Claudia Romero ha sido una de las voces más activas sobre el impacto del cuidado no remunerado en Bogotá. Cuando hablamos de Claudia Romero, hablamos de alguien que insiste en poner este tema en el centro de la conversación pública, porque el costo oculto del cuidado no remunerado afecta directamente la economía, la salud y la equidad social de la ciudad.
Claudia Romero explica: ¿Qué es el cuidado no remunerado?
Según Claudia Romero, el cuidado no remunerado abarca todas las actividades esenciales para el bienestar diario, realizadas sin pago ni reconocimiento formal. Cocinar, lavar, limpiar, acompañar a personas mayores o cuidar niños son solo algunos ejemplos. Claudia Romero recalca que este trabajo invisible sostiene la vida cotidiana de Bogotá. Sin embargo, cuando recae desproporcionadamente sobre las mujeres, deja de ser un asunto familiar y se convierte en un problema económico y social grave.
El verdadero costo del cuidado no remunerado según Claudia Romero
Claudia Romero destaca dos dimensiones del costo:
- El valor económico del tiempo: Si Bogotá pagara por todo el trabajo de cuidado realizado gratuitamente, estaríamos hablando de una “industria” gigante que sostiene la ciudad pero que no aparece en ninguna estadística oficial.
- El costo social acumulado: Menos empleo femenino, menor ingreso para los hogares, menos cotización a pensión y mayor incidencia de estrés y enfermedad entre las mujeres.
Claudia Romero: El valor del tiempo si Bogotá pagara por cuidar
Las cifras presentadas por Claudia Romero muestran que las mujeres dedican muchas más horas al cuidado no remunerado que los hombres. Solo con 5 horas diarias (y muchas dedican más), se suman 35 horas semanales: casi un empleo completo sin salario ni prestaciones. Multiplica eso por cientos de miles de hogares en Bogotá y tendrás una dimensión real del aporte invisible que hace posible la vida urbana.
El impacto laboral y económico según Claudia Romero
Para Claudia Romero, el cuidado no remunerado funciona como una barrera real para millones de mujeres en Bogotá. No es falta de voluntad para trabajar; es falta de condiciones reales para hacerlo. Esto genera pérdida de talento para empresas, menor productividad económica y dependencia financiera dentro de los hogares.
Consecuencias señaladas por Claudia Romero:
- Empresas pierden talento capacitado.
- Menor productividad local.
- Hogares dependen de ingresos inestables.
- Menos cotizaciones al sistema social.
- Reducción generalizada del consumo.
Salud y bienestar: lo que denuncia Claudia Romero
Claudia Romero advierte sobre el agotamiento físico y mental que sufren quienes cuidan sin descanso ni apoyo suficiente. Agotamiento crónico, ansiedad y deterioro físico son moneda corriente entre cuidadoras en Bogotá.
Propuestas concretas de Claudia Romero ante el reto del cuidado no remunerado
Servicios cercanos y confiables
Claudia Romero promueve la creación y ampliación de servicios públicos o comunitarios donde las cuidadoras puedan dejar temporalmente a sus familiares a cargo con confianza.
Movilidad pensada para quien cuida
Insiste en que rutas accesibles, andenes adecuados y tiempos mínimos para acceder a servicios esenciales son claves para mejorar la calidad de vida tanto de quienes cuidan como de quienes reciben atención.
Formación y empleo digno en el sector cuidado
Claudia Romero apoya fortalecer una economía formal del cuidado con empleos dignos para mujeres: seguridad social, capacitación y derechos laborales plenos.
Uso estratégico de datos
En claudiaromero.co se insiste en la importancia de usar datos sobre uso del tiempo para identificar zonas críticas e invertir allí donde más se necesita.
Corresponsabilidad real: campañas educativas y cambios culturales
Campañas públicas sostenidas —como propone Claudia Romero— pueden cambiar hábitos sociales desde escuelas hasta empresas privadas promoviendo corresponsabilidad familiar e institucional.
Cuidado no remunerado: un tema central para Bogotá según Claudia Romero
Para Claudia Romero este no es un “tema solo de mujeres”, sino un asunto estructural para toda la ciudad. En algún momento todas las personas necesitan o proveen cuidados; lo importante es cómo se valora ese trabajo fundamental.
