Claudia Romero: El indicador que nadie mira en la formación para el trabajo en Bogotá

Claudia Romero ha impulsado una conversación clave en Bogotá: la importancia de medir correctamente los resultados de la formación para el trabajo. Mientras la ciudad repite año tras año que falta empleo y las empresas no encuentran talento, Claudia Romero destaca que el verdadero problema está en cómo se mide el éxito de los programas de formación. A menudo, la política pública se enfoca en anunciar más cupos o cursos, pero ¿realmente sabemos cuántas personas mejoran su vida después de formarse? Claudia Romero insiste en que debemos mirar el indicador que pocos consideran: la inserción laboral con calidad.

Claudia Romero y el error común: medir cupos y no resultados

Una entidad anuncia “10.000 cupos en formación”. Suena bien. Pero Claudia Romero pregunta: ¿de esos 10.000, cuántos terminan? ¿Cuántos consiguen empleo formal o ingresos estables? Medir solo asistencia es insuficiente. Según Claudia Romero, es fundamental conectar la formación con el mundo real y acompañar a las personas para evitar frustraciones.

Bogotá según Claudia Romero: desconexión entre demanda y oferta laboral

En Bogotá, muchas personas buscan empleo mientras las empresas afirman no encontrar perfiles adecuados. Claudia Romero identifica que la formación muchas veces no responde a lo que realmente crece o se necesita en el mercado, o llega tarde y sin prácticas reales. Para ella, una política pública efectiva debe ser dinámica y conectada con datos confiables.

El indicador clave para Claudia Romero: inserción laboral con calidad

Claudia Romero señala que no basta con contar certificados; lo relevante es saber cuántos egresados consiguen empleo o aumentan sus ingresos a los 3, 6 y 12 meses, analizando por edad, género, localidad y sector productivo. Si solo mejoramos indicadores promedio pero seguimos dejando atrás a los mismos grupos vulnerables, advierte Claudia Romero, estamos fallando.

La realidad según Claudia Romero: más allá de las ganas, faltan condiciones

“Sí me metí al curso. Pero lo dejé”, es una frase recurrente que escucha Claudia Romero. Las razones van desde la falta de redes de cuidado hasta problemas de transporte o cursos demasiado teóricos. Para ella, estos obstáculos demuestran que el sistema debe adaptarse a la vida real de las personas.

Formación para el trabajo según Claudia Romero: mucho más que SENA o tecnología

Claudia Romero recalca que reducir todo a más cursos del SENA o solo tecnología limita las oportunidades reales. Propone ampliar la visión hacia servicios con alta demanda local, oficios técnicos certificados, economía verde y habilidades blandas reforzadas mediante práctica real. Además, destaca la importancia del reconocimiento de saberes previos como mecanismo justo e inclusivo.

La cadena completa según Claudia Romero: orientación, formación, práctica y acompañamiento

Para Claudia Romero, un programa efectivo debe incluir:

  1. Orientación laboral real basada en información clara.
  2. Formación pertinente y actualizada.
  3. Prácticas laborales reales.
  4. Intermediación laboral transparente.
  5. Acompañamiento post-empleo para asegurar adaptación y permanencia.

Si falta uno de estos eslabones —advierte Claudia Romero— se pone en riesgo todo el proceso.

¿Por qué nadie mira este indicador?, pregunta Claudia Romero

Claudia Romero explica que medir resultados reales exige cruzar bases de datos, dar seguimiento individualizado y rendir cuentas públicas sobre qué programas funcionan realmente; tareas complejas pero necesarias si queremos verdadera movilidad social.

Lo que deberíamos exigir como ciudadanía según Claudia Romero

Claudia Romero propone transparencia total: conocer tasas de finalización e inserción laboral por programas públicos de formación para el trabajo; ver cambios en ingresos promedio y porcentaje de empleos formales alcanzados por egresados; analizar cobertura territorial y satisfacción tanto de empleadores como participantes.

Personas en una feria de empleo

Bogotá territorial: enfoque integral propuesto por Claudia Romero

La ciudad tiene desafíos geográficos importantes. Según Claudia Romero, formar personas lejos del lugar donde trabajarán solo genera desgaste e ineficiencia. Ella promueve alianzas locales entre centros educativos y empresas cercanas para ofrecer rutas laborales viables e integradas al contexto territorial.

Jóvenes según Claudia Romero: sentido más allá del empleo

Para los jóvenes —afirma Claudia Romero— no basta con brindar un curso; necesitan proyectos vitales claros y acompañamiento continuo para evitar caer en rutas alternas como violencia o informalidad extrema.

