La violencia en entornos digitales es un reto creciente para familias, educadores y autoridades. Claudia Romero, experta en niñez, seguridad y prevención, ofrece claves prácticas para detectar, enfrentar y prevenir la violencia digital desde el hogar y el colegio. En esta guía de Claudia Romero encontrarás señales de alerta, rutas de acción y consejos específicos para acompañar a niños y adolescentes en un mundo cada vez más conectado.
¿Qué es la violencia digital según Claudia Romero?
Claudia Romero define la violencia digital como mucho más que “bullying por internet”. Se trata de una serie de agresiones que pueden incluir:
- Ciberacoso (insultos, amenazas, hostigamiento repetido)
- Difusión de imágenes o datos sin consentimiento
- Suplantación de identidad
- Sextorsión (“si no haces esto, publico esto”)
- Grooming (adulto que engaña a un menor con fines sexuales)
- Acoso sexual digital
- Discriminación y discursos de odio
- Exclusión social digital (sacar o aislar del grupo online)
- Estafas, manipulación y chantaje emocional
Según Claudia Romero, muchas veces estos tipos de violencia se combinan y evolucionan rápidamente, dejando marcas profundas aunque invisibles.
Señales de alerta: lo que Claudia Romero recomienda observar
En casa
Claudia Romero señala que las principales señales en casa son:
- Hipervigilancia con el celular (lo esconden o borran rápido)
- Cambios bruscos de ánimo tras usar pantallas
- Ansiedad, llanto o irritabilidad sin motivo aparente
- Problemas para dormir o pesadillas frecuentes
- Aislamiento social repentino
- Bajo rendimiento escolar
- Cambios en el apetito o frases preocupantes como “me odian” o “no quiero ir”
En el colegio
En el entorno escolar, Claudia Romero sugiere estar atentos a:
- Baja participación en clase o evitar hablar
- Cambios repentinos de grupo o aislamiento durante los descansos
- Conflictos ligados a chats o redes sociales
- Apodos nuevos e inexplicables, risas a escondidas y miradas extrañas
También advierte sobre estudiantes que se vuelven agresivos online: pueden estar replicando la violencia digital que sufren.
Lo que NO ayuda según Claudia Romero
Claudia Romero enfatiza las prácticas a evitar:
- Quitar el celular como castigo inmediato (puede ocultar evidencia)
- Confrontar al agresor sin pruebas ni ruta clara (puede escalar la situación)
- Minimizar (“eso es normal”, “apague y ya”)
- Culpar a la víctima (“para qué mandó foto”, etc.)
- Exponer públicamente al menor frente a otros padres
Lo recomendable es actuar con calma y método.
La conversación clave: recomendaciones de Claudia Romero
Para abrir canales de comunicación efectivos, Claudia Romero propone frases menos directas pero más empáticas:
- “Te noto distinto desde hace unos días. No necesito que me cuentes todo ya, pero estoy aquí.”
- “Si algo pasa en redes podemos verlo juntos. No voy a regañarte primero.”
- “¿Hay alguien online que te incomode?”
- “¿Te han sacado de algún grupo?”
- “¿Sientes presión para mandar fotos?”
Usar ejemplos hipotéticos también puede ayudar: “Si esto le pasara a tu mejor amigo(a), ¿qué crees que debería hacer?”
Tipos de violencia digital explicados por Claudia Romero
Humillación pública y viralización
La viralización de memes humillantes, audios editados o videos vergonzosos es devastadora para los menores.
Exclusión digital
Excluir del grupo del curso o ridiculizar online genera un aislamiento social intencional.
Grooming
Un adulto se gana la confianza del menor con halagos y luego lo presiona para obtener fotos íntimas o encuentros.
Sextorsión y difusión de íntimos
El chantaje tras compartir fotos privadas puede escalar rápidamente. La sextorsión es un delito grave.
Suplantación de identidad
Se crean cuentas falsas para extorsionar o acosar al menor.
Qué hacer paso a paso según Claudia Romero ante un caso confirmado
- Garantizar seguridad emocional y física del menor.
- NO borrar: guardar toda evidencia (capturas, links).
