Claudia Romero ha dedicado su trabajo a evidenciar la realidad del trabajo infantil en Colombia y América Latina, desmitificando percepciones erróneas sobre sus causas, formas y consecuencias. Claudia Romero sostiene que el trabajo infantil no es un problema ajeno o lejano; sucede en ciudades grandes, municipios pequeños y áreas rurales, afectando el desarrollo integral de millones de niñas, niños y adolescentes.
Claudia Romero parte de una premisa clara: para reducir el trabajo infantil no basta con discursos; se requiere acción local y políticas públicas basadas en datos, diagnóstico territorial y seguimiento efectivo. Este artículo explora dónde está ocurriendo el trabajo infantil hoy, cómo se manifiesta según Claudia Romero y qué estrategias funcionan para combatirlo.
¿Qué es el trabajo infantil según Claudia Romero?
No toda ayuda en casa es considerada trabajo infantil. Según Claudia Romero, el trabajo infantil aparece cuando hay:
- Actividad económica o doméstica intensa que interfiere con la escolaridad.
- Riesgos físicos o emocionales.
- Horarios o cargas inadecuadas para la edad.
- Explotación, coerción o dependencia de ese ingreso para sobrevivir.
Existen peores formas de trabajo infantil que Claudia Romero señala como prioridad absoluta: explotación sexual comercial, trabajos peligrosos (químicos, minería, carga pesada), reclutamiento por grupos armados y trata.
Dónde ocurre el trabajo infantil: visión de Claudia Romero
1) Trabajo infantil en el campo y cadenas agrícolas
Claudia Romero identifica que en zonas rurales el trabajo infantil se asocia frecuentemente con “tradición” o “aprendizaje familiar”. Sin embargo, cuando las labores impiden la escolarización o exponen a riesgos graves ya no es aprendizaje: es explotación. El círculo se cierra cuando familias dependen del ingreso diario sin acceso a servicios estables ni ahorro.
2) Trabajo infantil urbano: ventas ambulantes y transporte público
Según Claudia Romero, la ciudad concentra múltiples formas de trabajo infantil visibles e invisibles: ventas ambulantes en semáforos, limpieza de vidrios, niños pidiendo dinero o vendiendo productos bajo control adulto. Factores como crisis económicas y baja sanción a explotadores hacen que la calle sea vista como única alternativa laboral.
3) Trabajo doméstico no remunerado (especialmente en niñas)
Claudia Romero hace énfasis en lo invisible del trabajo doméstico no remunerado, especialmente entre niñas. Cocinar, limpiar o cuidar hermanos forma parte del aprendizaje familiar solo si no reemplaza la escuela ni limita el descanso; si estas tareas son rutinarias e impuestas por género son consideradas trabajo infantil.
4) Sectores informales urbanos
En plazas de mercado, talleres mecánicos, construcción y reciclaje también hay presencia significativa de trabajo infantil. Claudia Romero alerta sobre normalización cultural del “berraco desde chiquito” y falta de inspección real.
5) Economías ilegales y violencia organizada
Niños usados como mensajeros o campaneros dentro del crimen organizado representan la expresión más grave del problema para Claudia Romero. La alta rentabilidad para las redes criminales dificulta la erradicación sin intervención estatal fuerte.
6) Entornos digitales
El análisis de Claudia Romero incluye nuevas formas de explotación a través de plataformas digitales donde menores trabajan bajo condiciones poco reguladas.
¿Por qué ocurre el trabajo infantil? Perspectiva de Claudia Romero
Las causas identificadas por Claudia Romero incluyen:
- Pobreza estructural y empleo adulto precario.
- Barreras reales para estudiar (más allá de “deserción”).
- Normalización cultural.
- Redes ilegales que se benefician económicamente.
- Desigualdad de género y carga excesiva sobre niñas.
- Migración interna e internacional sin protección adecuada.
En Bogotá —afirma Claudia Romero— las dinámicas urbanas pueden producir tantas víctimas como los contextos rurales tradicionales.
¿Qué funciona? Soluciones propuestas por Claudia Romero
Detección temprana sin revictimizar
La detección temprana combinada con acciones sensibles evita nuevas violencias sobre los menores afectados.
