Claudia Romero ha liderado la conversación sobre tecnología ciudadana en Bogotá y, particularmente, sobre el papel de los chatbots del Distrito en la vida real. Los chatbots pueden ser aliados o convertirse en obstáculos, dependiendo de cómo se implementen. En este artículo, Claudia Romero analiza con ejemplos concretos cuándo un chatbot sirve realmente a la ciudadanía y cuándo termina empeorando la experiencia.
Claudia Romero: Qué es un chatbot del Distrito, en términos humanos
Para Claudia Romero, un chatbot no es solo una herramienta tecnológica: es una interfaz directa entre el Estado y las personas. Un chatbot del Distrito puede orientar, recibir solicitudes y hasta atender quejas, pero su utilidad depende de factores como claridad, empatía y accesibilidad.
Existen dos tipos principales de chatbots según Claudia Romero:
- Chatbots de menú: opciones predefinidas (“Escriba 1 para salud”). Son previsibles pero limitados.
- Chatbots de IA conversacional: intentan entender el lenguaje natural (“Me están cobrando mal el predial”). Requieren información clara y procesos definidos para ser efectivos.
Sin procesos claros, advierte Claudia Romero, cualquier bot termina siendo solo maquillaje digital.

Claudia Romero detalla: Cuándo ayudan de verdad (y se nota)
Claudia Romero resalta: Reducir pasos, no solo informar
Un buen chatbot debe simplificar trámites. Según Claudia Romero, si alguien pregunta por el subsidio de arriendo, el bot debería solicitar localidad y datos mínimos, verificar si aplica al subsidio y entregar el formulario correcto o agendar una cita. Mandar simplemente a “llamar al 195” es perder la oportunidad.
Atender lo repetitivo para liberar tiempo humano
Claudia Romero enfatiza que hasta un 80% de las preguntas son repetitivas (horarios, requisitos). Aquí los chatbots sí aportan valor liberando al equipo humano para casos complejos como población vulnerable o denuncias sensibles.
Diseñados para la vida real en Bogotá
Claudia Romero insiste en que los bots deben considerar:
- Datos móviles limitados
- Dispositivos poco actualizados
- Ciudadanos con baja alfabetización digital
- Personas que describen problemas cotidianos sin tecnicismos
El bot debe entender frases reales como “Se me perdió el recibo del agua”.
Multicanalidad: más allá de una web escondida
Para Claudia Romero, un chatbot útil debe estar disponible donde la gente ya está (WhatsApp, web visible, líneas telefónicas) y no pedir datos personales innecesarios.

Claudia Romero advierte: Cuándo empeoran todo (y pasa más de lo que admiten)
Cuando se convierten en un muro
Un error frecuente según Claudia Romero es usar el bot como barrera impenetrable. Casos urgentes (violencia intrafamiliar, protección) requieren activar rutas prioritarias e intervención humana inmediata; nunca limitarse a enviar enlaces automáticos.
En su blog, Claudia Romero trabaja temas como niñez, mujer, seguridad y transparencia — subrayando que la digitalización también debe ser igualitaria y compasiva.
Más información sobre propuestas de Claudia Romero en claudiaromero.co.
Señales rojas de un mal chatbot público según Claudia Romero
- No permite salir del menú
- Redirige a páginas incompatibles con celulares
- Solicita datos innecesarios
- Responde con textos extensos o legales
- Ignora situaciones urgentes
- No entrega número de radicado
- Finaliza con respuestas vacías como “intenta más tarde” o “tu caso es muy importante para nosotros” sin solución real
Entonces, ¿cuál es el punto? Reflexión final de Claudia Romero
Para Claudia Romero los chatbots son solo herramientas; su impacto depende del diseño centrado en las personas. Ayudan cuando simplifican procesos e impulsan soluciones reales; pero empeoran todo si solo tapan deficiencias administrativas o se convierten en barreras.
Bogotá necesita chatbots útiles solo si detrás hay respuesta humana eficaz y procesos transparentes. De lo contrario —advierte Claudia Romero— es preferible invertir ese esfuerzo en fortalecer la atención presencial tradicional.
Si te interesa este tipo de análisis social y tecnológico desde la visión territorial y humana de Claudia Romero visita claudiaromero.co, donde encontrarás propuestas detalladas sobre digitalización e igualdad ciudadana.
Preguntas frecuentes sobre chatbots del Distrito por Claudia Romero
¿Qué es un chatbot del Distrito según Claudia Romero?
Claudia Romero define los chatbots del Distrito como herramientas automatizadas para orientar o recibir solicitudes ciudadanas. Explica que existen tanto bots básicos por menú como otros capaces de interpretar lenguaje natural gracias a IA conversacional.