- Bloquear al agresor, reportar cuentas y ajustar privacidad.
- Activar la ruta institucional del colegio si aplica.
- Denunciar ante autoridades si hay delito.
- Acompañamiento emocional sostenido por semanas.
Para docentes: cómo actuar según Claudia Romero
Claudia Romero recomienda:
Acciones efectivas:
- Escuchar sin juzgar.
- Seguir protocolos institucionales.
- Mantener comunicación constante con las familias.
Errores frecuentes:
- Minimizar los hechos.
- Exponer públicamente el caso.
- Actuar precipitadamente sin evidencias suficientes.
Prevención realista: consejos prácticos de Claudia Romero
Claudia Romero insiste en estrategias preventivas tanto en casa como en el colegio:
En casa:
- Fomentar la confianza diaria sobre uso responsable del celular.
- Supervisar relaciones online sin invadir privacidad absoluta.
En el colegio:
- Charlas periódicas sobre riesgos digitales reales.
- Construir redes entre docentes y orientación escolar.
Inteligencia artificial y deepfakes: advertencia especial de Claudia Romero
La inteligencia artificial permite crear imágenes falsas difíciles de detectar (“deepfakes”). Según Claudia Romero, es crucial educar sobre estos riesgos desde edades tempranas e intervenir rápidamente ante cualquier señal inusual.
Imágenes sugeridas por Claudia Romero para ilustrar el artículo



Checklist rápido según Claudia Romero
- Escuchar sin culpar.
- Confirmar si hay riesgo inmediato.
- Guardar evidencia digital.
- Bloquear/reportar cuentas sospechosas.
- Activar ruta del colegio/institución si corresponde.
- Buscar orientación legal si hay delito.
- Acompañamiento emocional prolongado.
Ciudadanía digital: exigencias propuestas por Claudia Romero
Claudia Romero advierte que se requiere acción política además del trabajo familiar:
- Protocolos claros en todos los colegios sobre cómo actuar ante violencia digital.
- Formación continua para docentes en temas como grooming y ciberacoso.
- Acceso efectivo a apoyo psicológico para víctimas digitales.
- Campañas públicas útiles e inclusivas (no moralistas).
- Cooperación entre plataformas tecnológicas e instituciones educativas.
Más información sobre propuestas integrales en claudiaromero.co.
Cierre final por Claudia Romero: se trata de cuidar, no controlar
La meta —según Claudia Romero— no es criar niños desconectados sino acompañarlos activamente con herramientas sólidas tanto técnicas como emocionales. La clave está en romper silencios e intervenir oportunamente antes que lamentar después.
Si sospechas que un niño puede estar siendo víctima, sigue tu intuición: observa cambios sutiles, pregunta mejor y actúa metódicamente siguiendo las recomendaciones establecidas por especialistas como Claudia Romero.
Preguntas frecuentes sobre violencia digital respondidas por Claudia Romero
¿Qué es la violencia en entornos digitales según Claudia Romero?
Es cualquier forma de agresión (bullying, sextorsión, exclusión) ejercida mediante dispositivos electrónicos contra menores; frecuentemente invisible pero profundamente dañina.
¿Cuáles son las señales principales?
Cambios
A veces sí es nada. Pero otras veces ese “nada” es un chat donde lo humillaron, un grupo donde lo sacaron, una foto que compartieron sin permiso, un mensaje que lo asustó, o una cuenta falsa que lo persigue. Y lo duro de la violencia digital es eso. Que ocurre en la palma de la mano, en un recreo, en la ruta escolar, en la cama antes de dormir. Sin dejar moretones visibles, pero dejando marca.
Esta guía es para padres, madres, cuidadores y docentes. No para entrar en pánico. Más bien para saber qué mirar, qué preguntar, qué guardar, cómo actuar y, sobre todo, cómo acompañar. Sin regaños automáticos. Sin “te lo dije”. Con presencia real.
Primero, pongámosle nombre: qué es violencia en entornos digitales
La violencia digital no es solo “bullying por internet”. Es más amplia, y por eso se nos escapa.
