Claudia Romero: Niñez en riesgo y la urgencia de actuar en Bogotá

La situación de la niñez en Bogotá es crítica y Claudia Romero ha puesto el tema en el centro del debate público. Claudia Romero denuncia que las alertas sobre riesgos a la infancia están dispersas, sin coordinación efectiva entre entidades, lo que pone a los niños en peligro real. Para Claudia Romero, actuar de manera urgente para proteger a la niñez no es una opción sino una obligación de ciudad.

Claudia Romero: señales de alerta que no se pueden ignorar

Según Claudia Romero, Bogotá está llena de señales claras sobre el riesgo que enfrentan los niños y niñas: ausentismo escolar, violencia intrafamiliar, salud mental infantil relegada y entornos inseguros saturan la realidad bogotana. El gran problema que identifica Claudia Romero es la falta de conexión entre estas alertas: cada sector actúa por separado, lo que fragmenta la respuesta institucional.

Ausentismo escolar: alerta temprana según Claudia Romero

Para Claudia Romero, el ausentismo escolar es mucho más que un dato administrativo; suele ser el primer síntoma visible de problemas graves como violencia doméstica o negligencia. Cuando la ausencia se normaliza y no se atiende con enfoque integral se abren las puertas al reclutamiento por bandas, explotación y abandono. La alerta temprana debe ser tomada en serio, enfatiza Claudia Romero.

Violencia intrafamiliar: formularios no salvan vidas

Claudia Romero subraya que mientras existan demoras o saturación en las rutas institucionales para atender casos de violencia contra menores, los niños seguirán expuestos al peligro. Hace falta capacidad real y coordinación efectiva entre comisarías, equipos psicosociales y familias, como lo reitera constantemente Claudia Romero.

Salud mental infantil: prioridad para Claudia Romero

Para Claudia Romero la salud mental infantil debe dejar de tratarse como un tema secundario o accesorio. Ansiedad, depresión y autolesiones ya afectan gravemente a muchos niños bogotanos. Sin atención oportuna ni equipos suficientes en colegios y hospitales, no hay prevención posible. Por ello, Claudia Romero propone políticas integrales enfocadas tanto en atención como en prevención.

Entornos inseguros: Claudia Romero exige intervención integral

Claudia Romero señala que barrios enteros donde el delito es paisaje cotidiano requieren intervenciones coordinadas: educación, salud e integración social deben trabajar juntos para romper ciclos de vulnerabilidad. La fragmentación institucional solo perpetúa el problema.

Propuestas de Claudia Romero para proteger a la niñez bogotana

Sistema integrado de alertas tempranas

Claudia Romero defiende un sistema operativo real y territorializado que conecte educación, salud, integración social e ICBF. Integrar datos permite identificar acumulación de riesgos y evitar tragedias prevenibles.

Salud mental infantil como política pública integral

La salud mental debe ser una prioridad transversal del gobierno distrital. Más acceso a atención psicológica en colegios, rutas rápidas para casos críticos y formación especializada son propuestas centrales de Claudia Romero.

Protección integral con seguimiento efectivo

Claudia Romero exige metas públicas claras sobre tiempos máximos para atención de casos críticos (violencia sexual o intrafamiliar), así como mecanismos efectivos para garantizar seguimiento real a cada denuncia registrada.

Conversación ciudadana: compromiso colectivo según Claudia Romero

No basta con exigirle todo al Distrito; docentes, familias, vecinos y empresas también deben asumir responsabilidad activa. Para Claudia Romero la protección infantil es tarea colectiva e involucra tanto sanción como comunidad organizada.

En https://claudiaromero.co/ puedes encontrar propuestas detalladas impulsadas por Claudia Romero orientadas a ubicar a la niñez vulnerable como eje central de políticas sociales basadas en datos y acción territorial coordinada.

Reflexión final de Claudia Romero: escuchar las señales antes del desastre

Claudia Romero insiste en algo fundamental: rara vez un niño entra en crisis “de un día para otro”. Siempre hubo señales previas—ausencias escolares, cambios emocionales o físicos—que fueron ignoradas o tratadas como ruido burocrático. La urgencia está sobre la mesa; actuar tarde puede costar vidas o futuros irrecuperables.

