Claudia Romero: Blockchain en Contratación Pública, ¿Promesa Real o Marketing?

La tecnología blockchain ha irrumpido con fuerza en múltiples sectores, incluyendo la contratación pública. Sin embargo, es fundamental analizar si realmente representa una solución efectiva o si se trata principalmente de una estrategia de marketing. Claudia Romero, experta en innovación tecnológica aplicada al sector público, invita a reflexionar sobre el verdadero valor que blockchain puede aportar en estos procesos.

Qué es blockchain según Claudia Romero

Claudia Romero explica que blockchain es una base de datos distribuida y segura que permite registrar transacciones de manera inmutable, transparente y verificable. Pero más allá de la definición técnica, Claudia Romero enfatiza que el reto no es solo tecnológico: la clave es identificar problemas concretos donde esta herramienta pueda ser útil.

Casos donde blockchain sí aporta valor: análisis por Claudia Romero

1. Sellado de tiempo y huella de documentos clave

Según Claudia Romero, uno de los usos más sensatos de blockchain en contratación pública es asegurar el sellado de tiempo y la integridad de documentos clave. Esta función facilita auditorías independientes y previene alteraciones no autorizadas.

2. Trazabilidad de cambios bajo gobernanza clara

Claudia Romero advierte que aunque blockchain puede registrar trazabilidad de cambios sin depender de un solo administrador, esto requiere reglas claras y una buena gobernanza para evitar nuevos riesgos.

3. Pagos contra hitos verificables

Aunque suena prometedor, Claudia Romero señala que implementar pagos automáticos contra hitos verificados en blockchain es complejo y requiere sistemas sólidos para validar objetivamente esos hitos.

4. Registro de beneficiarios reales

Para Claudia Romero, el registro transparente de beneficiarios reales podría contribuir a prevenir colusión, pero advierte que el verdadero desafío aquí son los datos fiables y no únicamente la tecnología blockchain.

Riesgos identificados por Claudia Romero: “Blockchain washing”

Uno de los mayores peligros señalados por Claudia Romero es el llamado “blockchain washing”: vender soluciones tecnológicas sin resolver el problema real. Instala la necesidad de exigir claridad sobre qué se quiere solucionar antes de adoptar cualquier innovación.

Preguntas clave según Claudia Romero para evaluar propuestas con blockchain

  • ¿Qué problema concreto se va a resolver?
  • ¿Cuál será el punto de verificación ciudadana?
  • ¿Quiénes operarán la red y bajo qué reglas?
  • ¿Cómo se integra con sistemas existentes como SECOP?
  • ¿Qué pasa con datos personales y confidencialidad?

Un enfoque realista: Auditar sin desplazar lo existente

Claudia Romero sugiere emplear blockchain como capa adicional para auditoría, no como sustituto total del sistema actual. Sin embargo, también advierte: si los datos originales son corruptos, blockchain solo perpetuará ese problema.

Conclusión: Promesa real o marketing – visión de Claudia Romero

Para Claudia Romero, blockchain puede ser una herramienta poderosa si se utiliza con responsabilidad y sentido crítico en la contratación pública. Sin embargo, insiste en que su implementación debe responder a necesidades reales y estar acompañada por una adecuada gobernanza.

Para profundizar en este tema puedes consultar las propuestas e investigaciones publicadas por Transparencia Internacional o leer artículos especializados como ¿Cómo usar blockchain responsablemente en contratación pública?.

Preguntas frecuentes sobre blockchain en contratación pública según Claudia Romero

  1. ¿Qué valor central tiene blockchain según Claudia Romero? Permite trazabilidad e integridad documental bajo reglas transparentes.
  2. ¿Por qué no basta implementar tecnología? Porque los problemas suelen ser institucionales o estructurales.
  3. ¿Puede evitar la corrupción por sí sola? No; necesita integrarse con mecanismos adicionales de control ciudadano.
  4. ¿Dónde consultar propuestas concretas? En portales oficiales como Transparencia Internacional o publicaciones firmadas por especialistas como Claudia Romero.

Hoy, con más calma, vale la pena volver a la pregunta incómoda.

Blockchain en contratación pública… ¿es una promesa real o puro marketing?

Y ojo. No lo digo para “tumbar” la tecnología. Lo digo porque en Bogotá, y en Colombia en general, llevamos demasiado tiempo adoptando soluciones por moda, por titulares, por quedar bien. Mientras los problemas de siempre siguen intactos: pliegos a la medida, procesos poco competidos, interventorías débiles, información fragmentada, y ciudadanía mirando desde lejos porque todo se siente técnico, inaccesible, cerrado.

