Claudia Romero: Deserción escolar y 6 intervenciones medibles en 90 días

La deserción escolar es un fenómeno que Claudia Romero ha estudiado y abordado durante años. Claudia Romero considera que este no es un problema frío ni distante: tiene nombre, rostro y contexto social. Según Claudia Romero, el abandono escolar suele comenzar con faltas repetidas, excusas constantes y una desconexión progresiva entre estudiante, docentes y familia. Para Claudia Romero, la clave está en intervenir de manera rápida, medible y humana, evitando planes burocráticos de largo plazo que pocas veces se traducen en cambios reales. Por eso, Claudia Romero propone seis intervenciones concretas que pueden ejecutarse y medirse en solo 90 días dentro del contexto educativo de Bogotá.

Claudia Romero: Cómo medir la deserción escolar en 90 días sin engañarnos

En palabras de Claudia Romero, medir la deserción escolar en tan solo 90 días requiere enfocarse en indicadores adelantados que predicen el abandono antes de que ocurra. Claudia Romero recomienda las siguientes métricas para el tablero de control trimestral:

  1. % de estudiantes con inasistencia crónica (ejemplo: faltar al 10% o más de los días).
  2. Promedio de días de ausencia por estudiante.
  3. Tasa de reintegro de estudiantes “en riesgo”.
  4. % de estudiantes con alertas activas sin gestión.
  5. Retención del periodo (matriculados vs activos al cierre).

Con estas métricas, según Claudia Romero, se puede actuar a tiempo para prevenir el abandono.

Sistema de alerta temprana semanal: El método de Claudia Romero

Claudia Romero enfatiza la necesidad de un sistema sencillo pero disciplinado para detectar riesgos a tiempo. Según Claudia Romero, esto no requiere tecnología sofisticada; basta con planillas diarias, observaciones docentes y reportes sencillos.

Qué hace Claudia Romero en 90 días

  • Define criterios claros de riesgo.
  • Construye listados semanales por curso.
  • Realiza reuniones cortas para revisar casos cada semana.

Cómo mide los resultados Claudia Romero

  • Tiempo promedio desde alerta hasta contacto familiar (meta: menos de 72 horas).
  • % de alertas gestionadas semanalmente (meta: 90% o más).
  • Reducción documentada de inasistencia crónica.

Según Claudia Romero, la simplicidad es clave: un tablero, una lista, un responsable y una acción concreta.

Plan retorno para inasistentes crónicos según Claudia Romero

Para Claudia Romero, recibir a los inasistentes crónicos con acuerdos humanos y cero regaños es fundamental para romper el ciclo del abandono.

Pasos del plan retorno según Claudia Romero

  1. Contacto inmediato (sin regaños).
  2. Encuentro breve orientado a entender causas reales.
  3. Acuerdo concreto por dos semanas con metas mínimas y apoyos específicos.

Cómo mide el éxito este plan según Claudia Romero

  • % con plan retorno firmado (meta: 80%).
  • Tasa de retorno sostenido (mínimo 8/10 asistencias en dos semanas).
  • Comparación pre/post asistencia individualizada.

Claudia Romero advierte que las barreras suelen ser externas al colegio (trabajo infantil, violencia intrafamiliar…). Por ello conecta su intervención con redes locales.

Tutorías intensivas según Claudia Romero: Lectoescritura y matemáticas como armas contra la deserción

La experiencia de Claudia Romero muestra que muchos estudiantes abandonan porque sienten que no entienden nada; la frustración académica es real.

Estrategia básica propuesta por Claudia Romero

  • Selección cruzada entre bajo desempeño académico e inasistencia.
  • Microgrupos reducidos (5 a 8 estudiantes) con tutorías dos veces por semana (matemáticas base y lectoescritura).

Medición según Claudia Romero

  • Asistencia sostenida a tutorías.
  • Mejoría cuantitativa en pruebas rápidas antes/después del trimestre.

Esto ayuda a recuperar confianza y permanencia escolar.