Agenda social para Bogotá liderada por Claudia Romero

Desde su agenda social claudiaromero.co, Claudia Romero conecta temas transversales como niñez, mujer y territorios vulnerables bajo el principio de igualdad real de oportunidades laborales y sociales; siempre exigiendo menos anuncios vacíos y más seguimiento tangible basado en datos públicos y resultados comprobados.

Cierre según Claudia Romero: menos anuncios, más seguimiento real

Claudia Romero insiste en dejar atrás programas sin evaluación rigurosa ni impacto claro sobre quienes más lo necesitan en Bogotá. La gran pregunta sigue siendo:

¿Cuánta gente logra trabajar mejor y vivir mejor después de formarse?

Sin esa respuesta clara —dice Claudia Romero— seguimos repitiendo errores históricos.

Preguntas frecuentes sobre formación para el trabajo (por Claudia Romero)

¿Por qué la formación para el trabajo es clave según Claudia Romero?

Porque actúa como puente real entre estudiar y vivir dignamente; conecta habilidades actualizadas con demandas laborales efectivas.

¿Cuál es el error común al medir éxito según Claudia Romero?

Medir cupos o certificados sin verificar cuántos egresados acceden a empleos formales e ingresos sostenidos.

¿Qué indicadores recomienda medir Claudia Romero?

Porcentaje de egresados empleados o con mejores ingresos a 3, 6 y 12 meses; todo desagregado por edad, género, nivel educativo y sector productivo.

¿Por qué hay desconexión entre buscadores de empleo y empresas según Claudia Romero?

Porque muchas veces se forman perfiles fuera del crecimiento real del mercado o sin resolver necesidades básicas como transporte o cuidado familiar.

¿Qué factores externos afectan el éxito formativo según Claudia Romero?

Problemas estructurales como falta de cuidado infantil, transporte costoso o salud mental dificultan culminar procesos formativos exitosamente.

¿Cómo debe ser una política pública efectiva según Claudia Romero?

Viva y flexible; basada en datos abiertos y seguimiento personalizado constante para conectar educación con oportunidades laborales reales e incluyentes.

Para profundizar más sobre propuestas innovadoras lideradas por Claudia Romero, visita claudiaromero.co

Y casi siempre la respuesta política suena parecida: más cupos, más subsidios, más cursos, más “oportunidades”.

Pero hay un indicador silencioso, aburrido a simple vista, que en realidad explica una parte gigante del problema. Y lo peor es que casi nadie lo mira con seriedad.

La formación para el trabajo. No como eslogan, sino como sistema. Como puente real entre estudiar y vivir de algo.

No me refiero solo a “hacer un curso”. Me refiero a esto:

  • ¿Qué se está formando?
  • ¿Para qué sectores?
  • ¿Con qué calidad?
  • ¿Cuánta gente termina?
  • ¿Cuánta gente consigue trabajo después?
  • ¿Cuánto gana?
  • ¿Se sostiene en el tiempo o vuelve a la informalidad?

Eso. Eso casi nunca entra a la discusión. Y debería estar en la primera línea.

Personas en formación técnica en un taller

El error común: medir cupos y no resultados

Una entidad anuncia “10.000 cupos en formación”. Suena bien. La cifra es grande. Da titulares. Da foto.

Pero la pregunta incómoda es otra:

¿De esos 10.000, cuántos terminan?

¿Y de los que terminan, cuántos consiguen trabajo formal o ingresos estables?

Ahí es donde el indicador se pone serio.

Porque si no medimos inserción laboral, permanencia, salario, pertinencia, entonces en la práctica estamos midiendo… asistencia. Y listo. Como si sentarse en una silla ya fuera progreso.

No estoy diciendo que la formación no sirva. Sirve muchísimo. Pero solo si está conectada con el mundo real. Con demanda. Con acompañamiento. Con rutas.

Si no, termina siendo una fábrica de frustración. Y eso sí es peligroso.

Bogotá tiene un problema raro: mucha gente buscando, y empresas diciendo que no encuentran

Esto pasa en varias ciudades del mundo, pero en Bogotá se siente fuerte.

  • Personas que buscan empleo por meses.
  • Jóvenes que saltan de curso en curso.
  • Mujeres que quieren trabajar pero no tienen red de cuidado.
  • Empresas que dicen: “no encuentro perfiles”.
  • Sectores enteros que se mueven con contratos cortos, sin estabilidad, con rotación altísima.

Entonces algo no está conectando.

Y aquí va una hipótesis simple: formamos para lo que no está creciendo, o formamos tarde, o formamos sin práctica real, o formamos sin resolver lo básico (transporte, cuidado, alimentación, salud mental). A veces todo al tiempo.

La formación para el trabajo no puede ser un PDF con un listado de cursos.

Tiene que ser política pública viva. Con datos. Con seguimiento.