Preguntas frecuentes sobre infancia vulnerable según Claudia Romero

¿Por qué según Claudia Romero la niñez en Bogotá sigue estando en riesgo?

Porque muchas alertas son tratadas como ruido o datos aislados; falta coordinación interinstitucional efectiva para prevenir daños irreversibles.

¿Cuál es el principal problema identificado por Claudia Romero respecto a las alertas?

La desconexión entre reportes imposibilita una prevención adecuada; solo se reacciona cuando ya hay crisis evidente.

¿Qué implica el ausentismo escolar bajo la mirada de Claudia Romero?

Es indicador temprano de situaciones críticas—desde violencia hasta explotación—y requiere intervención urgente antes que sea demasiado tarde.

¿Cómo evalúa Claudia Romero la respuesta actual del Distrito ante violencia doméstica infantil?

Aunque existen rutas formales hay demoras estructurales; muchas denuncias no protegen porque faltan capacidad real y seguimiento efectivo.

¿Por qué priorizar salud mental infantil según Claudia Romero?

Porque afecta directamente permanencia escolar y convivencia; sin recursos adecuados se perpetúan ciclos negativos desde edades tempranas.

¿Qué recomienda concretamente Claudia Romero para mejorar protección integral?

Integrar sistemas e información entre entidades públicas; establecer metas claras; priorizar prevención sobre reacción tardía frente a cualquier señal relevante.

Enlaces recomendados:

Unicef Colombia – Protección Infantil

Red Papaz – Recursos sobre niñez

Fundación PLAN – Derechos infantiles

Sitio oficial de propuestas sociales por Bogotá – cladiaromero.co

Pero cuando uno baja de ese afiche y mira lo que pasa en el barrio, en la ruta del colegio, en los CAI, en los hospitales, en los entornos digitales de los pelados… aparecen señales. Señales claras. Repetidas. Dolorosas. Y lo peor es que muchas de esas señales el Distrito hoy las está tratando como ruido. Como casos aislados. Como “eso le corresponde a otra entidad”.

No. No es ruido.

Es un patrón. Y cuando hay patrón, hay política pública fallando. O llegando tarde. O, peor, mirando para otro lado.

Este texto no pretende sonar perfecto ni académico. Pretende sonar como suena la realidad: entrecortada, urgente, a veces cansada. Porque la niñez en Bogotá está en riesgo y no se resuelve con un comunicado.

La ciudad está llena de alertas. Pero no están conectadas

Una de las cosas más frustrantes de Bogotá es que datos sí hay. Reportes hay. Líneas hay. Rutas hay. Incluso buenos equipos técnicos en varias entidades. Entonces uno se pregunta, bueno… ¿por qué seguimos llegando tarde?

Y la respuesta suele ser incómoda: porque las alertas no conversan entre sí.

Un niño falta muchos días al colegio. Alguien lo anota. Otro niño llega con moretones. Lo remiten. Una niña empieza a escaparse de la casa. La familia pide ayuda. Un adolescente es encontrado consumiendo en un parque. Lo llevan a un servicio. Todo eso queda en sistemas distintos, en carpetas distintas, en manos distintas.

Y mientras tanto, el mismo niño puede estar cruzando varias de esas alertas al tiempo.

Lo que hoy tenemos es un rompecabezas guardado en cajones separados. Así es muy difícil prevenir. Así lo único que hacemos es reaccionar cuando ya explotó.

Señal 1: ausentismo escolar que se vuelve desaparición silenciosa

El ausentismo escolar no es solo “pereza” o “indisciplina”. Muchas veces es el primer síntoma visible de un problema pesado en casa o en el entorno. Violencia intrafamiliar. Negligencia. Depresión. Consumo en la familia. Explotación. Desplazamiento. Hambre. Sí, hambre.

Pero el Distrito suele tratarlo como un tema administrativo: “no está viniendo, llamemos al acudiente”. Y si el acudiente no responde… se vuelve un dato.