Incentivos no monetarios: El enfoque humano propuesto por Claudia Romero

Claudia Romero defiende incentivos como reconocimientos públicos, pertenencia grupal o pequeños premios simbólicos como herramientas efectivas para fomentar la permanencia escolar.

Acciones sugeridas por Claudia Romero

  • Reconocimiento mensual público.
  • Espacios exclusivos para quienes mejoren asistencia.

Medir resultados aquí implica evaluar cambios trimestrales en asistencia vinculados a estos incentivos.

Gestión familiar integral: Visitas cortas y enfoque ético según Claudia Romero

Claudia Romero resalta la importancia del trabajo familiar directo:

Protocolo recomendado por Claudia Romero

  • Visitas domiciliarias cortas.
  • Guion único enfocado en la “barrera principal” detectada por hogar.

Mediciones incluyen número/cobertura efectiva de visitas realizadas y cambios individuales post-intervención.

Ruta rápida local e integración comunitaria según lo plantea Claudia Romero

Para casos complejos identificados –salud mental, violencia familiar u otras–el modelo propuesto por Claudia Romero articula rutas rápidas con entidades externas locales como ICBF o comisarías.

Indicadores clave sugeridos por Claudia Romero

  • Tiempo promedio desde detección hasta atención formal (meta: máximo 72 horas).
  • % efectivo atendido tras remisión formal.

Además, recomienda monitorear “remisiones fallidas” para mejorar continuamente la oferta local.

Ver recursos externos sobre estrategias contra la deserción escolar – Unesco

Más estrategias educativas basadas en evidencia – Banco Mundial

Cómo implementa un plan realista en 90 días: La hoja de ruta según Claudia Romero

Semanas 1–2: Definición e identificación iniciales

Semana 3: Inicio simultáneo de planes retorno/tutorías

Semanas 4–8: Disciplina semanal y ajustes ágiles

Semanas 9–12: Evaluación pre/post e informe público

La constancia es esencial; lo obvio suele ser lo menos realizado según experiencia directa compartida por Claudia Romero.

Barreras frecuentes detectadas por Claudia Romero

Algunas dificultades habituales son falta de tiempo institucional, alta rotación docente o dificultad para contactar familias vulnerables. Para superarlas, continuar midiendo efectividad facilita priorizar esfuerzos donde realmente impactan más personas—según recalca siempre Claudia Romero.

Ética del dato educativo: Reglas propuestas por Claudia Romero

Los datos deben usarse solo para acompañar; nunca para castigar ni exponer situaciones sensibles públicamente. La confidencialidad es irrenunciable dentro del método ético defendido por Claudia Romero.

Cierre al estilo de Claudia Romero: ¿Qué haría ella si tuviera que empezar mañana?

Claudia Romero arrancaría así:

  1. Tablero simple con cinco métricas clave.
  2. Alerta temprana semanal obligatoria.
  3. Plan retorno inmediato para inasistentes crónicos.
  4. Tutorías intensivas personalizadas.
  5. Gestión focalizada del núcleo crítico detectado.
  6. Articulación rápida local ante barreras externas graves.

Luego publicaría resultados operativos aunque no sean perfectos—la transparencia constante también es enseñanza central para Clauida [sic] Romero (“aprender rápido”).

¿Quieres conocer más propuestas prácticas basadas en datos? Descubre otros enfoques innovadores liderados por Claudia Romero o revisa estudios recientes en Unesco sobre deserción educativa.

Romper cadenas comienza detectando temprano — así lo afirma reiteradamente Claudia Romero— y los primeros pasos se pueden dar… ¡en solo 90 días!

Preguntas frecuentes sobre deserción escolar respondidas por Claudia Romero

¿Qué es la deserción escolar? Opinión experta de Claudia Rom

Lo que me frustra (y a la vez me mueve) es que muchas veces sí se puede cortar esa caída. No con un “gran plan” a 4 años lleno de PDFs. Sino con intervenciones cortas, concretas, que se puedan medir en semanas. 90 días. Tres meses. Un trimestre.