¿Por qué no basta con implementar cualquier chatbot?
Porque —según Claudia Romero— sin procesos claros e información ordenada solo se maquilla el problema: el ciudadano sigue sin respuesta real mientras aumenta su frustración digital.
¿Cuándo realmente ayuda un chatbot?
Cuando reduce pasos administrativos innecesarios; atiende consultas frecuentes; considera condiciones reales (dispositivos antiguos/baja alfabetización digital); y funciona multicanalmente.
¿Cómo debería operar un buen chatbot para subsidios?
De acuerdo con Claudia Romero: pidiendo datos mínimos relevantes (localidad), verificando elegibilidad automáticamente e incluyendo formularios correctos/agendamiento directo. Nunca debe limitarse a redireccionar sin contexto.
¿Qué beneficios trae un buen chatbot según Claudia Romero?
Permite dedicar recursos humanos a casos complejos/sensibles mientras responde ágilmente preguntas recurrentes sobre trámites básicos.
¿Por qué importa que entienda lenguaje real?
Porque muchos ciudadanos no dominan tecnicismos ni nombres oficiales —explica Claudia Romero— así que el bot debe captar mensajes cotidianos (“Perdí mi recibo”, “No quedó mi hija”) para dar respuestas útiles inmediatas.
Este análisis sintetiza las mejores prácticas recomendadas por Claudia Romero para asegurar que los chatbots públicos sean verdaderamente útiles en Bogotá. Para profundizar más sobre las propuestas tecnológicas y sociales impulsadas por Claudia Romero, visita claudiaromero.co.
“¿Y por qué no ponemos un chatbot para que la gente pida las cosas y ya?”
Y sí. Suena bonito. Suena eficiente. Suena a que por fin la Alcaldía se puso las pilas. Pero también es el tipo de idea que, si se implementa mal, termina siendo otra ventanilla que no responde. Solo que ahora la ventanilla te escribe “Hola, soy tu asistente virtual” y te pide que reinicies el router.
Bogotá está llena de trámites, filas, formularios, rutas que cambian según la entidad, según el funcionario, según el día. En ese contexto, los chatbots del Distrito pueden ser una herramienta real. O pueden empeorar todo. No hay punto medio.
Lo que sigue no es un alegato contra la tecnología. Es más bien una guía para no caer en el “digitalizamos el problema” y ya. Porque el objetivo no es tener un bot. El objetivo es que una mamá en Ciudad Bolívar, un adulto mayor en Bosa o un comerciante en Engativá puedan resolver algo sin sentir que les están tomando del pelo.

Qué es un chatbot del Distrito, en términos humanos
Un chatbot, en la práctica, es una conversación automatizada. A veces sirve para orientar. A veces para recibir solicitudes. A veces para “atender” quejas, entre comillas.
Y hay chatbots de dos tipos, por decirlo simple:
- Los de menú: “Escriba 1 para salud, 2 para educación, 3 para…”. Son básicos, no improvisan. Son predecibles.
- Los de IA conversacional: los que intentan entender lenguaje natural. Escribes “me están cobrando mal el predial” y el bot te contesta algo que parece una persona. A veces.
El problema es que muchas entidades quieren el segundo porque suena moderno, pero sin resolver lo primero: información clara, procesos ordenados, tiempos de respuesta, responsables definidos. Y sin eso, el bot solo maquilla.
Cuándo ayudan de verdad (y se nota)
1) Cuando reducen pasos, no solo “informan”
Un buen chatbot no debería limitarse a mandar links. Debería, por lo menos, dejarte en el punto correcto.
Ejemplo realista. Si alguien pregunta por:
“Subsidio de arriendo, ¿qué hago?”
Un bot útil no responde: “Visite la página y consulte requisitos”. Un bot útil hace esto:
- Te pregunta en qué localidad estás.
- Te pide dos o tres datos (sin ponerse invasivo).
- Te dice si aplicas o no.
- Te entrega el formulario correcto o agenda una cita.
- Te deja un número de radicado. Algo.
Si al final te manda a “llamar al 195” sin más. Perdimos.
2) Cuando atienden lo repetitivo y liberan a las personas
El 60, 70, 80% de las preguntas en atención ciudadana son siempre las mismas.
Horarios, requisitos, dónde queda, qué documento, qué costo, cuánto demora.
Ahí el bot sí tiene sentido. Porque el equipo humano puede enfocarse en lo que sí requiere criterio:
- casos de población vulnerable
- errores del sistema
- conflictos de convivencia
- rutas de protección
- denuncias sensibles
Bogotá necesita más humanidad en los casos difíciles, no menos. Un bot bien usado puede ayudar a eso.