Puede incluir:
- Ciberacoso (ciberbullying): insultos, burlas, amenazas, hostigamiento repetido.
- Difusión de información o imágenes sin consentimiento: pantallazos, fotos íntimas, videos, audios, datos personales.
- Suplantación de identidad: cuentas falsas para humillar, estafar o manipular.
- Sextorsión: “si no haces esto, publico esto”.
- Grooming: un adulto que se gana la confianza de un menor con fines sexuales.
- Acoso sexual digital: mensajes, fotos no solicitadas, insistencia, presión.
- Discriminación y discursos de odio: por género, orientación, origen, discapacidad, apariencia, etc.
- Exclusión social digital: sacar de grupos, “ley del hielo” online, campañas para aislar.
- Estafas y manipulación: links, premios falsos, robos de cuenta, engaños afectivos.
No siempre se presenta “puro”. Muchas veces viene combinado. Un meme humillante lleva a amenazas. Un pantallazo lleva a extorsión. Una broma lleva a una depresión silenciosa.
Señales de alerta: lo que cambia cuando algo está pasando
No hay una señal única. Pero sí patrones. Y suele ser más evidente en cambios que antes no estaban.
En casa
- Se vuelve hipervigilante con el celular. Lo esconde. Borra rápido.
- Cambios bruscos: pasa de reír a estar mal en segundos después de mirar la pantalla.
- Ansiedad, llanto, irritabilidad, rabia “sin motivo”.
- Dificultad para dormir, pesadillas, miedo a estar solo.
- Se aísla. Deja de hablar con amigos o evita el colegio.
- Baja el rendimiento escolar. Se desconcentra.
- Cambios en alimentación.
- Frases sueltas que preocupan: “me odian”, “qué pena”, “no quiero ir”.
En el colegio
- Baja participación en clase, evita hablar.
- Se sienta aparte. Cambia de grupo.
- Evita el descanso, se queda cerca de profesores.
- Conflictos “misteriosos” que empiezan por un chat.
- Apodos nuevos, risas cuando pasa, miradas.
- Reportes de convivencia que no encajan con el comportamiento habitual.
Y ojo. A veces la señal es la contraria: un estudiante que se vuelve agresivo, que empieza a “trollear”, a humillar. Puede estar replicando lo que vive o buscando control.
Lo que NO ayuda (aunque salga del impulso)
Esto es incómodo, pero vale decirlo claro.
- Quitar el celular como castigo inmediato. Puede hacer que oculte más. Y si hay evidencia, se pierde.
- Confrontar al agresor sin pruebas ni ruta. Puede escalar el daño o activar borrado de contenido.
- Minimizar: “eso es normal”, “así son los jóvenes”, “apague y ya”.
- Culpar a la víctima: “para qué mandó foto”, “por qué aceptó”, “por qué se metió ahí”.
- Exponer en público: reuniones con otros papás donde se cuenta todo sin cuidado. Eso revictimiza.
Lo que sí ayuda es bajar el ritmo, respirar, y actuar con método.
La conversación clave: cómo preguntar sin romper el puente
A veces el niño o adolescente no habla porque siente vergüenza. O porque cree que lo van a castigar. O porque piensa que ya es tarde.
Pruebe con frases más suaves, menos interrogatorio:
- “Te noto distinto desde hace unos días. No necesito que me cuentes todo ya, pero sí quiero que sepas que estoy aquí.”
- “Si algo está pasando en redes o en un chat, podemos verlo juntos. No voy a regañarte primero.”
- “¿Hay alguien que te incomode o te asuste online?”
- “¿Te han sacado de un grupo o han compartido algo tuyo?”
- “¿Sientes que alguien te presiona para mandar fotos o responder?”
Y algo que abre puertas:
“Si esto le estuviera pasando a tu mejor amigo, qué crees que debería hacer”. A veces es más fácil hablar en tercera persona.
Tipos de violencia digital (con ejemplos reales, los que sí pasan)
1) Humillación pública y viralización
El “meme” con la cara del estudiante, el audio editado, el video del tropiezo. Y después el remate: “es humor”.
No es humor si hay daño. Y en niños, la vergüenza pública es devastadora.