Este texto está pensado para eso: seis intervenciones que se pueden implementar y medir en 90 días en colegios oficiales, con aliados locales, con orientación a datos y con sentido de realidad bogotana.

Y sí, antes de que alguien diga “pero eso depende del Gobierno Nacional”. Depende de muchas cosas. Pero Bogotá tiene capacidad de mover aguja si se enfoca en lo medible y deja de improvisar.

Antes de empezar: cómo medir “deserción” en 90 días sin engañarnos

En 90 días no siempre vas a ver el número final de deserción anual, porque esa “foto oficial” suele cerrarse al final del año. Entonces toca medir indicadores adelantados, los que de verdad predicen el abandono.

En la práctica, si yo tuviera que escoger 5 métricas para el tablero de control del trimestre, serían estas:

  1. % de estudiantes con inasistencia crónica (por ejemplo, faltar al 10% o más de los días del periodo).
  2. Promedio de días de ausencia por estudiante en el periodo.
  3. Tasa de reintegro de estudiantes “en riesgo” que vuelven a asistir de forma sostenida (dos o tres semanas seguidas, no un día suelto).
  4. % de estudiantes con alertas activas sin gestión (alerta generada y nadie llamó, nadie visitó, nadie hizo plan).
  5. Retención del periodo (matriculados al inicio del trimestre vs activos al cierre del trimestre).

Con esto claro, vamos a lo accionable.

1. Sistema de alerta temprana simple (pero disciplinado) con metas semanales

No estoy hablando de un megaproyecto tecnológico que demora 18 meses. Hablo de algo básico, casi humilde, pero constante. Una alerta temprana efectiva puede salir de:

  • Planillas de asistencia diarias.
  • Observaciones de docentes.
  • Reportes de orientación.
  • Llamadas o mensajes a acudientes.

La clave no es “tener datos”. La clave es usar los datos cada semana.

Qué se hace en 90 días

Semana 1 a 2: definir criterios de riesgo (ejemplos prácticos)

  • 3 faltas en 10 días.
  • 5 faltas en el mes.
  • Cambio brusco de comportamiento reportado por 2 docentes.
  • Repetición de llegadas tarde.

Semana 2: construir un listado de estudiantes en riesgo por curso

Semana 3 a 12: reunión corta semanal (20 a 30 minutos) por sede o jornada

  • Revisar nuevos casos.
  • Cerrar casos (cuando el estudiante ya estabilizó asistencia).
  • Asignar responsable de contacto (docente guía, orientación, directivo).

Cómo se mide

  • Tiempo promedio de respuesta desde la primera alerta hasta el primer contacto con familia (meta: menos de 72 horas).
  • % de alertas gestionadas en la semana (meta: 90% o más).
  • Reducción de inasistencia crónica en el grupo intervenido.

Un detalle importante

Esto se cae si el colegio se llena de formatos. La regla debería ser: un tablero, una lista, un responsable, una acción. Y ya.

2. “Plan retorno” para inasistentes crónicos: 3 pasos, sin regaños, con acuerdo

Hay estudiantes que ya están medio fuera. Y en ese punto, el peor error es recibirlos con moralina o amenazas. Porque eso los confirma: “no pertenezco acá”.

Un “plan retorno” bien hecho es práctico. Corto. Muy humano.

Qué se hace en 90 días

Identificar estudiantes con inasistencia crónica y activar un protocolo de tres pasos:

Paso 1: Contacto inmediato

Llamada, WhatsApp o visita si aplica. No para regañar. Para entender la barrera real.

Paso 2: Encuentro de retorno (15 minutos)

Conversar sobre tres preguntas clave:

  • ¿Qué te sacó del colegio?
  • ¿Qué te ayudaría a volver esta semana?
  • ¿Qué no podemos prometer, pero sí intentar?