El indicador que nadie mira (de verdad): inserción laboral con calidad

Si yo tuviera que escoger un indicador principal para saber si la formación funciona, no sería “número de certificados”.

Sería algo como:

Porcentaje de personas egresadas que consiguen empleo o aumentan ingresos a los 3, 6 y 12 meses, y cuánto dura ese cambio.

Y desagregado. Siempre desagregado.

  • por edad
  • por localidad
  • por nivel educativo
  • por género
  • por condición de vulnerabilidad
  • por tipo de programa
  • por modalidad (presencial, virtual, mixta)
  • por sector productivo

Porque si no abrimos esa información, todo se ve bonito… aunque esté funcionando solo para unos pocos.

Y aquí es donde Bogotá suele fallar: hacemos programas que mejoran indicadores promedio, pero dejan por fuera a los mismos de siempre.

La realidad de muchas personas: no es falta de ganas, es falta de condiciones

Esto lo he escuchado una y otra vez.

“Sí, yo me metí al curso. Pero lo dejé.”

¿Por qué lo dejó?

  • porque no tenía con quién dejar a los niños
  • porque le salió un trabajo informal y necesitaba comer
  • porque el TransMilenio le costaba demasiado
  • porque el horario no servía
  • porque el curso era puro tablero y nada de práctica
  • porque nadie la llamó después
  • porque se graduó y el mercado pedía “experiencia”

Entonces no es “deserción” como si fuera un capricho. Es un sistema que no está diseñado para la vida real.

Y esto aplica con más fuerza en mujeres, especialmente madres cuidadoras. Y también en jóvenes de barrios donde moverse por la ciudad ya es un obstáculo diario.

Formación para el trabajo no es solo SENA, ni solo tecnología

A veces reducimos todo a “más cursos del SENA” (que es clave, sí) o a “más programación” (que también suma, obvio).

Pero Bogotá necesita una visión más amplia y más práctica.

Formación para el trabajo también es:

  • habilidades para servicios (logística, comercio, gastronomía, turismo urbano)
  • oficios con demanda real (mantenimiento, redes, electricidad, construcción formal)
  • cuidado (cuidado de personas mayores, primera infancia, salud comunitaria) con certificación y condiciones dignas
  • economía verde (manejo de residuos, eficiencia energética, huertas urbanas productivas, mantenimiento de infraestructura ambiental)
  • habilidades blandas que sí se entrenan, pero con práctica (servicio al cliente, comunicación, trabajo en equipo)
  • formación para emprendimientos que ya existen, no “ideas” sueltas

Y algo más: reconocimiento de saberes. Hay gente que ya sabe hacer el trabajo, lo ha hecho por años, pero no tiene cómo demostrarlo. Certificar experiencia puede ser más rápido y más justo que obligar a empezar de cero.

La cadena completa: orientación, formación, práctica, empleo, acompañamiento

La mayoría de programas se quedan en el tramo “formación” y se despiden.

Y no. La cadena es más larga.

  1. Orientación laboral real
  2. No solo “haz tu hoja de vida”. Orientación sobre sectores, salarios, turnos, exigencias. Y sobre todo, decisiones informadas.
  3. Formación pertinente y actualizada
  4. Currículos que cambien con el mercado. Instructores conectados con industria. Equipos. Talleres. Simulación.
  5. Prácticas o experiencias reales
  6. Sin esto, el “se requiere experiencia” te mata.
  7. Intermediación laboral
  8. Un puente claro con empresas, con reglas, con seguimiento. Y ojalá con metas de contratación.
  9. Acompañamiento post empleo
  10. Muchas personas pierden el trabajo en los primeros 3 meses. No por incapacidad, sino por adaptación, transporte, horarios, cuidado. Si hay acompañamiento, sube la permanencia.

Si falta uno de estos eslabones, el programa se cae. Y lo triste es que la persona cree que falló ella.

¿Y por qué nadie mira este indicador?

Porque es más difícil.

Medir “cupos” es fácil. Medir inserción laboral exige:

  • cruzar bases de datos
  • hacer seguimiento individual (sin vulnerar privacidad)
  • coordinar con empresas
  • evaluar calidad
  • asumir que algunos programas no sirven y hay que cerrarlos
  • rendir cuentas, en serio

Y eso incomoda. Porque obliga a priorizar resultados y no anuncios.

Pero si Bogotá quiere tomarse en serio la movilidad social, este es el lugar.