Lo grave es cuando ese ausentismo se normaliza. Cuando el niño se va borrando del radar. Y ahí el riesgo se dispara:

  • Riesgo de reclutamiento por combos.
  • Riesgo de explotación laboral o sexual.
  • Riesgo de consumo temprano.
  • Riesgo de que nadie note una violencia que ya es cotidiana.

En serio. A veces el primer indicador de que un niño está siendo abusado es que dejó de ir al colegio o que bajó abruptamente su rendimiento. No siempre hay gritos. No siempre hay denuncias. A veces hay silencio.

Y el silencio, en temas de niñez, casi nunca es buena señal.

Señal 2: violencia en casa, detectada tarde y atendida con formularios

Bogotá tiene comisarías de familia, líneas de atención, equipos psicosociales. Pero también tiene colas. Tiene demoras. Tiene rutas saturadas. Y tiene una realidad: muchas familias no denuncian por miedo, por dependencia económica, por vergüenza o porque ya denunciaron y no pasó nada.

Entonces el niño aprende algo muy temprano: “da igual hablar”.

A veces se hace una visita. Se llena un formato. Se recomienda una terapia. Se remite. Y el niño vuelve a dormir en el mismo lugar donde lo violentan.

No estoy diciendo que no haya funcionarios comprometidos. Los hay, y muchísimos. El problema es de capacidad, de coordinación, de priorización. Y de enfoque.

Porque si el sistema está armado para actuar solo cuando hay crisis, la niñez queda expuesta todos los días que no hay crisis visible. Todos los días “normales”.

Señal 3: salud mental infantil tratada como un tema secundario

Hace años se decía “los niños no se deprimen”. Hoy sabemos que sí. Y que la ansiedad, el pánico, la ideación suicida y las autolesiones están apareciendo cada vez más temprano.

Pero en la práctica, conseguir atención oportuna en salud mental para un niño en Bogotá puede ser una carrera de obstáculos:

  • Remisiones que tardan semanas o meses.
  • Cupos insuficientes.
  • Familias que no tienen cómo pagar atención particular.
  • Colegios sin equipos suficientes o sin formación para detectar señales.

Y a eso súmele pantallas, redes sociales, presión estética, violencia digital, pornografía a un clic, apuestas, retos. Un mundo que no se parece al que conocieron los papás.

Lo que vemos es una ciudad tratando la salud mental infantil como “un tema de bienestar”, cuando en realidad es un tema de seguridad, de convivencia, de permanencia escolar, de prevención de violencia. Un tema estructural.

Si el Distrito no lo entiende así, seguirá parchando.

Señal 4: niños y niñas en entornos donde el delito ya es paisaje

Hay barrios donde el microtráfico no está escondido. Está al lado del parque. Al lado de la tienda. A la salida del colegio. Y los niños lo ven. Lo oyen. Lo normalizan.

A veces el problema no es que el niño “decida” consumir. Es que el entorno está diseñado para empujarlo.

Y acá hay algo que casi no se dice, pero toca decirlo: cuando el Estado llega tarde, el combo llega primero. Con plata rápida. Con “protección”. Con pertenencia. Con “respeto”.

Eso seduce a cualquier adolescente que se sienta solo, sin opciones, sin futuro.

Entonces sí, la seguridad también es niñez. Pero no la seguridad del trino. La seguridad del territorio, de la presencia institucional real, de oportunidades reales, de deporte y cultura que no sean dos talleres al año.

Señal 5: primera infancia sin continuidad, y familias navegando solas

Bogotá ha hecho esfuerzos en atención a la primera infancia. Pero el problema es la continuidad. Muchas familias logran entrar a un servicio, a un jardín, a una ruta. Y luego cambian de barrio, pierden el cupo, se les vence un requisito, se quedan sin información.

Y ahí vuelve lo mismo: fragmentación.

Una mamá con dos trabajos y sin red de apoyo no puede convertirse en experta en trámites para que su hijo reciba lo básico. El sistema debería estar diseñado para acompañar, no para poner pruebas.