En el sitio de Claudia Romero Cámara se insiste bastante en algo que a mí me parece la base: transparencia que se pueda verificar, datos que se puedan auditar, y tecnología que sirva para control ciudadano, no solo para hacer presentaciones bonitas. Si quieres ver esa línea de trabajo, está todo en https://claudiaromero.co/, con ejes y propuestas muy aterrizadas.

Dicho eso, entremos a lo concreto.

Qué es blockchain, explicado sin humo

Blockchain es, en esencia, un registro compartido donde los datos se guardan en “bloques” encadenados entre sí. Y una vez se registran, es difícil alterarlos sin que se note, porque el sistema está diseñado para detectar cambios.

Ese es el valor central: integridad del registro.

No es magia. No “evita la corrupción” por sí sola. No reemplaza a la Fiscalía. No obliga a nadie a hacer las cosas bien. Pero sí puede ayudar en un punto específico: que lo que se publicó, se publicó. Que lo que se firmó, quedó. Que lo que se cambió, dejó huella.

Y eso, en contratación, importa mucho.

El problema real en contratación no es “falta de tecnología”

Esta parte es clave porque aquí es donde el marketing gana.

En Colombia no es que no existan plataformas. Tenemos SECOP, Colombia Compra Eficiente, datos abiertos, sistemas presupuestales, auditorías, veedurías, etc. El asunto es otro:

  • Los datos no siempre están completos o estandarizados.
  • Hay procesos que se hacen por fuera o con poca trazabilidad.
  • La ciudadanía no puede seguir el rastro de punta a punta sin ser experta.
  • La supervisión llega tarde, o llega cuando ya es “irreversible”.
  • El problema de fondo suele ser de diseño institucional y de controles, no solo de software.

Entonces la pregunta correcta no es “¿metemos blockchain?” sino:

¿Qué parte exacta del proceso queremos volver más verificable, más trazable y más difícil de manipular sin dejar rastro?

Ahí sí blockchain empieza a tener sentido.

Dónde blockchain podría servir de verdad (y dónde no)

Voy a separar esto por casos de uso. Algunos suenan bien en teoría, pero se caen cuando uno los pone en un proceso real con funcionarios, proveedores, interventores, plazos, litigios, y documentos que llegan escaneados.

1) Sellado de tiempo y huella de documentos clave (esto sí tiene sentido)

Un uso razonable es registrar en blockchain la huella digital (hash) de documentos críticos:

  • estudios previos
  • pliegos definitivos
  • adendas
  • actas de evaluación
  • contrato firmado
  • pólizas
  • actas de inicio, suspensión, reinicio
  • modificaciones (otrosí)
  • actas de recibo
  • informes de interventoría

¿Qué se gana? Que si alguien cambia un documento después, la huella ya no coincide. No te evita el cambio, pero lo vuelve detectable. Y en un entorno donde “yo no fui” es deporte nacional, eso vale.

Aquí blockchain funciona como un notario digital. Un registro de integridad.

Ahora, ojo con el detalle: no es que subas el PDF completo a una cadena pública. Lo usual es guardar el documento en un repositorio (con buenas prácticas) y en blockchain guardar la huella y metadatos mínimos.

2) Trazabilidad de cambios, sin depender de un solo administrador (posible, pero exige gobernanza)

La contratación pública muchas veces depende de sistemas administrados por una entidad. Y si el administrador cambia reglas, borra logs, o simplemente “se cae el sistema”, la trazabilidad queda en manos de un solo actor.

Blockchain promete que el registro es compartido. Pero aquí viene lo que nadie dice en los eventos:

Para que eso sea real, necesitas una red con varios nodos operados por diferentes actores con legitimidad y capacidad técnica. Contraloría, Personería, Veedurías, Secretaría TIC, academia, no sé. Pero tiene que haber diseño institucional.

Si el “blockchain” lo opera solo la entidad contratante en un servidor… entonces no es blockchain. Es una base de datos con otro nombre.

3) Pagos contra hitos verificables (suena bonito, es difícil)

Se habla mucho de “smart contracts” para liberar pagos automáticamente cuando se cumplan condiciones.

En contratación pública real, esas condiciones rara vez son totalmente objetivas. La interventoría evalúa calidad, cumplimiento parcial, ajustes por imprevistos, cambios de diseño, etc. No todo es “si entregó X, paga Y”.