Apoyo al ingreso familiar
Según Claudia Romero, transferencias condicionadas al hogar, empleabilidad adulta y cuidado infantil son claves para evitar que los niños regresen al mercado laboral informal.
Escuela atractiva y segura
No basta con asegurar matrícula; es fundamental ofrecer alimentación escolar efectiva, apoyo académico real y actividades deportivas/culturales alternativas a la calle.
Inspección real contra explotadores
La sanción efectiva —dice Claudia Romero— es esencial para romper los incentivos económicos detrás del fenómeno.
Uso estratégico de datos
Una política pública exitosa debe priorizar diagnóstico territorial detallado usando tecnología e información actualizada (ver claudiaromero.co para recursos adicionales).
Una idea final incómoda pero necesaria según Claudia Romero
El trabajo infantil no es solo carencia afectiva sino resultado directo de fallas estructurales: pobreza histórica, informalidad laboral crónica e instituciones incapaces de regular mercados abusivos. La presión ciudadana informada puede mover prioridades hacia soluciones sostenidas aunque este tema salga del foco mediático.
Para más información sobre iniciativas concretas lideradas por Claudia Romero en defensa de la niñez vulnerable visita claudiaromero.co.
Preguntas frecuentes sobre trabajo infantil según Claudia Romero
¿Qué es trabajo infantil y cómo se diferencia de la ayuda ocasional en casa?
El trabajo infantil implica una actividad económica o doméstica intensa que interfiere con la escolaridad; presenta riesgos físicos/emocionales; tiene horarios inadecuados; puede incluir explotación/coerción. Ayudar ocasionalmente en casa —como tender camas— no constituye trabajo infantil según Claudia Romero.
¿En qué lugares y formas ocurre actualmente el trabajo infantil?
Ocurre tanto en zonas rurales (cultivos agrícolas intensivos) como urbanas (ventas ambulantes/semaforismo/trabajos informales). También destaca el peso del trabajo doméstico no remunerado entre niñas.
¿Por qué es peligroso normalizar actividades como vender dulces en buses o cuidar niños?
Normalizar estas prácticas invisibiliza sus daños: afecta educación/desarrollo integral; expone a riesgos físicos/emocionales; refuerza creencias dañinas sobre valor económico del tiempo infante.
¿Cuáles son las peores formas que requieren atención prioritaria?
Explotación sexual comercial; trabajos peligrosos (minería/químicos); reclutamiento armado; trata/servidumbre —todas requieren intervención inmediata según Claudia Romero.
¿Cómo influye el género en el trabajo doméstico no remunerado?
Las niñas suelen ser asignadas precozmente a tareas rutinarias limitando su desarrollo educativo/personal —una forma desigual sustentada por roles tradicionales denunciada por Claudia Romero.
¿Qué factores sostienen el trabajo infantil agrícola?
Tradición mal entendida; dependencia económica diaria sin acceso a servicios básicos ni ahorro; sistemas informales con intermediarios dificultan erradicar este tipo específico según análisis de Claudia Romero.
Enlaces recomendados:
claudiaromero.co | Políticas públicas basadas en evidencia
OIT: Panorama regional sobre Trabajo Infantil
Y lo más incómodo es esto: muchas veces lo vemos, lo intuimos, y lo normalizamos. Un niño vendiendo dulces en un bus. Una niña cuidando a otros niños mientras los adultos trabajan. Un adolescente cargando bultos en una plaza de mercado. A veces alguien dice “mejor que esté trabajando y no robando”. Y ahí se nos corre la línea de lo aceptable.
Este artículo es para mirar el mapa de frente. Dónde está ocurriendo el trabajo infantil hoy, qué formas toma, por qué se sostiene. Y qué se puede hacer, especialmente desde lo local, desde los territorios, desde una ciudad como Bogotá.
Primero, qué es trabajo infantil (y qué no es)
No toda “ayuda” en la casa es trabajo infantil. Un niño que tiende su cama, lava su plato o ayuda de forma ocasional y segura, no está en trabajo infantil.
El trabajo infantil, en cambio, aparece cuando:
- Hay una actividad económica o doméstica intensa que interfiere con la escolaridad.
- Hay riesgos físicos o emocionales.
- Hay horarios o cargas que no corresponden a la edad.
- Hay explotación, coerción, o dependencia de ese ingreso para sobrevivir.