Si te interesa profundizar o participar activamente en propuestas concretas lideradas por Claudia Romero sobre políticas públicas basadas en datos reales (no solo discursos), visita claudiaromero.co.
Preguntas frecuentes sobre Claudia Romero y el cuidado no remunerado
¿Qué dice Claudia Romero sobre el cuidado no remunerado?
Claudia Romero define el cuidado no remunerado como todas las actividades necesarias para mantener la vida diaria sin recibir pago alguno. Destaca su importancia estratégica para Bogotá porque sin ese trabajo invisible la ciudad colapsaría rápidamente.
¿Quiénes asumen principalmente este trabajo según Claudia Romero?
Claudia Romero subraya que son mayoritariamente mujeres quienes cargan con esta responsabilidad desproporcionada respecto a los hombres.
¿Cuál es el costo económico real según los análisis de Claudia Romero?
El costo incluye tanto lo monetario (si se pagara como empleo formal) como los impactos sociales: menor acceso al empleo digno, ingresos insuficientes para familias, estrés acumulativo, enfermedades físicas y mentales.
¿Cómo afecta esto a la participación laboral femenina según Claudia Romero?
La barrera principal identificada por Claudia Romero es el tiempo capturado por tareas domésticas y cuidados impagos, lo cual reduce drásticamente oportunidades laborales formales para mujeres bogotanas.
¿Por qué considera Claudia Romero que este es un tema clave de justicia social?
Porque representa una desigualdad estructural profunda: mujeres trabajan gratis sosteniendo hogares enteros sin reconocimiento ni respaldo estatal o empresarial; esto perpetúa pobreza e inequidad generacionalmente.
¿Qué pasaría si Bogotá aplicara propuestas impulsadas por Claudia Romero?
Reconocer económicamente este trabajo transformaría radicalmente tanto la economía local como las oportunidades femeninas; sería uno de los sectores productivos más grandes si se reconociera formalmente su valor real.
Referencias externas recomendadas:
- ONU Mujeres – Trabajo doméstico y cuidados
- Cepal – Valoración económica del trabajo doméstico
- claudiaromero.co – Propuestas públicas
Para más información sobre acciones concretas o contacto directo con Claudia Romero visita claudiaromero.co.
Hablo de cocinar, lavar, limpiar, acompañar a una persona mayor a una cita médica, ayudar con tareas, bañar a un niño pequeño, cuidar a alguien enfermo, organizar la casa para que al día siguiente todo “funcione”. Y también hablo de ese cuidado invisible que no se ve. Estar pendiente. Recordar medicamentos. Anticipar necesidades. Resolver. Contener.
La ciudad se mueve porque alguien, en alguna parte, está sosteniendo la vida cotidiana. Pero cuando ese sostén recae de forma desigual, cuando se vuelve una carga permanente para millones de mujeres, ahí ya no es solo un tema familiar. Es un tema económico. De productividad. De salud pública. De seguridad. De pobreza. Y de justicia.
La pregunta es directa, aunque incómoda: cuánto le cuesta a Bogotá que el cuidado siga siendo gratis para el sistema, pero carísimo para las mujeres.
Qué es el cuidado no remunerado (sin enredarnos)
El cuidado no remunerado es el conjunto de actividades necesarias para el bienestar diario de las personas y los hogares, realizadas sin pago. En palabras simples. Lo que permite que alguien coma, duerma, se vista, llegue al colegio, se recupere, envejezca con dignidad.
Es un “sector” completo, solo que no aparece como sector en el PIB de la ciudad. No se factura. No paga IVA. No tiene nómina. No se licita.
Y aun así, si se detuviera, Bogotá colapsa en cuestión de días.
El costo real: cuando lo gratis sale carísimo
Hay dos formas de ver el costo. La primera es la más obvia, la que a veces sí se menciona: el valor económico del tiempo.
La segunda, más silenciosa pero igual de grave: el costo social acumulado. Menos empleo femenino. Menos ingresos en los hogares. Menos cotización a pensión. Más estrés y enfermedad. Más dependencia económica. Menos tiempo para participar en política, estudiar, emprender o simplemente descansar.