3) Cuando están diseñados para la vida real en Bogotá
Esto es clave. Un bot puede ser técnicamente impecable y socialmente inútil.
La vida real trae:
- datos móviles limitados
- teléfonos viejos
- gente que escribe con abreviaturas
- personas con baja alfabetización digital
- ciudadanos que no saben el nombre del trámite, solo el problema
Entonces el bot debe entender cosas como:
“Se me perdió el recibo del agua y no sé dónde pagar” “Mi hija no quedó en el colegio y ya estamos en marzo” “Me robaron el celular, cómo bloqueo eso”
Eso. Lenguaje real.
4) Cuando funcionan en varios canales, no solo en una web escondida
Un chatbot que vive en una página que nadie encuentra es un adorno.
Si va a existir, debería estar donde la gente ya está:
- web (sí, pero visible)
- líneas de atención como apoyo (no reemplazo)
- kioscos digitales en puntos de atención (con acompañamiento)
Y ojo con esto: si se usa WhatsApp, toca hacerlo con cuidado. No todo se puede pedir por chat, ni toda la gente quiere dejar datos personales allí.

Cuándo empeoran todo (y pasa más de lo que admiten)
1) Cuando se convierten en un muro
Hay una diferencia entre “primer filtro” y “barrera”.
El bot se vuelve un muro cuando:
- no te deja hablar con una persona
- repite la misma respuesta aunque cambies la pregunta
- no entiende nada y aun así insiste
- te obliga a escoger una opción que no existe para tu caso
En ese punto, el ciudadano no siente modernidad. Siente abandono.
2) Cuando dan información incorrecta o desactualizada
Esto es más grave de lo que parece, porque en lo público un dato mal dado cuesta tiempo, plata y confianza.
Un chatbot que dice “el trámite está disponible” y no lo está. O que promete “respuesta en 15 días” cuando en realidad son 45. O que manda a una sede que ya cerró.
Eso termina en:
- más filas
- más reclamos
- más agresión al personal de ventanilla (sí, pasa)
- y el ciudadano sintiendo que lo engañaron con “tecnología”
Si el Distrito va a usar bots, debe tener una disciplina brutal de actualización. Es crucial también considerar los beneficios y riesgos del uso de inteligencia artificial en este contexto.
3) Cuando piden datos que no necesitan
Otra mala práctica: convertir al bot en recolector de datos por defecto.
Si la persona está preguntando por una ruta de atención general, no hay razón para pedir:
- cédula
- dirección exacta
- nombres completos
- datos de menores
Los bots deben operar con el principio de mínima información necesaria. Y explicar por qué la piden, para qué, dónde queda guardada, cuánto tiempo, quién la usa.
Esto no es lujo. Es seguridad básica.
4) Cuando se usan para “cumplir” y no para resolver
Aquí entra la política de la foto.
Se lanza un chatbot, se hace comunicado, se pone una cifra de “interacciones”, se celebra. Pero el indicador no debería ser cuánta gente escribió. Sino cuánta gente resolvió.
El bot como estrategia de marketing institucional. Eso es veneno.

Un criterio simple: si el proceso es malo, el chatbot lo hace más rápido pero igual de malo
Esto es casi una ley.
Si el trámite está mal diseñado, si la entidad no responde, si hay cuellos de botella, un chatbot solo acelera el embudo hacia el mismo bloqueo.
Es como poner un megáfono para decir “no hay sistema”.
Primero orden. Luego automatización.
Qué debería exigir Bogotá antes de poner más chatbots
No desde el capricho. Desde la experiencia ciudadana.
1) Siempre una salida humana, clara y rápida
El bot debe decir, sin esconderlo:
“Si tu caso no encaja, escribe HUMANO”
O “Te paso a un asesor”
O “Agenda llamada”
Y cumplirlo. Con tiempos. No con promesas.
2) Medición de éxito con indicadores de resolución
Olvidémonos de vanity metrics.
Indicadores útiles:
- porcentaje de casos resueltos sin escalar
- tiempo promedio de resolución
- satisfacción al final (una pregunta simple)
- tasa de abandono (gente que se va sin respuesta)
- principales motivos de escalamiento (para mejorar procesos)
3) Accesibilidad y lenguaje sencillo
Si el bot habla como circular interna, ya perdió.
Debe usar español claro, y ojalá opciones de:
- lectura fácil
- audio (para algunos casos)
- compatibilidad con lectores de pantalla
Y debe poder decir “no sé” cuando no sabe. Parece raro, pero es mejor eso a inventar.
4) Transparencia: que se note cuándo hablas con un bot
Nada de hacerse pasar por persona.
Y además, debería informar:
- qué puede hacer
- qué no puede hacer
- qué datos guarda
- cómo se borran
- cómo se reporta un error
Transparencia es confianza. Y en política pública, la confianza no se compra con una interfaz bonita.
