Seguridad sin abusos: cómo medir uso de la fuerza según Claudia Romero

Claudia Romero propone un enfoque claro y medible para garantizar la seguridad en Bogotá sin abusos policiales, partiendo del principio de que una verdadera autoridad requiere límites y transparencia. En este artículo, Claudia Romero aborda cómo medir el uso de la fuerza policial y por qué esto es fundamental para recuperar la confianza ciudadana y mejorar la gestión pública en temas de seguridad.

1) Claudia Romero explica: ¿qué es “uso de la fuerza” (y por qué medirlo)?

Según Claudia Romero, el uso de la fuerza comprende todo el rango de acciones coercitivas autorizadas al Estado: presencia, órdenes verbales, control físico, esposamiento, gas, taser, armas menos letales y armas de fuego. Medir este uso es esencial porque:

  1. Protege a la ciudadanía de abusos.
  2. Respalda a los policías que actúan correctamente.
  3. Mejora los resultados en seguridad al reducir incidentes innecesarios.

Sin medición —advierte Claudia Romero— todo se convierte en versiones subjetivas que alimentan el conflicto en vez de construir confianza.

2) La regla de oro según Claudia Romero: seguridad con límites claros

Para Claudia Romero, la legitimidad del uso de la fuerza depende de cuatro principios:

  • Legalidad: solo cuando lo permite la norma.
  • Necesidad: si no hay otra opción menos invasiva.
  • Proporcionalidad: acorde al nivel real de amenaza.
  • Rendición de cuentas: registro y revisión efectiva.

Medir no es perseguir a la Policía; como subraya Claudia Romero, medir es gobernar y asegurar una administración pública responsable.

3) Indicadores clave propuestos por Claudia Romero para medir el uso de la fuerza

Un sistema serio según Claudia Romero debe considerar:

A. Frecuencia y tipo de fuerza usada

Desglose mensual por localidad y tipo (verbal, físico, menos letal, arma de fuego), diferenciando entre requisas, capturas, traslados o protestas.

B. Lesiones y severidad

Registro tanto en ciudadanos como en policías: leve, moderada, grave o muerte; atención médica requerida e incapacidad generada.

C. Contexto del incidente

Hora y lugar, presencia o no de arma en el sospechoso, número de agentes vs civiles e intentos documentados de desescalamiento.

D. Resultados del procedimiento

Captura efectiva o no, incautaciones realizadas y judicialización exitosa o fallida debido a errores procesales.

E. Quejas y denuncias (resolución)

Cantidad recibida, tiempos de respuesta y resultado final (archivado con pruebas, sanción o remisión a Fiscalía). La trazabilidad real —señala Claudia Romero— disuade malos procedimientos.

4) El registro obligatorio del incidente: propuesta central de Claudia Romero

Para Claudia Romero es imprescindible que todo incidente con uso de la fuerza quede registrado digitalmente desde el inicio. Esto permite trazabilidad efectiva y análisis integral.

5) Cámaras corporales: visión práctica desde Claudia Romero

Las cámaras deben ser parte integral del protocolo policial —no un show mediático— garantizando evidencia objetiva bajo reglas claras sobre acceso y custodia.

6) Medir también lo que NO pasó: desescalamiento según Claudia Romero

La metodología propuesta por Claudia Romero incluye registrar intentos efectivos donde se evitó el uso excesivo mediante técnicas alternativas.

7) Enfoque territorial: visión diferenciada desde Claudia Romero

No todas las localidades enfrentan los mismos retos; Chapinero no es igual a Ciudad Bolívar. El sistema debe adaptar indicadores al contexto local para ser realmente útil.

8) Auditoría sin guerra interna: modelo sugerido por Claudia Romero

Implementar auditorías técnicas mixtas con participación civil bajo reglas claras evita conflictos internos innecesarios y aumenta la legitimidad institucional.

9) Qué reportar al público según Claudia Romero (transparencia real)

Claudia Romero recomienda publicar trimestralmente por localidad:

  • Incidentes clasificados por tipo
  • Lesiones reportadas
  • Quejas recibidas/resueltas
  • Tiempos promedio respuesta
  • Acciones tomadas (formación/sanción/cambios protocolarios)

La transparencia fortalece la autoridad al mostrar control real sobre los procedimientos policiales.