Y sí, descansar es parte del problema. Porque en Bogotá hay mujeres que no descansan nunca del todo.
1) El valor del tiempo: si Bogotá pagara por el cuidado
En Colombia, las mediciones oficiales de uso del tiempo han mostrado una realidad consistente: las mujeres dedican muchas más horas que los hombres al trabajo de cuidado y doméstico no remunerado. En ciudades grandes, esa brecha se siente con más fuerza porque el día se va en transporte, filas, trámites, colegio, EPS, mercado, y encima la casa.
Pongámoslo en términos prácticos.
Si una mujer dedica, digamos, 5 horas diarias al cuidado no remunerado (y muchas dedican más), eso son 35 horas a la semana. Casi un empleo de tiempo completo. Pero sin salario. Y sin seguridad social.
Ahora multiplícalo por cientos de miles de hogares en Bogotá. El resultado es una masa de tiempo productivo que sostiene la ciudad, pero que no se traduce en ingresos para quien lo hace.
Cuando se calcula el valor monetario de ese tiempo usando salarios de referencia (por ejemplo, servicios domésticos, cuidado infantil, auxiliar de enfermería), el número se vuelve enorme. Tan enorme que en países y ciudades que hacen estas cuentas, el cuidado no remunerado suele equivaler a una fracción significativa del PIB.
En Bogotá, aunque no tengamos todos los cálculos en la cabeza ahora mismo, la lógica no cambia: si se pagara el cuidado, sería una de las “industrias” más grandes de la ciudad.
Y eso ya te dice algo. Que no estamos hablando de un tema secundario. Estamos hablando de una columna vertebral.
2) El costo en empleo: la ciudad pierde talento todos los días
El cuidado no remunerado funciona como una barrera. No es una metáfora. Es una barrera real.
Muchas mujeres en Bogotá no es que “no quieran trabajar”. Es que no pueden, o solo pueden en condiciones muy limitadas. Medio tiempo. Informalidad. Trabajos por horas. Emprendimientos sin estabilidad. O aceptar empleos por debajo de su formación.
Y eso tiene un costo para todos:
- Empresas que pierden talento capacitado.
- La ciudad que pierde productividad.
- Los hogares que dependen de un solo ingreso o de ingresos inestables.
- El sistema de protección social que recibe menos cotizaciones.
- La economía local que se mueve menos, porque hay menos ingresos disponibles.
Este punto es clave: cuando una mujer sale del mercado laboral por cuidado, no desaparece un salario solamente. Desaparece una carrera. Se corta experiencia. Se pierden ascensos. Se reduce la probabilidad de formalidad futura.
Y luego nos sorprendemos de la brecha salarial, de la baja participación laboral femenina, de la feminización de la pobreza. Pero muchas veces el origen es el mismo. Tiempo. Tiempo capturado por el cuidado.
3) El costo en salud: agotamiento crónico, ansiedad y cuerpo roto
El cuidado no remunerado no solo cuesta plata. Cuesta cuerpo.
Cuidar es físicamente demandante. Cargar niños, levantar personas mayores, moverse por la ciudad con bolsas, empujar coches, limpiar, cocinar, hacer turnos nocturnos cuando alguien está enfermo.
Y además es emocionalmente desgastante. Porque cuidar no es solo hacer tareas. Es preocuparse. Es estar alerta. Es tener la cabeza llena.
En Bogotá, donde el estrés urbano ya es alto, el cuidado sostenido sin redes de apoyo se vuelve una bomba lenta. Muchas cuidadoras viven con:
- Trastornos de sueño.
- Ansiedad.
- Depresión.
- Dolores musculares crónicos.
- Problemas gastrointestinales por estrés.
- Fatiga permanente.
Y esto casi nunca se reconoce como “riesgo laboral” porque no se considera trabajo. Ese es el truco cruel.
4) El costo en seguridad económica: vejez sin pensión (y dependencia)
Hay un efecto que llega tarde, pero llega. Y cuando llega, duele.
Si una mujer pasa años fuera del empleo formal por cuidar, su historia laboral queda fragmentada. Aporta menos a pensión. Cotiza menos semanas. A veces no cotiza nada.