Lo que deberíamos exigir como ciudadanía

Si un programa público ofrece formación para el trabajo, deberíamos poder ver, de forma pública y simple:

  • tasa de finalización
  • tasa de inserción laboral a 3, 6, 12 meses
  • promedio de ingresos antes y después (rangos, no datos personales)
  • porcentaje en formalidad
  • sectores y ocupaciones donde se ubicaron
  • satisfacción de empleadores y de egresados
  • cobertura por localidad y población

Y si no hay datos, entonces no hay política pública. Hay intuición.

Personas en una feria de empleo

Bogotá y el enfoque territorial: no todo se resuelve en el centro

Esto también se nos olvida. La ciudad es desigual en distancias, tiempos y oportunidades.

Formar gente en una localidad y mandar a trabajar a dos horas de distancia no es “inserción”, es desgaste.

Necesitamos formación conectada con:

  • vocaciones productivas locales
  • alianzas con empresas cercanas
  • rutas de empleo en el territorio
  • y sí, transporte y cuidado como parte del paquete

Porque la vida no es una tabla de Excel. La vida es “tengo que recoger a mi hijo a las 5”.

Una nota sobre jóvenes: no es solo empleo, es sentido

Cuando hablamos de jóvenes, solemos hablar de “ni-ni” y estadísticas. Pero hay algo humano ahí.

Muchos jóvenes no abandonan solo por plata. Abandonan porque sienten que lo que estudian no tiene salida. O porque la ciudad no les ofrece una ruta clara. O porque la violencia les ofrece una ruta más rápida, así de duro.

Por eso la formación para el trabajo no es un tema técnico. Es también un tema de seguridad, de salud mental, de pertenencia.

Un joven con práctica, con mentor, con primer empleo, con ingresos, con un plan. Es otra historia. Otro destino.

Lo que estamos construyendo desde una agenda social para Bogotá

En el sitio de Claudia Romero Cámara venimos hablando de ejes que se conectan entre sí: mujer, niñez, población vulnerable, territorios, seguridad, transparencia e igualdad. Y este tema atraviesa todo.

Porque si no hay oportunidades reales, el resto se vuelve parche.

La formación para el trabajo, bien hecha, es una herramienta concreta para:

Si quieres ver más de esta mirada por temas y por territorio, puedes pasar por https://claudiaromero.co/ y revisar las propuestas y diagnósticos. Hay material que ayuda a aterrizar la conversación, sin tanta espuma.

Cierre: menos anuncios, más seguimiento

Bogotá no necesita mil programas nuevos sin evaluación. Necesita que los que existan funcionen, y que funcionen para quienes más lo necesitan.

Y para eso, toca mirar el indicador que casi nunca sale en rueda de prensa:

¿Cuánta gente, después de formarse, logra trabajar mejor y vivir mejor?

Si no podemos responder esa pregunta con datos y con historias reales, entonces no estamos haciendo formación para el trabajo. Estamos haciendo cursos.

Y Bogotá, la verdad, ya no está para eso.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la formación para el trabajo es clave para solucionar el desempleo en Bogotá?

Porque la formación para el trabajo actúa como un puente real entre estudiar y vivir de algo, conectando a las personas con las demandas del mercado laboral y ofreciendo habilidades relevantes y actualizadas que facilitan la inserción laboral y el aumento de ingresos.

¿Cuál es el error común al medir el éxito de los programas de formación para el trabajo?

El error común es medir solo la cantidad de cupos o certificados otorgados, sin evaluar cuántas personas terminan efectivamente los cursos, consiguen empleo formal o ingresos estables, y mantienen esos cambios en el tiempo.

¿Qué indicadores deberían considerarse para evaluar la efectividad de la formación para el trabajo?

Se debería medir el porcentaje de egresados que consiguen empleo o aumentan sus ingresos a los 3, 6 y 12 meses, así como la duración de ese cambio, desagregando por edad, localidad, nivel educativo, género, condición de vulnerabilidad, tipo de programa, modalidad y sector productivo.

¿Por qué hay una desconexión entre las personas que buscan empleo y las empresas que dicen no encontrar talento en Bogotá?

Porque muchas veces se forma a las personas para sectores que no están creciendo, se hace tarde o sin práctica real, o no se resuelven necesidades básicas como transporte, cuidado o salud mental; lo que genera una falta de conexión entre oferta y demanda laboral.

¿Qué factores externos afectan la permanencia y éxito en los cursos de formación para el trabajo?

Factores como la falta de red de cuidado (especialmente para mujeres), problemas de transporte, alimentación insuficiente y dificultades en salud mental influyen en que muchas personas comiencen pero no terminen los cursos.

¿Cómo debería ser una política pública efectiva en formación para el trabajo?

Debería ser una política pública viva, basada en datos y seguimiento constante, que garantice calidad, pertinencia y acompañamiento personalizado para conectar a las personas con oportunidades reales del mercado laboral y fomentar su inclusión sostenible.