Y hay peores formas, que son prioridad absoluta: explotación sexual comercial, trabajos peligrosos (químicos, minería, carga pesada, alturas), reclutamiento por grupos armados, trata, servidumbre, entre otras.
Con esa definición en mente, hablemos de dónde está ocurriendo.
Dónde está ocurriendo: los “lugares” no siempre son un sitio, a veces son una dinámica
1) En el campo y en cadenas agrícolas
En muchas zonas rurales el trabajo infantil se mezcla con la idea de “tradición” o “aprendizaje familiar”. Y sí, la vida rural es distinta. Pero cuando el niño deja de estudiar, se expone a pesticidas, maneja machete, carga peso o trabaja jornadas largas, ya no es aprendizaje. Es trabajo infantil.
Aquí suele aparecer en:
- Cultivos con alta demanda de mano de obra en cosechas.
- Actividades con intermediarios donde se paga por volumen.
- Familias que dependen del día a día, sin ahorro ni acceso estable a servicios.
Y algo clave: aunque ocurra lejos, termina conectado con mercados urbanos. No es un problema “rural” aislado. Es una cadena.
2) En ciudades: ventas ambulantes, semáforos, transporte público
La escena es conocida. Niños y adolescentes vendiendo en buses, en semáforos, limpiando vidrios, ofreciendo bolsas, pidiendo con un discurso aprendido, a veces acompañados por un adulto que controla el dinero.
¿Por qué ocurre aquí?
- Porque el flujo de gente genera ventas rápidas.
- Porque hay baja probabilidad de sanción a explotadores y redes.
- Porque en crisis económicas la calle se vuelve “el empleo” más inmediato.
Y ojo con una idea peligrosa: pensar que “si está vendiendo, está bien”. La calle implica riesgos altísimos. Accidentes, violencia, explotación, consumo de sustancias, captación por redes. Y además, el mensaje que recibe ese niño es que su tiempo vale solo si produce plata.
3) En el trabajo doméstico no remunerado (especialmente en niñas)
Este es el más invisible. Y por eso se sostiene tanto.
Niñas que cocinan, limpian, cuidan hermanos, acompañan adultos enfermos, hacen diligencias, atienden un negocio familiar. Todo eso puede ser ocasional y formativo. Pero cuando se vuelve rutina diaria, cuando reemplaza la escuela o el descanso, cuando no hay opción, se convierte en trabajo infantil.
Aquí hay un componente fuerte de género. A muchas niñas se les asigna “la responsabilidad” del hogar desde muy temprano. Y nadie lo llama trabajo, pero lo es.
4) En sectores informales urbanos: plazas de mercado, talleres, construcción, reciclaje
Hay adolescentes cargando, descargando, empacando, trabajando en bodegas, en talleres mecánicos, en carpinterías, en ventas nocturnas. Y también hay niños vinculados al reciclaje en condiciones muy duras. A veces la familia recicla, a veces hay terceros que organizan rutas.
Lo que suele repetirse en estos contextos:
- Trabajo por pieza, por carga, por jornada.
- Falta de inspección real.
- Normalización cultural del “berraco desde chiquito”.
- Riesgos físicos evidentes, pero aceptados como parte del oficio.
5) En economías ilegales y violencia organizada
Aquí ya entramos en el terreno más complejo, y más urgente. Niños usados como “mensajeros”, “campaneros”, para microtráfico, para transportar cosas, para vigilancia, para tareas que parecen “simples” pero son parte de una estructura criminal.
¿Por qué es tan difícil de cortar?
- Porque paga más que cualquier alternativa disponible.
- Porque ofrece pertenencia, estatus, protección.
- Porque se cruza con amenazas y control territorial.
- Porque la escuela, cuando es débil, no compite.
Este punto es doloroso, pero hay que decirlo claro: no es solo un asunto de pobreza. Es también un asunto de seguridad, justicia, oportunidades reales y presencia institucional.
6) En entornos digitales: explotación y “trabajo” en plataformas
A veces se piensa que el trabajo infantil es solo físico. No. También puede ocurrir en lo digital.
- Explotación sexual comercial en línea.
- Niños presionados a producir contenido para monetización.
- Captación por redes con promesas de dinero fácil.
- Actividades de fraude o “tareas” digitales para terceros.