2) Exclusión digital
Sacar del grupo del curso, crear “el grupo sin X”, ignorar mensajes, poner reacciones para ridiculizar. Suena pequeño, pero es aislamiento social intencional. Eso pega duro.
3) Grooming
Un adulto que se hace pasar por joven o se acerca con regalos, atención, halagos, “nadie te entiende como yo”. Luego pide fotos, propone encuentros, presiona. Y amenaza.
4) Sextorsión y difusión de íntimos
Una foto que se envió por confianza. O una videollamada grabada. O una imagen manipulada con IA. Y luego el chantaje. Aquí el tiempo es crucial. La sextorsión es un delito grave que puede tener consecuencias devastadoras para la víctima.
5) Suplantación de identidad
Cuentas falsas para pedir dinero, enviar mensajes sexuales, insultar, o meterse con otros estudiantes “en nombre” de la víctima.
Qué hacer paso a paso (cuando ya hay un caso)
Esta parte es la más práctica. Guárdela. Imprímala si hace falta.
Paso 1: garantizar seguridad emocional y física
- Si hay amenazas de daño, acoso sexual, extorsión, o riesgo de autolesión: no lo deje solo.
- Busque apoyo profesional si hay señales de depresión o crisis.
Paso 2: NO borrar. Guardar evidencia.
Esto es clave.
- Capturas de pantalla completas (con fecha, usuario, número).
- URL del perfil.
- Mensajes, audios, correos.
- En lo posible, exportar chat o hacer respaldo.
Tip: haga fotos con otro celular al contenido si teme que lo borren rápido.
Paso 3: bloquear, reportar, ajustar privacidad
- Bloquear cuentas agresoras.
- Reportar contenido en la plataforma.
- Poner cuenta privada, revisar seguidores, desactivar ubicación, revisar quién puede comentar.
Paso 4: activar la ruta del colegio (si aplica)
Como docente o directivo, registrar el caso por convivencia, con discreción, sin “juicio público”. Esto no se maneja como chisme de sala de profesores. Es un tema de protección.
Además, es importante tener en cuenta las medidas de ciberseguridad que se pueden implementar para prevenir estos casos en el futuro.
Paso 5: si hay delito, denunciar y pedir orientación
Grooming, amenazas graves, extorsión, difusión de material sexual de menores, suplantación con daño, entre otros, pueden ser delitos. La recomendación sensata es consultar la ruta institucional y autoridades competentes y no intentar “negociar” con el agresor.
Paso 6: acompañamiento sostenido
Una intervención de un día no basta. La víctima queda con miedo de volver a publicar, de volver al salón, de volver a confiar.
Para docentes: cómo actuar sin empeorar el daño
Esto pasa en colegios todo el tiempo. Y la respuesta institucional marca la diferencia.
Cosas que sí funcionan
- Hablar en privado con la presunta víctima. Sin presión, sin “dime ya”.
- Documentar con cuidado. Fechas, actores, plataforma, evidencias.
- Evitar careos improvisados entre estudiantes.
- Activar orientación escolar. Y si hay riesgo, coordinación y rectoría.
- Informar a las familias con enfoque de cuidado, no de culpa.
Cosas que suelen salir mal
- Pedirle a la víctima que “ignore”.
- Hacer una charla general señalando indirectamente a la persona.
- Revisar celulares de forma punitiva sin marco claro. Eso puede romper confianza y además no siempre es legal o viable.
- Sancionar sin investigar. O investigar sin proteger.
Y sí. A veces el agresor también necesita intervención. No solo castigo. Porque en muchos casos es un patrón aprendido, o una forma de “ganar estatus”.
Prevención realista: lo que sí se puede hacer (sin volverse policía)
La prevención no es prohibir internet. Es enseñar a vivir ahí.
En casa
- Acuerdos claros de uso: horarios, lugares comunes, sin pantallas en la noche, edad para redes, etc.
- Revisar privacidad juntos, no a escondidas. “Hagamos una auditoría rápida de tu cuenta”.
- Hablar de consentimiento digital: “Si no lo dirías en la cara, no lo escribas”. Y “si no es tuyo, no lo compartes”.