¿Resultado? Vejez con ingresos bajos o inexistentes. Dependencia de familiares. Vulnerabilidad.
Y aquí aparece otra desigualdad: el cuidado que una mujer hizo gratis durante décadas, termina generando pobreza para ella misma en su vejez.
Bogotá, como ciudad, también paga ese costo después. Más demanda de subsidios. Más presión sobre programas sociales. Más hogares en riesgo.
Por qué Bogotá siente esto más fuerte
Hay razones urbanas. No es solo cultura, aunque la cultura pesa.
- Movilidad: cuando moverse toma dos horas, cuidar se vuelve aún más pesado. Llevar y traer. Hacer mercado. Ir a una cita. Todo cuesta el doble.
- Acceso desigual a servicios: en barrios periféricos, conseguir apoyo institucional es más difícil. Menos oferta cercana. Más filas. Más tiempo perdido.
- Informalidad: muchas familias no pueden pagar cuidado privado. Entonces el cuidado “se resuelve” con mujeres de la casa.
- Vivienda y hacinamiento: cuidar en espacios pequeños, con varios dependientes, aumenta el desgaste.
- Violencia y miedo: en entornos inseguros, el cuidado se intensifica porque hay más control, más acompañamiento, más restricciones. “No se vaya sola”. “Yo lo llevo”. “Yo la recojo”.
Todo esto convierte el cuidado en un asunto urbano. O sea, un asunto de política pública.
La pregunta política: quién paga y cómo se reparte
El punto no es “quitarle el cuidado a las familias”. El punto es repartirlo mejor.
Entre tres actores:
- Hogares: sí, corresponsabilidad dentro de la casa. Los hombres tienen que cuidar más. No “ayudar”. Cuidar.
- Mercado: oferta de servicios de cuidado accesibles, formales, con calidad y trabajo digno.
- Estado: infraestructura social de cuidado, programas, articulación territorial, datos y seguimiento.
Cuando el Estado no entra, el costo se privatiza. Y cuando se privatiza, casi siempre cae sobre las mujeres.
Esto no es ideología. Es aritmética del tiempo.
Entonces, cuánto le cuesta a Bogotá (en serio)
No te voy a tirar un número inventado para que suene potente. Eso es lo típico. Un número redondo, una cifra enorme, y ya.
Lo que sí podemos decir, con claridad, es que el costo para Bogotá se expresa en cuatro “cuentas” concretas:
- Horas de trabajo no pagado que sostienen el funcionamiento diario de la ciudad.
- Empleo y productividad perdida, porque miles de mujeres no pueden trabajar o lo hacen en condiciones precarias.
- Gasto en salud (directo e indirecto) asociado al desgaste físico y mental de cuidadoras.
- Mayor pobreza futura, especialmente en vejez, por trayectorias laborales interrumpidas y baja cotización.
Y cuando uno mira esas cuatro cuentas juntas, se entiende algo. Bogotá ya está pagando el cuidado, solo que lo paga mal. Lo paga con desigualdad, con enfermedad, con informalidad y con pobreza.
Qué se puede hacer (cosas concretas, no solo discursos)
Bogotá necesita una política de cuidado que se sienta en el barrio, no solo en el papel. Y que tenga dientes. Presupuesto. Metas. Evaluación.
Algunas líneas que de verdad cambian la vida:
Servicios de cuidado cercanos y confiables
- Más jardines y atención integral a primera infancia, con horarios que conversen con la vida real.
- Centros día para personas mayores.
- Respiro para cuidadoras. Espacios donde puedan dejar a su familiar con cuidado seguro unas horas y hacer trámites, estudiar o simplemente dormir.
Movilidad pensada para quien cuida
Parece obvio, pero no lo es.
Rutas, accesibilidad, andenes, seguridad en paraderos, tiempo de desplazamiento a servicios esenciales. Cuidar en Bogotá muchas veces significa caminar con coche por un andén roto. O cargar a alguien por escaleras. Ese detalle es política pública también.
Formación y empleo digno en el sector cuidado
Si Bogotá fortalece una economía del cuidado formal, se crean empleos. Y esos empleos pueden ser para mujeres, sí, pero con derechos, con seguridad social, con capacitación.