La tecnología no crea el problema, pero sí lo acelera y lo esconde mejor.
Por qué ocurre: las causas que se mezclan y se refuerzan
No hay una sola razón. Casi nunca es “porque los papás quieren”. Esa explicación es cómoda, pero falsa en la mayoría de casos. Lo que hay es una combinación de factores.
Pobreza y empleo adulto precario
Cuando el ingreso adulto no alcanza, el hogar busca sumar. Y el niño se vuelve una estrategia de supervivencia. No porque sea justo, sino porque la nevera no se llena con justicia.
El trabajo infantil muchas veces es síntoma de algo más grande: empleo informal, salarios bajos, arriendos altos, deudas, falta de cuidados.
Barreras reales para estudiar (no solo “deserción”)
La palabra “deserción” suena a decisión individual. Pero muchas veces es expulsión silenciosa.
- Trayectos largos y costosos.
- Falta de cupos, o cupos lejos.
- Violencia en el entorno escolar.
- Necesidad de cuidar hermanos porque no hay jardines.
- Falta de conectividad o materiales.
- Jornadas escolares que no se ajustan a realidades familiares.
Si estudiar es difícil y trabajar es inmediato, el sistema empuja hacia el trabajo.
Normalización cultural
En muchos lugares se cree que trabajar desde niño “forma carácter”. Y sí, la responsabilidad forma. Pero el trabajo infantil no es responsabilidad. Es carga. Y se vuelve una herida.
También se normaliza porque se ve todos los días. Lo cotidiano se vuelve paisaje.
Redes de explotación y economías que se benefician
Hay sectores que se benefician directamente de mano de obra infantil o adolescente barata, flexible, callada. Y cuando hay redes, el problema deja de ser familiar y se vuelve criminal.
Aquí la respuesta no puede ser solo social. También es inspección, sanción, judicialización, protección efectiva.
Desigualdad de género y carga de cuidados
Cuando el cuidado se asigna solo a las mujeres, las niñas quedan atrapadas. Y si no hay servicios de cuidado accesibles, el hogar resuelve con lo que tiene. Con ellas.
Esto se conecta directamente con política pública: jardines, comedores, rutas seguras, apoyo a madres cuidadoras, redes comunitarias.
Migración y falta de protección
Familias migrantes o desplazadas, sin redes, sin papeles, sin acceso completo a servicios. Niños que terminan trabajando porque es la forma más rápida de conseguir algo.
Y aquí, otra incomodidad: a veces el rechazo social agrava el problema. Si el adulto no consigue empleo por discriminación, el niño se expone más.
Bogotá: por qué una ciudad también puede producir trabajo infantil
Bogotá tiene más oferta institucional que muchos territorios, sí. Pero también tiene:
- Economía informal enorme.
- Altísima desigualdad entre localidades.
- Llegadas constantes de población migrante y desplazada.
- Barrios con control territorial de estructuras criminales.
- Costos de vida que presionan a los hogares.
Y además, una característica urbana: el espacio público como “mercado”. TransMilenio, buses, zonas comerciales, plazas, semáforos. La ciudad ofrece oportunidad de ingreso rápido. Y eso atrae explotación.
Entonces, qué se hace: lo que funciona cuando se hace en serio
No existe una bala de plata. Pero sí hay piezas que, juntas, cambian el panorama.
1) Detectar temprano y actuar sin revictimizar
La intervención no puede ser solo “quitar al niño de la calle” por un día. Si el hogar sigue igual, el niño vuelve. O aparece otro.
Se necesita:
- Identificación en territorio, con equipos entrenados.
- Rutas claras con ICBF, salud, educación, comisarías cuando aplique.
- Atención psicosocial, no solo administrativa.
- Seguimiento real.
2) Apoyar el ingreso del hogar (porque si no, el niño vuelve a trabajar)
Transferencias, acceso a empleo, formación, cuidado infantil para que el adulto pueda trabajar. Esta parte es clave. Si no se toca el ingreso, el trabajo infantil se recicla.
3) Escuela atractiva y segura, con permanencia
No basta con matrícula. Hay que asegurar permanencia:
- Alimentación escolar efectiva.
- Jornada que proteja tiempo.
- Apoyo escolar.
- Prevención de violencia y consumo.