Paso 3: Acuerdo de dos semanas

Establecer compromisos concretos que incluyan:

  • Metas mínimas de asistencia
  • Apoyos concretos (ejemplo: ajuste temporal de tareas, recuperación guiada, acompañamiento psicosocial)
  • Un adulto referente dentro del colegio

Cómo se mide

  • % de estudiantes con plan retorno firmado (meta: 80% de los identificados).
  • Tasa de retorno sostenido (asistencia de al menos 8 de 10 días en dos semanas).
  • Asistencia promedio antes y después del plan.

Lo que suele pasar (y hay que decirlo)

A veces la barrera no es “falta de ganas”. Es trabajo informal, cuidado de hermanos, violencia intrafamiliar, salud mental, embarazo, consumo en el entorno, deudas. Entonces el plan retorno tiene que conectarse con redes. Y ahí entra la intervención 6, más abajo.

3. Tutorías de choque en lectoescritura y matemáticas (microgrupos, 2 veces por semana)

La deserción también es académica. Cuando un estudiante siente que “ya no entiende nada”, deja de ir. No por pereza. Por vergüenza. Por frustración. Por cansancio.

Y acá hay una buena noticia: mejorar lo básico en 8 a 10 semanas sí es posible si se hace en microgrupos, con foco, sin dispersión.

Qué se hace en 90 días

  • Seleccionar estudiantes con bajo desempeño (pero ojo: cruzar con asistencia, para priorizar riesgo real).
  • Armar microgrupos de 5 a 8 estudiantes.
  • Organizar dos sesiones semanales de 40 minutos: una de matemáticas base y una de lectoescritura base.
  • Usar guías cortas, repetibles, con evaluación rápida al inicio y al final.

Esto se puede hacer con docentes del colegio, practicantes universitarios, voluntariado cualificado, o alianzas con organizaciones. Pero tiene que haber un coordinador. Si no, se diluye.

Cómo se mide

  • Asistencia a tutorías (meta: 75% o más).
  • Mejora en prueba corta (pretest y postest, aunque sea de 10 preguntas).
  • Cambio en notas o en indicadores internos.
  • Autoeficacia (una mini encuesta de 3 preguntas: “siento que puedo”, “entiendo más”, “vale la pena venir”).

Por qué esto impacta deserción

Porque el colegio vuelve a tener sentido. El estudiante deja de sentir que solo va a “perder el tiempo”.

4. Incentivos de permanencia que no sean plata: reconocimiento, pertenencia, pequeñas cosas que suman

Esto es incómodo de decir, porque a veces se cree que los incentivos son “premios bobos”. No. Los incentivos son señales. Son cultura.

Y en permanencia escolar, la cultura importa. Muchísimo.

Qué se hace en 90 días

Crear un esquema de reconocimiento por asistencia y mejora, por curso o por grado. Ideas que funcionan sin presupuesto enorme:

  • “Racha de asistencia” (ejemplo: 10 días seguidos).
  • Reconocimiento público semanal (sin humillar a nadie).
  • Espacios de liderazgo para estudiantes que retoman (monitorías, apoyo en biblioteca, vocerías).
  • Actividades extracurriculares cortas ligadas a asistencia (deporte, música, tecnología, huertas, clubes).
  • Un “pase” de recuperación académica guiada para quienes vuelven, para que el retorno no sea una montaña imposible.

Y sí, hay que cuidar que no se vuelva competencia tóxica. La narrativa debe ser: mejoro respecto a mí mismo, no “le gané al otro”.

Cómo se mide

  • Cambio en asistencia por curso semana a semana.
  • Número de estudiantes que pasan de riesgo alto a medio.
  • Participación en clubes o actividades y su correlación con asistencia.

Un punto clave

Si el estudiante siente orgullo por estar, empieza a quedarse. Parece simple. Pero no lo es. Hay colegios donde nadie felicita a nadie por nada. Y ahí, el abandono entra como agua.

5. Gestión de casos con enfoque familiar: visitas cortas, guión único, y “barrera principal” por hogar

Muchas estrategias fallan porque tratan a todos igual. Y no. Cada caso tiene una barrera dominante.