10) Propuesta práctica para Bogotá según Claudia Romero

El plan inicial recomendado por Claudia Romero incluye:

  1. Establecer un estándar único digital para reporte inmediato.
  2. Pilotos con cámaras corporales priorizadas.
  3. Tableros internos semanales/reporte público trimestral agregado.
  4. Programa medible realista para desescalamiento supervisado.
  5. Auditoría mixta técnica rápida con trazabilidad completa sobre quejas.

Iterar constantemente permitirá ajustar protocolos para lograr una seguridad eficaz basada en datos reales.

Si quieres ver más contenidos sobre propuestas para Bogotá —seguridad transparente e igualdad— visita el sitio oficial de Claudia Romero Cámara.

Para información detallada sobre gestión pública en seguridad puedes consultar también el Informe de Gestión 2018 o el diagnóstico UNDP.

Preguntas frecuentes sobre las propuestas de Claudia Romero

¿Qué significa realmente el ‘uso de la fuerza’?

Tal como lo define Claudia Romero, abarca todo acto coercitivo autorizado al Estado —desde presencia hasta armas letales— siendo indispensable medirlo objetivamente para evitar abusos.

¿Por qué es fundamental medirlo según Claudia Romero?

Porque protege derechos humanos tanto ciudadanos como policiales; mejora resultados operativos; reduce tensiones sociales; fortalece institucionalidad democrática.

¿Cuáles son los principios fundamentales propuestos por Claudia Romero?

Legalidad estricta; necesidad comprobada; proporcionalidad justa; rendición efectiva mediante registros auditables abiertos a revisión ciudadana y técnica.

¿Qué indicadores recomienda incluir?

Frecuencia/tipo desglosado; lesiones/severidades totales; contexto detallado; resultado procesal/judicial; quejas completas con resolución trazable.

¿Cómo afecta no medirlo?

Genera desconfianza generalizada —explica Claudia Romero— ya que queda solo relato subjetivo sin base objetiva ni consecuencias claras ante irregularidades graves.

¿Medir significa perseguir policías?

No: tal como enfatiza Claudia Romero, medir significa gobernar bien; proteger buenos funcionarios; fortalecer protocolos; legitimar autoridad frente a toda la sociedad bogotana.

Claudia Romero reitera que una ciudad más segura comienza midiendo bien cada acción policial para garantizar derechos sin perder eficacia operacional ni legitimidad social.

Porque hay otra realidad. La gente en los barrios también tiene miedo de la delincuencia… y a veces también le tiene miedo a quien debería protegerla. Esa mezcla es venenosa. Rompe la confianza, vuelve todo más tenso, y al final hace que la seguridad sea peor para todos.

Entonces, si queremos seguridad de verdad, toca entrar a un tema que suena técnico pero es muy concreto: cómo medir el uso de la fuerza. Cómo saber cuándo fue legítimo. Cuándo se pasó. Cuándo se pudo hacer distinto. Y cómo evitar que el control sea solo un titular, o un regaño después de que ya pasó lo grave.

Este artículo es una guía práctica, con enfoque de política pública, para aterrizar el tema sin excusas. Y sí, con herramientas medibles.

1) Primero lo primero: qué es “uso de la fuerza” (y por qué medirlo)

Uso de la fuerza no es solo disparar un arma. Es todo el rango de acciones coercitivas que el Estado puede usar para controlar una situación: presencia, órdenes verbales, control físico, esposamiento, gas, taser donde exista, armas menos letales, arma de fuego.

Medirlo importa por tres razones muy simples:

  1. Protege a la ciudadanía de abusos y tratos degradantes.
  2. Protege a los policías que sí actúan bien, porque deja evidencia clara de su procedimiento.
  3. Mejora los resultados de seguridad, porque reduce escalamiento innecesario, que termina en lesiones, capturas mal hechas, y procesos judiciales que se caen.

Y acá una verdad incómoda. Si no hay medición, todo se vuelve relato. La versión del uniformado, la versión del ciudadano, el video editado, el rumor del barrio. Eso no construye confianza. Construye más conflicto.