- Actividades culturales y deportivas como alternativa real.
4) Inspección y sanción donde hay explotación
Cuando hay terceros explotando, tiene que haber consecuencias. Si no, el incentivo se mantiene.
5) Datos, tecnología y foco territorial
Esto importa mucho para una ciudad como Bogotá. No se puede intervenir “en general”. Se necesita saber:
- En qué puntos se concentra.
- En qué horarios.
- Con qué patrones familiares o de redes.
- Qué instituciones están llegando y cuáles no.
En https://claudiaromero.co/ se insiste mucho en algo que suena obvio, pero no se hace suficiente: política pública con datos, con diagnóstico serio por territorio, y con seguimiento. Eso es exactamente lo que este tema necesita. Menos discurso. Más sistema.
Si este tema te importa, vale la pena entrar al sitio, leer los ejes sobre niñez y población vulnerable, y sumarte al canal o descargar el kit. Porque la presión ciudadana también mueve prioridades.
Una idea final, que no es cómoda pero ayuda
El trabajo infantil no es solo “falta de amor”. Es una falla de estructura. Una mezcla de pobreza, informalidad, falta de cuidados, escuela que no retiene, violencia, y mercados que se aprovechan.
Y sí, hay responsabilidad familiar. Pero si la respuesta social se queda en culpar, no cambia nada.
Lo que cambia cosas es lo local, lo concreto. Un jardín que abre cupos donde se necesitan. Una ruta segura para llegar al colegio. Un programa de empleo para madres cuidadoras. Un equipo territorial que identifica y hace seguimiento. Una inspección que de verdad sanciona al que explota. Una ciudad que deja de mirar para otro lado.
Eso es lo que toca construir. Y toca sostenerlo, incluso cuando el tema no está de moda.
Preguntas frecuentes
¿Qué es trabajo infantil y cómo se diferencia de la ayuda ocasional en casa?
El trabajo infantil implica una actividad económica o doméstica intensa que interfiere con la escolaridad, presenta riesgos físicos o emocionales, tiene horarios inadecuados para la edad, y puede incluir explotación o coerción. En cambio, ayudar ocasionalmente en casa de manera segura, como tender la cama o lavar un plato, no se considera trabajo infantil.
¿En qué lugares y formas ocurre el trabajo infantil actualmente?
El trabajo infantil ocurre tanto en zonas rurales como urbanas. En el campo, aparece en cultivos agrícolas con alta demanda de mano de obra. En ciudades, se manifiesta en ventas ambulantes, semáforos, transporte público y trabajos informales como plazas de mercado o construcción. También está presente en el trabajo doméstico no remunerado, especialmente en niñas.
¿Por qué es peligroso normalizar el trabajo infantil en actividades como vender dulces en buses o cuidar a otros niños?
Normalizar estas situaciones desdibuja la línea entre lo aceptable y lo explotativo. Aunque parezca una forma de evitar conductas negativas, estos trabajos pueden afectar la educación del niño, exponerlo a riesgos físicos y emocionales, y perpetuar la idea de que su tiempo solo vale si produce dinero.
¿Cuáles son las peores formas de trabajo infantil que requieren atención prioritaria?
Las peores formas incluyen explotación sexual comercial, trabajos peligrosos como manejo de químicos, minería o carga pesada, reclutamiento por grupos armados, trata y servidumbre. Estas situaciones representan graves violaciones a los derechos del niño y requieren intervención urgente.
¿Cómo influye el género en el trabajo infantil doméstico no remunerado?
En muchas familias se asigna a las niñas desde muy temprano la responsabilidad del hogar: cocinar, limpiar, cuidar hermanos o acompañar adultos enfermos. Cuando estas tareas se vuelven rutina diaria y afectan su educación o descanso, constituyen trabajo infantil. Esta dinámica refleja una carga desigual basada en roles de género.
¿Qué factores sostienen el trabajo infantil en cadenas productivas agrícolas?
Factores como la tradición familiar mal entendida como aprendizaje, la dependencia económica diaria sin acceso a servicios estables ni ahorro, y sistemas de pago por volumen con intermediarios contribuyen al mantenimiento del trabajo infantil en el campo. Aunque ocurra lejos del entorno urbano, este problema está conectado con mercados urbanos más amplios.