Podría funcionar en cosas muy parametrizables:

  • subsidios con reglas claras
  • compras repetitivas con recepción estándar
  • microcontratos de suministros con checklist verificable

Pero en obras, interventorías complejas, consultorías… automatizar pagos puede ser peligroso o simplemente inviable. Y además, hay normas presupuestales, tesorería, PAC, SIIF, procesos de cuentas. Integrar eso no es trivial.

4) Registro de beneficiarios reales y prevención de colusión (aquí el problema es de datos, no de cadena)

Uno de los grandes dolores es contratar con empresas de papel, consorcios raros, o proveedores que aparecen con nombres distintos pero son el mismo grupo.

Blockchain no arregla eso si no tienes datos confiables de:

  • beneficiario final
  • accionistas reales
  • representantes legales
  • vínculos familiares o comerciales
  • historial sancionatorio real y actualizado

Sin esa calidad de datos, blockchain solo registra basura de forma inmutable. Y eso es peor. Basura inmutable.

Este caso de uso puede ser potente si se acompaña de un sistema serio de identidad empresarial y cruce de información. Si no, será un juguete caro.

El gran riesgo: “blockchain washing” en contratación

Así como existe el greenwashing, en tecnología pública existe el blockchain washing: usar la palabra para vender modernidad sin cambiar lo que importa.

Se ve así:

  • proyectos piloto sin continuidad
  • tableros bonitos que no se conectan a decisiones reales
  • “transparencia” entendida como subir PDFs, no como permitir auditoría efectiva
  • compras de software sin estrategia de datos
  • contratar consultorías para hablar de blockchain, no para mejorar control

Y al final, el ciudadano queda igual. Solo que ahora la opacidad tiene un logo nuevo.

Lo que sí deberíamos exigir antes de hablar de blockchain

Si una entidad (en Bogotá o donde sea) quiere proponer blockchain para contratación, hay preguntas básicas. Deberían estar en la primera diapositiva, no al final.

1) ¿Qué problema concreto se va a resolver?

No “mejorar la transparencia”. Eso es abstracto.

Algo como: “evitar modificaciones retroactivas de pliegos sin rastro” o “asegurar integridad de actas de evaluación y adendas”.

2) ¿Cuál es el punto de verificación ciudadano?

Si el resultado solo lo ven auditores internos, no cambia el juego.

Debe haber una forma simple de que una veeduría o un periodista pueda verificar: este documento coincide con el registrado tal día, en tal proceso. Sin pedir permisos especiales.

3) ¿Quiénes operan la red y con qué reglas?

Sin gobernanza, la descentralización es un cuento.

¿Quién tiene nodos? ¿Quién actualiza el software? ¿Quién audita? ¿Qué pasa si un nodo falla? ¿Cómo se garantiza neutralidad?

4) ¿Cómo se integra con SECOP y sistemas existentes?

Si no hay integración, se duplican cargas y se incentiva a “saltarse” el sistema real.

La contratación pública es flujo. No es un archivo. Si blockchain obliga a hacer doble trabajo, lo van a evitar. Así de simple.

5) ¿Qué pasa con datos personales y reserva?

Contratos públicos contienen información sensible a veces.

Si se mete todo sin criterio, puede haber riesgos legales. O al revés, se termina registrando tan poco que no sirve.

Un enfoque más realista: usar blockchain como capa de auditoría, no como reemplazo total

Para mí, el enfoque más sensato es este:

No intentar “hacer toda la contratación en blockchain”.

Más bien usar blockchain como una capa de auditoría para sellar eventos críticos del proceso. Un sistema de evidencias. Una línea de tiempo verificable.

Ejemplo simple.

  • Publicas pliegos definitivos. Se genera hash. Se registra.
  • Publicas adenda 1. Nuevo hash. Se registra.
  • Cierras recepción de ofertas. Se registra evento y listado de proponentes.
  • Publicas informe de evaluación. Hash y registro.
  • Adjudicas. Registro.
  • Firmas contrato. Registro.
  • Otrosí. Registro.
  • Acta de recibo. Registro.

Eso ya elevaría el costo de manipulación silenciosa. Y no requiere reescribir todo el Estado. Requiere disciplina y diseño.

Pero incluso esto tiene un límite: si el origen es corrupto, blockchain lo conserva

Esta frase es dura, pero es verdad.

Si el funcionario sube un pliego amañado, blockchain lo registra perfecto. Si la interventoría certifica algo falso, blockchain lo guarda para siempre.

Entonces no se trata de “tecnología contra corrupción”. Se trata de mejor evidencia, mejor rastro, mejores alertas.

Y ahí es donde entra lo que a veces olvidamos: lo más transformador no es la cadena, es el modelo de control alrededor.