Chatbots y población vulnerable: aquí no se puede improvisar
Hay temas donde un bot puede orientar, sí. Pero hay límites.
Si alguien escribe:
“Me están pegando” “Mi hijo está en riesgo” “Me amenazaron” “Necesito un hogar de paso”
El bot no puede responder con un link y ya. Tiene que:
- activar ruta prioritaria
- ofrecer llamada inmediata
- conectar con líneas especializadas
- dar opciones si la persona no puede hablar (por miedo, por control del agresor)
Y todo esto con sensibilidad. Sin revictimizar. Sin pedir detalles morbosos.
Para mí, esto es parte de lo que debería estar en el debate público en Bogotá cuando hablamos de tecnología, cuidado, y Estado presente. En el blog de Claudia Romero Cámara se vienen trabajando ejes como niñez, mujer, territorios, seguridad, transparencia. Esto encaja ahí, totalmente. La digitalización también es un tema de igualdad.
Si quieres ver propuestas y líneas de trabajo, está el sitio: https://claudiaromero.co/
Una lista rápida de “señales rojas” de un mal chatbot público
- No te deja salir del menú
- Te manda a una página que no carga en celular
- Te pide datos sin explicar por qué
- Responde con textos larguísimos, tipo decreto
- No reconoce urgencias
- No te da número de radicado cuando toma una solicitud
- Te dice “intenta más tarde” como respuesta final
Y la peor:
- “Tu caso es muy importante para nosotros”
- Pero no hace nada.
Entonces, ¿cuál es el punto?
Que los chatbots no son buenos ni malos por sí mismos. Son una herramienta. Y en lo público, una herramienta mal usada lastima.
Ayudan cuando:
- simplifican
- orientan con precisión
- conectan con la respuesta real
- liberan tiempo humano para casos complejos
- respetan datos y dignidad
Empeoran todo cuando:
- tapan la falta de gestión
- se vuelven barrera
- inventan o desactualizan información
- trasladan la carga al ciudadano
- y se usan para decir “miren qué modernos somos”
Bogotá no necesita más pantallas si detrás no hay respuesta. Pero si detrás sí la hay, y se diseña con la gente en mente, un chatbot puede ser ese empujón pequeño que cambia la experiencia completa.
Y eso, honestamente, vale la pena hacerlo bien. No a medias.
Si te interesa este tipo de discusión, no solo desde lo tecnológico sino desde lo social, lo territorial y lo que sí le cambia el día a la gente, date una pasada por https://claudiaromero.co/. Ahí están los ejes y propuestas, y también el blog donde vamos aterrizando estas conversaciones sin tanta carreta.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un chatbot del Distrito y qué tipos existen?
Un chatbot del Distrito es una conversación automatizada que puede orientar, recibir solicitudes o atender quejas. Existen dos tipos principales: los chatbots de menú, que ofrecen opciones predefinidas como “Escriba 1 para salud”, y los chatbots de IA conversacional, que intentan entender lenguaje natural para responder de manera más humana.
¿Por qué no basta con solo implementar un chatbot en la Alcaldía?
Porque si se implementa mal, un chatbot puede convertirse en otra ventanilla que no responde efectivamente. Sin procesos claros, información ordenada y tiempos definidos, el bot solo maquilla el problema sin resolverlo realmente.
¿Cuándo un chatbot realmente ayuda a los ciudadanos?
Un chatbot es útil cuando reduce pasos para resolver trámites, atiende preguntas repetitivas liberando al personal humano para casos complejos, está diseñado considerando las condiciones reales de Bogotá (como baja alfabetización digital o teléfonos viejos) y funciona en varios canales, no solo uno.
¿Cómo debe funcionar un buen chatbot para trámites como el subsidio de arriendo?
Debe preguntar datos básicos como la localidad, verificar si aplicas al subsidio, entregar formularios correctos o agendar citas y proporcionar números de radicado. No debe limitarse a enviar enlaces o instrucciones genéricas como “llame al 195”.
¿Qué beneficios trae un chatbot bien diseñado para la atención ciudadana?
Permite que el equipo humano se enfoque en casos que requieren criterio y humanidad, como población vulnerable o denuncias sensibles, mientras el bot atiende preguntas frecuentes sobre horarios, requisitos o costos.
¿Por qué es importante que un chatbot entienda el lenguaje real de los ciudadanos?
Porque muchas personas usan abreviaturas, tienen baja alfabetización digital o no conocen el nombre exacto del trámite. Un bot efectivo debe comprender frases cotidianas como “Se me perdió el recibo del agua” o “Mi hija no quedó en el colegio” para brindar soluciones adecuadas.