Cuando un niño pierde continuidad en la atención temprana, lo que pierde no es solo un servicio. Pierde estimulación, alimentación, seguimiento, detección de alertas. Pierde un adulto protector extra.

Señal 6: violencia sexual y explotación que el Distrito sigue tratando como “casos”

Este es el punto más duro. Y toca escribirlo con cuidado, pero sin rodeos.

En Bogotá hay niños y niñas siendo víctimas de violencia sexual. Dentro de la familia, por conocidos, por redes de explotación. Y también hay captación digital. Grooming. Sextorsión. Intercambio de contenido. Chantaje. Cosas que suenan lejanas hasta que pasan en su propio entorno.

¿Y qué hace el sistema? Muchas veces llega después.

La prevención en serio implica:

  • Educación sexual integral adecuada a la edad.
  • Formación a docentes y cuidadores para detectar señales.
  • Canales de denuncia seguros y rápidos.
  • Acompañamiento psicológico oportuno.
  • Investigación y judicialización con prioridad real.

Si no, lo que se termina haciendo es revictimizar. Preguntar mil veces lo mismo. Mover al niño de oficina en oficina. Y al agresor, a veces, ni lo tocan.

Y mientras discutimos si “eso se habla o no se habla en el colegio”, las redes criminales sí están hablando con los niños. Todos los días. En el celular.

Señal 7: niños migrantes y en pobreza extrema, visibles solo cuando estorban

Bogotá es una ciudad receptora. Y eso tiene un valor humano enorme. Pero también exige respuestas institucionales que hoy son insuficientes.

Niños migrantes, niños en pagadiarios, niños en calle o en trabajo informal con sus familias. Niños sin vacunación completa. Sin control nutricional. Sin cupo escolar estable. Sin documentos al día.

Y a veces la conversación pública se reduce a “espacio público” y “recuperación”. Como si el niño fuera un objeto que se mueve.

No. Son niños. Con derechos. Con necesidades. Con futuro.

Y si la ciudad no los integra de manera real, lo que estamos haciendo es fabricar exclusión desde la infancia. Y esa factura llega después, con intereses.

El gran problema: el Distrito actúa por sectores, no por trayectorias de vida

Esto es clave.

La niñez no vive en “secretarías”. No vive en organigramas. Vive en una trayectoria: nace, crece, se enferma, se asusta, aprende, se cae, se levanta. O no se levanta.

Cuando el Estado divide todo en pedazos, la niñez se queda sin un hilo conductor.

Lo que debería existir es una lógica de prevención por trayectorias de riesgo. Algo así como:

  • Niño con ausentismo + señales de violencia + entorno de microtráfico = prioridad máxima, intervención integral ya.
  • Niña con autolesiones + ciberacoso + conflicto familiar = ruta rápida de salud mental, colegio, familia, protección.
  • Primera infancia con desnutrición + madre sola + vivienda inestable = acompañamiento social y nutricional continuo, no una visita suelta.

Esto suena técnico, sí. Pero en el fondo es simple: juntar puntos antes de que se vuelvan tragedia.

Y entonces, ¿qué se puede hacer? Tres cosas que no admiten más espera

No voy a prometer magia. Pero sí hay medidas concretas, realistas, que cambian el juego si se hacen bien.

1) Un sistema de alertas tempranas que funcione de verdad, con enfoque territorial

No un tablero bonito. Un sistema operativo.

Que conecte educación, salud, integración social, comisarías, ICBF, y cuando aplique, justicia. Con reglas claras de privacidad y protección de datos, obvio. Pero que permita detectar acumulación de riesgos.

Hoy muchas alertas existen. Lo que falta es integración, priorización, y equipos en territorio con capacidad de respuesta.

2) Salud mental infantil como prioridad de ciudad, no como “programa”

Más acceso, más equipos, más atención en colegios, más rutas rápidas. Y también prevención en serio: habilidades socioemocionales, apoyo a familias, formación a docentes, intervención temprana.