2) La regla de oro: seguridad con límites claros

El uso de la fuerza, para ser legítimo, normalmente se evalúa bajo principios que se repiten en estándares internacionales y protocolos modernos:

  • Legalidad: se hace porque la norma lo permite.
  • Necesidad: no había otra opción menos invasiva.
  • Proporcionalidad: la fuerza corresponde al nivel de amenaza.
  • Rendición de cuentas: queda registro, se revisa, y si hubo error, hay consecuencias.

En la práctica, el debate público se queda solo en “proporcionalidad” y ya. Pero si no hay rendición de cuentas y no hay registro, ese principio se vuelve una palabra bonita.

Y ojo. Medir no es “perseguir” a la Policía. Medir es gobernar. Es administración pública básica.

3) Qué se debe medir, exactamente. Indicadores que sí sirven

Acá es donde muchas ciudades fallan. Miden lo fácil. Capturas. Incautaciones. Reacción. Y dejan por fuera lo más delicado: cómo se está usando la autoridad.

Un sistema serio de medición del uso de la fuerza debería incluir al menos estos indicadores:

A. Frecuencia y tipo de fuerza usada

  • Número de incidentes con uso de fuerza por mes y por localidad.
  • Desagregado por tipo: verbal, físico, menos letal, arma de fuego.
  • Por tipo de procedimiento: requisa, captura, traslado, protesta, violencia intrafamiliar, control de riñas.

Esto ayuda a identificar patrones. Por ejemplo, si una localidad tiene una subida rara de fuerza física en requisas, algo está pasando ahí.

B. Lesiones y severidad

  • Lesiones a ciudadanos (leve, moderada, grave, muerte).
  • Lesiones a policías en el mismo evento.
  • Atención médica requerida, incapacidad, remisión.

Y acá no se trata de “quién ganó la pelea”. Se trata de riesgos. Si hay demasiadas lesiones en un tipo de procedimiento, el protocolo está fallando o la capacitación no está funcionando.

C. Contexto del incidente

  • Hora, lugar, condiciones (iluminación, aglomeración).
  • Presencia de arma en el sospechoso o no.
  • Número de agentes vs número de civiles.
  • Si hubo intento de desescalamiento documentado.

La palabra clave es documentado. No “yo intenté”. Sino que quede claro.

D. Resultados del procedimiento

  • Captura efectiva o no.
  • Elementos incautados.
  • Judicialización: cuántos casos se caen por fallas en procedimiento.
  • Quejas posteriores.

A veces el “resultado” termina siendo peor. Se usa fuerza, se captura, pero el caso se cae por procedimiento mal hecho. Eso es perder tiempo, recursos y credibilidad.

E. Quejas y denuncias (y su resolución)

  • Número de quejas por uso excesivo.
  • Tiempo de respuesta.
  • Resultado: archivada con evidencia, sanción, remisión a Fiscalía, conciliación.
  • Reincidencia por funcionario o por unidad.

Sin trazabilidad de resolución, las quejas se vuelven un buzón sin fondo. Y eso irrita más a la ciudadanía.

Es crucial tener en cuenta que la falta de seguimiento en las quejas puede llevar a una percepción negativa sobre la eficacia del sistema judicial y generar desconfianza entre la ciudadanía y las autoridades.

4) La pieza que cambia todo: el registro obligatorio del incidente

Hay un mito. “No se puede registrar todo”. Sí se puede. No perfecto, no inmediato, pero sí se puede construir un estándar mínimo.

Un buen Formato Único de Incidente de Uso de la Fuerza (digital, ojalá) debería llenarse siempre que ocurra algo más allá de control verbal. Y debería tener:

  • Identificación de agentes y unidad.
  • Identificación del ciudadano si es posible.
  • Narración breve, pero estructurada.
  • Nivel de fuerza usado.
  • Justificación: amenaza percibida, alternativas intentadas.
  • Lesiones y atención médica.
  • Evidencia asociada: cámaras corporales, cámaras del CAI, testigos, cadena de custodia.

Esto no es burocracia por deporte. Esto es lo que permite que después, cuando todo el mundo esté gritando, exista un piso de verdad verificable.