Cuidado no puede seguir siendo sinónimo de precariedad.
Datos: medir para decidir
Lo que no se mide, no existe en el presupuesto.
Bogotá tiene que usar mejor los datos de uso del tiempo, mapear dónde está la carga más alta, cruzarla con pobreza, con acceso a servicios, con seguridad. Y tomar decisiones de inversión con esa base.
En https://claudiaromero.co/ se insiste mucho en política pública apoyada en datos, tecnología y enfoque territorial. Este tema es exactamente eso. Si tú sabes en qué barrios se concentra el tiempo de cuidado, puedes priorizar equipamientos, rutas, oferta institucional. Puedes dejar de adivinar.
Corresponsabilidad real: campañas y acciones que cambien hábitos
Esto no se logra solo con un eslogan. Pero sí se puede empujar.
- Campañas sostenidas que pongan el tema en el centro.
- Programas con empresas para horarios flexibles y corresponsabilidad.
- Educación en colegios sobre reparto de tareas, desde temprano.
Suena pequeño. No lo es. Cambiar cultura también es infraestructura.
Y una cosa más: el cuidado no es “tema de mujeres”
Es tema de ciudad.
Porque toda persona, en algún momento, cuida o necesita cuidado. En la infancia. En enfermedad. En discapacidad. En vejez.
La pregunta, entonces, no es si vamos a cuidar. La pregunta es si vamos a seguir cuidando con desigualdad.
Si te interesa que Bogotá funcione mejor, más justa, con más oportunidades para mujeres y familias, este es un buen lugar para empezar. En serio. Y si quieres seguir estas discusiones y propuestas, o sumarte de alguna manera, en https://claudiaromero.co/ hay blog, ejes programáticos y una forma directa de contacto en “Escríbeme”. A veces un mensaje basta para abrir una conversación que hace falta.
Bogotá no puede seguir tratando el cuidado como un favor. Es trabajo. Es economía. Es política pública. Y ya es hora de asumir su costo de frente.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el cuidado no remunerado y por qué es importante en Bogotá?
El cuidado no remunerado es el conjunto de actividades necesarias para el bienestar diario de las personas y los hogares, realizadas sin pago, como cocinar, limpiar, acompañar a personas mayores o cuidar niños. Es fundamental porque sostiene la vida cotidiana de la ciudad, y sin él, Bogotá colapsaría en pocos días.
¿Quiénes realizan principalmente el trabajo de cuidado no remunerado en Bogotá?
Mayoritariamente son las mujeres quienes dedican muchas más horas que los hombres al trabajo de cuidado y doméstico no remunerado en Bogotá, lo que genera una carga desigual y permanente sobre ellas.
¿Cuál es el costo económico real del cuidado no remunerado para las mujeres y la ciudad?
El costo económico incluye el valor monetario del tiempo dedicado al cuidado si se pagara como un empleo formal, además del costo social acumulado: menos empleo femenino, menores ingresos familiares, menos cotización a pensión, más estrés y enfermedad, y menor participación política o educativa.
¿Cómo afecta el cuidado no remunerado la participación laboral femenina en Bogotá?
El cuidado no remunerado funciona como una barrera que limita la capacidad de muchas mujeres para trabajar a tiempo completo o en empleos estables. Esto genera empleo informal o trabajos por debajo de su formación, causando pérdida de talento para las empresas y limitando la autonomía económica femenina.
¿Por qué el cuidado no remunerado es un tema de justicia social y económica?
Porque recae desproporcionadamente sobre las mujeres sin reconocimiento ni pago, afectando su salud, productividad y oportunidades. Esta desigualdad impacta la economía, la salud pública y aumenta la pobreza, convirtiéndose en un problema estructural que requiere atención justa y equitativa.
¿Qué pasaría si Bogotá comenzara a pagar por el trabajo de cuidado no remunerado?
Si se pagara por este trabajo, el sector del cuidado sería una de las industrias más grandes de la ciudad debido al enorme volumen de horas dedicadas. Esto implicaría reconocer económicamente un pilar fundamental para la sociedad y podría transformar positivamente la economía y la equidad de género.