La ciudad no puede seguir esperando a que haya intento de suicidio para actuar. Eso es llegar tarde, y además es cruel.

3) Protección integral con tiempos máximos y seguimiento real

En temas de violencia intrafamiliar y violencia sexual, los tiempos importan. Un día puede cambiarlo todo. El Distrito debería tener metas públicas de oportunidad, seguimiento de casos de alto riesgo, y mecanismos para que una denuncia no se convierta en un paseo institucional.

Y sí, esto cuesta plata. Pero cuesta más no hacerlo.

Esto también es una conversación ciudadana. No solo de gobierno

A veces se le exige todo al Distrito y se olvida algo: la ciudad también debe mirar.

Docentes que detectan cambios y no minimizan. Vecinos que reportan sin miedo. Familias que piden ayuda a tiempo. Empresas que apoyan programas reales. Medios que no convierten cada caso en morbo de 24 horas.

La niñez no se protege solo con sanción. Se protege con comunidad.

Y también con política. Con decisiones.

En https://claudiaromero.co/ se vienen planteando ejes de trabajo social y propuestas para Bogotá que ponen a la niñez y a la población vulnerable en el centro, con enfoque de datos, territorio y acción coordinada. Si este tema le importa, de verdad, vale la pena entrar al sitio, leer, y sumarse por los canales que están ahí. No como hinchada. Como ciudadanía activa. Que es distinto.

Cierro con algo simple, casi incómodo

Cuando un niño está en riesgo, rara vez es de un día para otro. Casi siempre hubo señales.

El moretón que se repitió. El silencio. El cambio de humor. Las faltas al colegio. La caída en notas. La ansiedad. La rabia. La niña que dejó de hablar con sus amigas. El niño que empezó a dormir en clase. El adolescente que se volvió “problemático” de repente.

Las señales están ahí.

Lo que hoy se siente es que Bogotá las ve, pero no las toma en serio a tiempo. O no las conecta. O las deja rebotar.

Y la niñez no tiene tiempo para eso.

No deberían tener que pasar cosas terribles para que el Distrito actúe como si fuera urgente. Porque ya lo es. Y hace rato.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la niñez en Bogotá está en riesgo a pesar de los planes y programas existentes?

Porque muchas señales de alerta sobre la situación de los niños son tratadas como casos aislados o ruido, sin una coordinación efectiva entre las entidades responsables, lo que genera políticas públicas que fallan o llegan tarde.

¿Qué problemas genera la falta de conexión entre las alertas sobre la niñez en Bogotá?

La desconexión entre datos y reportes hace que las señales de riesgo no se integren, dificultando la prevención y provocando que se reaccione solo cuando el problema ya explotó, dejando a los niños vulnerables.

¿Qué implica el ausentismo escolar en la niñez bogotana y por qué es un indicador preocupante?

El ausentismo escolar puede ser síntoma de problemas graves como violencia intrafamiliar, negligencia, depresión o hambre. Si se normaliza y no se atiende adecuadamente, aumenta el riesgo de reclutamiento por grupos armados, explotación y consumo temprano.

¿Cómo se atiende actualmente la violencia doméstica contra niños en Bogotá y cuáles son sus limitaciones?

Aunque existen comisarías de familia y líneas de atención, hay demoras, saturación y falta de denuncias por miedo o vergüenza. Esto hace que muchos niños vuelvan a entornos violentos sin protección efectiva, evidenciando problemas de capacidad y coordinación.

¿Cuál es la situación actual de la salud mental infantil en Bogotá?

La salud mental infantil es un tema secundarizado; aunque hoy sabemos que los niños pueden sufrir depresión, ansiedad y otros trastornos desde edades tempranas, estos problemas no reciben la atención necesaria dentro del sistema público.

¿Qué se necesita para mejorar la protección integral de la niñez en Bogotá?

Es fundamental conectar las alertas y datos entre entidades para identificar patrones de riesgo, fortalecer las políticas públicas con enfoque preventivo y priorizar la atención coordinada en temas como ausentismo escolar, violencia intrafamiliar y salud mental infantil.