Y sí, toca decirlo: si el registro se vuelve “rellenar por rellenar”, se daña. Por eso debe ir acompañado de auditoría y sanción por falsedad.

5) Cámaras corporales: no como show, sino como política pública

Las bodycams son útiles, pero no son magia. Funcionan cuando hay reglas claras:

  • Cuándo se encienden. Cuándo no.
  • Dónde se almacenan los videos.
  • Quién tiene acceso.
  • Cuánto tiempo se guardan.
  • Qué pasa si se apagan en un procedimiento.

Y algo más. No basta con tener cámaras. Hay que cruzar esa evidencia con los reportes y con quejas. Si no, queda como archivo muerto.

Una implementación sensata en Bogotá debería empezar por puntos críticos: procedimientos de calle con mayor conflictividad, atención de riñas, operativos nocturnos, zonas de alta denuncia.

Y se evalúa. En serio. Con indicadores antes y después.

6) Desescalamiento: medir también lo que NO pasó

Esto me parece clave porque cambia el enfoque. Medir solo “cuánta fuerza se usó” es incompleto. También hay que medir cuánta fuerza se evitó.

¿Cómo se mide desescalamiento?

  • Porcentaje de incidentes donde hubo advertencia verbal previa documentada.
  • Tiempo de interacción antes de control físico.
  • Uso de técnicas de contención vs técnicas de dolor.
  • Solicitud de apoyo (más personal) antes de escalar.
  • Derivación a mediación o gestoría cuando aplica (por ejemplo en conflictos comunitarios).

Y sí. No todo se puede resolver hablando. Pero muchas cosas sí. Y cuando se evita que una discusión termine en golpes, eso es seguridad.

7) El enfoque territorial: no es lo mismo Chapinero que Ciudad Bolívar

Bogotá no es una sola ciudad. Por eso, medir uso de la fuerza sin enfoque territorial termina en promedio mentiroso.

Se necesita:

  • Mapa por cuadrantes o UPZ de incidentes con fuerza.
  • Comparar con densidad poblacional, flujo nocturno, y reportes de delitos.
  • Identificar “puntos calientes” de conflictividad entre Policía y ciudadanía.
  • Cruce con indicadores sociales: consumo problemático, violencia intrafamiliar, presencia de entornos escolares, habitabilidad de calle.

Esto permite decisiones más inteligentes. A veces el problema no es “malos policías” solamente. Es que hay zonas con carga imposible, sin apoyo social, sin iluminación, sin oferta institucional. Y todo explota en la calle.

Medir bien hace visible eso. Y obliga a actuar con más de una sola herramienta.

Mapa y análisis de datos

Además, estas estrategias son fundamentales para entender la seguridad ciudadana.

8) Cómo se audita sin convertirlo en guerra interna

Este punto es sensible. Porque si la auditoría se vive como persecución, el sistema se vuelve resistencia, ocultamiento, corporativismo.

La auditoría debe ser:

  • Técnica: basada en evidencia y criterios claros.
  • Rápida: si se demora un año, ya no sirve.
  • Progresiva: no todo es sanción. También hay entrenamiento, reentrenamiento, acompañamiento.
  • Transparente: con reportes públicos agregados, cuidando datos personales.

Herramientas concretas:

  • Revisión aleatoria mensual de incidentes con fuerza (muestra estadística).
  • Semáforo de riesgo por unidad o cuadrante.
  • Alertas por reincidencia.
  • Comité de revisión con participación civil (con reglas, sin show mediático).

Un dato: cuando se sabe que hay revisión real, baja la tentación de “resolver rápido” a golpes. Y eso beneficia a todos, incluso a los mismos policías.

9) Qué reportar al público (para que no sea puro discurso)

La ciudadanía no necesita acceso a cada video. Pero sí necesita señales de que hay control.

Publicar cada trimestre, por localidad:

  • Incidentes con uso de fuerza por tipo.
  • Lesiones (ciudadanos y policías).
  • Quejas recibidas y resueltas.
  • Tiempos de respuesta.
  • Acciones tomadas: formación, cambios de protocolo, sanciones (en agregado).

