiento (puntos limpios, centros de acopio).
- Participación comunitaria (número de hogares o conjuntos en programas con resultados).
Y el premio se asigna por desempeño, no por discurso. Si un barrio mejora su tasa de aprovechamiento y reduce rechazo, gana algo concreto. Si una empresa reduce residuos y prueba trazabilidad, gana algo concreto.
Qué premios funcionan mejor (según el comportamiento que quieres cambiar)
Esto es casi psicología pública.
- Si quieres que la gente cambie hábitos en casa: premios visibles y cercanos (descuentos, mejoras barriales, concursos con reglas claras).
- Si quieres que una empresa invierta: compras públicas, beneficios administrativos, cofinanciación.
- Si quieres que un sector complete el ciclo: infraestructura y reglas estables.
- Si quieres combatir la disposición ilegal: sanción rápida y trazabilidad, pero también alternativas reales y sitios disponibles.
Circularidad con solo castigo no funciona. Y circularidad con solo premios tampoco. Es mezcla.
El cierre, sin ponerse filosófico
Economía circular no es una idea bonita para repetir. Es un sistema de decisiones. Y las decisiones cambian cuando hay medición y cuando hay incentivos.
Entonces, qué se puede medir y premiar. Mucho.
Se puede medir cuánto aprovechamos, cuántos orgánicos desviamos, qué tan bien se separa, cuánto se repara y se reusa, qué pasa con los RCD, cómo se incluye a recicladores, cuánto compra el Estado con criterios circulares. Y sí, también se puede medir lo territorial, porque Bogotá no es una sola ciudad. Son muchas ciudades encima.
Y se puede premiar con plata, con tiempo, con mercado, con contratos, con beneficios y con reconocimiento verificable.
Si el objetivo es que Bogotá avance en serio, la invitación es a que hablemos menos de “conciencia” como si todo fuera culpa del ciudadano individual, y hablemos más de diseño de sistema. Indicadores claros. Tableros públicos. Incentivos bien hechos.
Y si te interesa seguir estas discusiones con propuestas concretas y enfoque de datos, vale la pena darte una vuelta por https://claudiaromero.co/ y ver el contenido del blog y los ejes programáticos. Porque la economía circular, al final, no se trata solo de residuos. Se trata de cómo gobernamos la ciudad. Y de qué premiamos.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa medir en economía circular en Bogotá y por qué es importante?
Medir en economía circular implica definir indicadores claros que permitan evaluar el avance hacia tres resultados concretos: menos extracción de recursos vírgenes, uso eficiente y alargamiento de la vida útil de los materiales, y reducción de residuos finales. Es fundamental para evitar el greenwashing y asegurar que las acciones tengan un impacto real y verificable.
¿Cuáles son las características de los indicadores efectivos para medir economía circular?
Los indicadores deben ser comparables (permitiendo comparar entre barrios, empresas o periodos), verificables (basados en evidencia concreta y no solo promesas) y accionables (que permitan identificar qué corregir si los resultados bajan). Esto garantiza una medición justa y útil.
¿Qué se puede medir realmente en Bogotá para evaluar la economía circular?
En Bogotá se pueden medir aspectos como la tasa de aprovechamiento real de residuos, especialmente cuánto material termina siendo reciclado o compostado; la captura y tratamiento de residuos orgánicos; y la circularidad en las compras públicas del Distrito. Estas mediciones consideran la realidad local con informalidad y desigualdad territorial.
¿Por qué es crucial medir la tasa de aprovechamiento real y no solo la separación en la fuente?
Porque separar residuos en la fuente es solo una parte del proceso. Lo clave es cuánto material se aprovecha efectivamente mediante reciclaje, compostaje o transformación, ya que esto refleja la verdadera circularidad. Medir solo la separación puede dar una falsa sensación de avance sin resultados reales.
¿Cómo influye el manejo de residuos orgánicos en la economía circular urbana de Bogotá?
Los residuos orgánicos representan un gran desafío por su peso, olor y contaminación. Medir su captura y tratamiento mediante compostaje o biodigestión permite reducir emisiones de metano, costos de transporte y disposición final, generando ahorro e impacto ambiental positivo como uno de los ‘quick wins’ más importantes.
¿Cuál es el papel de las compras públicas en promover la economía circular en Bogotá?
Las compras públicas tienen un gran potencial para impulsar la economía circular porque el Estado adquiere gran cantidad de bienes y servicios. Cambiar especificaciones para priorizar productos circulares puede incentivar a empresas a rediseñar empaques o procesos, fomentando hábitos sostenibles a nivel institucional.