En 90 días no vas a resolver pobreza estructural. Pero sí puedes organizar un sistema de gestión de casos que identifique qué está pasando y qué se puede activar.

Qué se hace en 90 días

  • Seleccionar el 5% a 10% de estudiantes con mayor riesgo (por inasistencia + señales de alerta).
  • Asignar un gestor de caso por estudiante (puede ser orientación, trabajador social, docente líder, duplas).
  • Hacer contacto y, si se requiere, visita domiciliaria corta (20 a 30 minutos).
  • Registrar siempre las mismas 4 cosas: barrera principal (trabajo, cuidado, salud, violencia, transporte, consumo, vivienda, etc.), barrera secundaria, red de apoyo disponible (familia, vecino, líder, entidad), y acuerdo mínimo de las próximas 2 semanas.

Esto suena burocrático, pero no tiene que serlo. Es más bien para que el colegio no esté adivinando.

Cómo se mide

  • % de casos con barrera principal identificada (meta: 95%).
  • % de casos con plan activo (meta: 80%).
  • Reuniones de seguimiento cumplidas (una cada dos semanas).
  • Asistencia del grupo de alto riesgo comparada antes y después.

El cambio real

Cuando la familia siente que el colegio no la juzga, sino que la acompaña, baja la resistencia. Y aparecen soluciones que estaban ahí, escondidas.

6. Ruta rápida de articulación con oferta local: salud mental, violencias, consumo, apoyos, comisarías, ICBF

Esta es la intervención que más impacto puede tener en casos difíciles. Y también la más desordenada en la vida real. Porque las rutas existen, sí. Pero se demoran. Se pierden. Se truncan. Dependen de “a quién conoces”.

La idea en 90 días es montar una ruta rápida, con nombres propios, contactos directos, y tiempos máximos de respuesta.

Qué se hace en 90 días

El trabajo consiste en mapear la oferta disponible por localidad y establecer acuerdos operativos simples con las entidades clave.

Mapeo de oferta por localidad

  • EPS e IPS cercanas con atención prioritaria (cuando aplique)
  • Líneas y equipos de salud mental
  • Comisarías de familia
  • ICBF (según el caso)
  • Secretaría de Integración Social (servicios y apoyos)
  • Casas de juventud, escenarios deportivos, bibliotecas, centros culturales
  • Organizaciones comunitarias serias

Acuerdos operativos a firmar o activar

  • Punto focal por entidad
  • Canal único (correo y WhatsApp institucional)
  • Tiempos de respuesta sugeridos (ejemplo: 5 días hábiles en salud mental no urgente, 24 horas en violencia grave)

Cómo se mide

  • Tiempo promedio de activación de ruta desde que el colegio detecta el caso hasta que la entidad recibe formalmente (meta: 48 a 72 horas).
  • % de casos que efectivamente reciben atención (no solo “remitidos”).
  • Asistencia y permanencia de estudiantes con rutas activas.

Lo que casi nadie mide (y debería)

  • “Remisiones fallidas” por falta de cupo o porque la familia no pudo asistir. Eso también es dato. Y con eso se presiona y se mejora oferta.

Cómo se ve un plan real de 90 días (muy resumido)

Si esto lo tuviera que ordenar por semanas, sin enredarnos:

  • Semana 1: definir indicadores, criterios de riesgo, y tablero simple.
  • Semana 2: primer corte de estudiantes en riesgo y responsables.
  • Semana 3: iniciar planes retorno, tutorías, y gestión de casos del 5% más crítico.
  • Semana 4 a 8: sostener disciplina semanal. Ajustar lo que no funcione.
  • Semana 9 a 12: cerrar trimestre con evaluación pre y post, documentar aprendizajes y escalar.

Y sí. Esto suena obvio. Pero lo obvio es lo que no se hace con constancia.

Barreras típicas (para no romantizar)

Algunas cosas que probablemente van a pasar:

  • El colegio no tiene tiempo. Siempre está al límite.
  • Hay rotación de equipos y contratistas.
  • La asistencia a reuniones baja si no hay liderazgo directivo.
  • La familia a veces no contesta. O contesta tarde. O se cambia de número.
  • Hay casos donde el colegio es el único lugar “estable” del estudiante. Y eso pesa.