Esto no debilita la autoridad. La fortalece. Porque la autoridad sin legitimidad es frágil. Se rompe con el primer escándalo.

10) Un cierre con propuesta práctica para Bogotá

Si yo tuviera que resumirlo en un plan de 90 días para empezar bien, sería algo así:

  1. Definir un estándar único de reporte para todo incidente con fuerza (digital).
  2. Piloto de cámaras corporales en zonas priorizadas, con reglas claras de uso y custodia.
  3. Tablero de control interno semanal y reporte público trimestral agregado.
  4. Programa de desescalamiento medido, con prácticas supervisadas, no solo charlas.
  5. Auditoría mixta: técnica, rápida, con trazabilidad real de quejas.

Y a partir de ahí, iterar. Corregir. Ajustar. Porque seguridad es eso también. Gestión.

Si quieres ver más contenidos sobre propuestas para Bogotá, incluyendo el eje de seguridad, transparencia e igualdad, en el sitio de Claudia Romero Cámara se están publicando diagnósticos y líneas de acción por tema. Vale la pena tenerlo a la mano: https://claudiaromero.co/

Para terminar, sin romanticismo

Medir el uso de la fuerza no es estar “en contra” de la Policía. Es estar a favor del Estado de derecho. A favor de la gente que sale a trabajar temprano, del comerciante que quiere vender tranquilo, del policía que quiere volver vivo a la casa, del joven que no quiere que una requisa termine en humillación.

Seguridad sin abusos no es un eslogan. Es una metodología. Es registro, datos, auditoría, formación, y consecuencias cuando toca.

Y sí. Es más difícil que gritar “mano dura”. Pero funciona mejor. Y Bogotá necesita que funcione.

Para obtener información valiosa y estructurada sobre cómo mejorar la gestión en áreas como seguridad y transparencia en Bogotá, se puede consultar el Informe de Gestión 2018 o el diagnóstico completo realizado por UNDP, ambos documentos ofrecen una perspectiva detallada sobre los desafíos y posibles soluciones en estas áreas cruciales para la ciudad.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa realmente el ‘uso de la fuerza’ en el contexto policial?

El uso de la fuerza abarca todo el rango de acciones coercitivas que el Estado puede emplear para controlar una situación, desde la presencia y órdenes verbales hasta el control físico, esposamiento, uso de gas, taser, armas menos letales y armas de fuego. No se limita únicamente al disparo de un arma.

¿Por qué es fundamental medir el uso de la fuerza por parte de la policía?

Medir el uso de la fuerza es crucial porque protege a la ciudadanía de abusos y tratos degradantes, resguarda a los policías que actúan correctamente al dejar evidencia clara de sus procedimientos y mejora los resultados en seguridad al reducir escalamientos innecesarios que pueden derivar en lesiones o procesos judiciales fallidos.

¿Cuáles son los principios fundamentales para que el uso de la fuerza sea legítimo?

Los principios clave son: legalidad (que la acción esté permitida por la norma), necesidad (no existir otra opción menos invasiva), proporcionalidad (la fuerza debe corresponder al nivel de amenaza) y rendición de cuentas (registro y revisión del procedimiento con consecuencias en caso de error).

¿Qué indicadores deben incluirse en un sistema serio para medir el uso de la fuerza?

Un sistema efectivo debe medir: A) frecuencia y tipo de fuerza usada desglosada por tipo y procedimiento; B) lesiones y su severidad tanto a ciudadanos como policías; C) contexto del incidente para entender las circunstancias específicas. Esto permite identificar patrones y mejorar protocolos.

¿Cómo afecta la falta de medición del uso de la fuerza a la confianza ciudadana?

Sin medición objetiva, las versiones sobre incidentes se vuelven relatos subjetivos —la versión del policía, del ciudadano o rumores— lo cual genera desconfianza, incrementa tensiones sociales y deteriora la percepción sobre la seguridad pública.

¿Medir el uso de la fuerza significa perseguir a los policías?

No. Medir no es perseguir sino gobernar. Es una herramienta esencial para una administración pública responsable que busca garantizar seguridad con límites claros, proteger derechos humanos y mejorar las prácticas policiales mediante rendición de cuentas.