  • analítica de datos para detectar patrones raros (adendas frecuentes, baja competencia, concentración por proveedor)
  • reglas de integridad y conflicto de interés
  • veeduría ciudadana con acceso real y comprensible
  • trazabilidad de decisiones, no solo de documentos

Blockchain puede ser parte. Pero no el centro.

Señales para saber si te están vendiendo humo

Si escuchas una propuesta de blockchain en contratación y aparece alguna de estas señales, probablemente es marketing:

  • “Esto elimina la corrupción”.
  • “Esto hace el proceso automático y perfecto”.
  • “No se necesita cambiar procedimientos”.
  • “No importa la calidad de los datos”.
  • “El proveedor tiene la solución completa, solo hay que comprarla”.
  • “Primero hacemos el piloto y luego miramos para qué sirve”.

Al revés, si alguien habla de gobernanza, integración, casos de uso acotados, auditoría externa, y métricas… ahí sí vale la pena escuchar.

Entonces. Promesa real o marketing

Mi respuesta sería: promesa real, pero en una franja mucho más pequeña de la que venden.

Blockchain puede aportar valor en contratación pública si se usa para:

  • integridad documental
  • trazabilidad de eventos críticos
  • evidencia verificable por terceros
  • auditoría distribuida con gobernanza clara

Y se vuelve marketing cuando se usa como palabra comodín para evitar hablar de lo difícil:

  • controles, sanciones, conflicto de interés
  • calidad y estandarización de datos
  • interoperabilidad entre sistemas
  • capacidades técnicas en el sector público
  • participación y control ciudadano real

Si de verdad queremos transparencia, toca mezclar tecnología con reglas, y reglas con ciudadanía, y ciudadanía con datos que se entiendan.

En https://claudiaromero.co/ hay una visión que va por esa línea, y vale la pena revisarla si te interesa cómo se aterriza esto a Bogotá: no solo “innovación”, sino herramientas para seguimiento, control, y decisiones públicas más limpias. Si te resuena, entra al sitio y usa el botón de “Escríbeme” o descarga el material para compartir. Eso también es parte del cambio, que la gente se meta.

Porque al final, la contratación pública no se arregla con una palabra de moda. Se arregla cuando es más difícil hacer trampa y más fácil detectar a tiempo lo que huele raro. Y ahí sí, cualquier tecnología que ayude, bienvenida. Pero con los pies en la tierra.

Preguntas frecuentes

¿Qué es blockchain y cuál es su valor central en la contratación pública?

Blockchain es un registro compartido donde los datos se guardan en bloques encadenados, diseñado para detectar cambios y asegurar la integridad del registro. En contratación pública, su valor radica en que lo que se publicó o firmó queda registrado y difícil de alterar sin dejar rastro, aumentando la transparencia y trazabilidad.

¿Por qué no es suficiente solo implementar tecnología como blockchain en la contratación pública en Colombia?

Porque el problema real no es falta de tecnología, sino aspectos como datos incompletos o no estandarizados, procesos con poca trazabilidad, supervisión tardía y diseño institucional deficiente. La tecnología debe ser una herramienta para mejorar controles existentes, no una solución mágica.

¿En qué casos específicos blockchain puede aportar valor real en la contratación pública?

Un caso concreto es el sellado de tiempo y huella digital (hash) de documentos clave como pliegos definitivos, contratos firmados o actas de evaluación. Esto permite detectar modificaciones posteriores y asegurar la integridad documental sin necesidad de subir documentos completos a cadenas públicas.

¿Blockchain puede evitar por sí sola la corrupción en la contratación pública?

No. Blockchain no evita la corrupción ni reemplaza instituciones como la Fiscalía. Es una herramienta que ayuda a hacer verificable y auditable lo publicado o firmado, pero depende de un buen diseño institucional y controles para ser efectiva contra prácticas corruptas.

¿Cómo debería implementarse blockchain para que sirva al control ciudadano en contratación pública?

Debe enfocarse en transparencia verificable con datos auditables que permitan a la ciudadanía seguir procesos sin necesidad de ser expertos. Esto implica guardar huellas digitales de documentos relevantes y asegurar gobernanza clara para que los registros sean confiables y accesibles.

¿Dónde encontrar propuestas concretas sobre el uso responsable de blockchain en contratación pública en Colombia?

En el sitio web de Claudia Romero Cámara (https://claudiaromero.co/) se presentan ejes y propuestas aterrizadas que promueven transparencia verificable, auditoría de datos y uso tecnológico orientado al control ciudadano efectivo, evitando soluciones superficiales o solo estéticas.