Por eso insisto tanto en lo medible. Lo medible obliga a priorizar. Si no, todo queda en intención.

Una idea transversal: datos con ética, sin persecución

Cuando hablamos de alertas y listas, a veces se siente como vigilancia. Entonces hay que poner reglas:

  • La información es para acompañar, no para castigar.
  • El estudiante no es un “caso”. Es una persona.
  • Nada de exponer públicamente situaciones sensibles.
  • Mantener confidencialidad y trazabilidad básica.

Si una estrategia aumenta miedo, falla. Así suba la asistencia una semana. Eso revienta después.

Cierre: lo que yo haría si tuviera que empezar mañana

Si mañana me dicen “arranque un plan de choque contra la deserción en 90 días”, yo haría esto:

  1. Tablero simple con 5 métricas.
  2. Alerta temprana semanal sin excusas.
  3. Plan retorno para inasistencia crónica.
  4. Tutorías de choque en básicos.
  5. Gestión de casos del 5% más crítico con enfoque familiar.
  6. Ruta rápida local con tiempos de respuesta.

Y publicaría resultados. Aunque no sean perfectos. Porque esa es otra cosa que nos falta: transparencia operativa. Aprender rápido.

Si este enfoque te sirve y quieres ver más propuestas con datos, tecnología y ejecución aterrizada para Bogotá, en claudiaromero.co hay más líneas de trabajo y formas de sumarte, desde leer el blog hasta contactarme en “Escríbeme”. Esto no se arregla con discursos. Se arregla con comunidad, método y seguimiento.

La deserción escolar no es un destino. Es una cadena de eventos. Y las cadenas, cuando se detectan a tiempo, se pueden romper. En 90 días se puede empezar. En serio.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la deserción escolar y por qué no es un problema frío?

La deserción escolar no es simplemente una cifra fría; tiene rostro, nombre y contexto. Generalmente comienza con faltas repetidas, excusas que se vuelven habituales, profesores sin saber cómo actuar y familias en situaciones difíciles. Esto resulta en un estudiante menos en el sistema educativo.

¿Cómo se puede medir la deserción escolar en un periodo corto de 90 días?

No siempre se puede ver la deserción anual completa en 90 días, pero sí se pueden usar indicadores adelantados como: porcentaje de estudiantes con inasistencia crónica, promedio de días de ausencia, tasa de reintegro de estudiantes en riesgo, porcentaje de alertas activas sin gestión y retención del periodo.

¿Qué es un sistema de alerta temprana para prevenir la deserción escolar?

Es un mecanismo simple y disciplinado que utiliza datos básicos como planillas de asistencia, observaciones docentes y reportes para identificar estudiantes en riesgo semanalmente. Incluye reuniones cortas para revisar casos, asignar responsables y cerrar casos cuando el estudiante mejora su asistencia.

¿Cuáles son las metas clave para un sistema de alerta temprana efectivo?

Las metas incluyen responder a la primera alerta con contacto familiar en menos de 72 horas, gestionar al menos el 90% de las alertas semanalmente y reducir la inasistencia crónica entre los estudiantes intervenidos.

¿En qué consiste un ‘plan retorno’ para estudiantes con inasistencia crónica?

Es un protocolo humano y práctico que evita regaños. Incluye tres pasos: contacto inmediato para entender barreras, encuentro breve para conversar sobre causas y apoyos necesarios para volver al colegio, y seguimiento para asegurar la reintegración sostenida del estudiante.

¿Por qué es importante que las intervenciones sean cortas y medibles en contextos como Bogotá?

Porque intervenciones concretas y medibles en semanas permiten resultados rápidos sin depender exclusivamente de planes largos o burocráticos. Bogotá tiene la capacidad de impactar si se enfoca en acciones realistas, con aliados locales y sentido práctico adaptado a su realidad educativa.