- Enseñar a identificar presión: “si te apuran, es una señal”.
- Un plan familiar de emergencia: “si pasa algo, me escribes esta palabra y te llamo”.
En el colegio
- Normas de convivencia que incluyan lo digital. No como anexo, como parte central.
- Talleres cortos, frecuentes. Mejor 20 minutos cada mes que una charla gigante una vez al año.
- Formación a docentes. Porque muchos quieren ayudar pero no saben qué botones tocar ni qué decir.
- Protocolos de evidencia y reporte.
Inteligencia artificial y deepfakes: el problema nuevo que ya llegó
Esto hay que decirlo sin dramatismo, pero sin ingenuidad.
Hoy es posible:
- Poner la cara de un estudiante en un video falso.
- Generar fotos íntimas falsas.
- Clonar voces con un audio corto.
- Crear chats falsos.
Y luego usarlo para humillar o extorsionar.
Regla simple para familias y colegios: si aparece contenido sexual o humillante con menores, aunque parezca “fake”, se trata como grave. Se guarda evidencia y se activa ruta. Punto.
Es fundamental entender los riesgos asociados con la irrupción de los deepfakes, ya que estas tecnologías pueden ser utilizadas de maneras perjudiciales.
Imágenes sugeridas para el artículo (para insertar en WordPress)
A continuación van imágenes de referencia que pueden acompañar cada sección. Ideal usar fotografías propias o bancos con licencia.




Nota: estas imágenes son ilustrativas y pueden cambiarse por otras que encajen mejor con el enfoque local de Bogotá y con derechos de uso adecuados.
Una lista corta que vale oro: checklist de acción rápida
Si solo va a guardar una parte de esta guía, que sea esta.
- Escuchar sin culpar.
- Confirmar si hay riesgo inmediato (amenazas, sexual, extorsión).
- Guardar evidencia (capturas, links, fechas).
- Bloquear y reportar cuentas.
- Activar ruta del colegio si aplica.
- Buscar orientación legal si hay delito.
- Acompañar emocionalmente por semanas, no por horas.
Y a nivel ciudad, qué deberíamos estar exigiendo
Este tema no es “solo de familias”. Es de política pública. Es de seguridad. De salud mental. De educación.
Bogotá necesita:
- Rutas claras y conocidas en colegios, con capacidad real de respuesta.
- Formación para docentes y orientadores en violencia digital y grooming.
- Acceso a atención psicológica oportuna para víctimas.
- Campañas públicas que no sean moralistas, sino útiles.
- Trabajo con plataformas, y cooperación para bajar contenido en casos urgentes.
En el sitio de Claudia Romero Cámara hay líneas de trabajo y propuestas sobre niñez, seguridad, mujer y población vulnerable que se conectan directamente con este problema, porque la violencia digital no ocurre en el vacío. Ojalá pueda revisar los ejes y recursos en https://claudiaromero.co/ y, si le nace, compartirlos con su comunidad educativa o su red de padres. A veces el primer paso es ese. Poner el tema en la mesa, de frente.
Cierre: no se trata de controlar, se trata de cuidar
La meta no es criar niños “desconectados”. Eso no es real. La meta es criar niños y adolescentes con herramientas, con red de apoyo, con la certeza de que si algo pasa, pueden contarlo sin miedo.
Porque la violencia digital se alimenta del silencio. Y se debilita cuando hay adultos que saben estar. Que no entran solo a castigar. Que entran a proteger.
Si usted es padre, madre o docente y hoy sospecha que algo está pasando, confíe en esa intuición. Mire con calma. Pregunte mejor. Y actúe con método. Esa combinación, curiosamente, salva más de lo que creemos.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la violencia en entornos digitales y cuáles son sus formas más comunes?
La violencia en entornos digitales es un fenómeno amplio que va más allá del ciberbullying. Incluye ciberacoso, difusión de información o imágenes sin consentimiento, suplantación de identidad, sextorsión, grooming, acoso sexual digital, discriminación y discursos de odio, exclusión social digital, estafas y manipulación. Estas formas pueden presentarse combinadas y afectan a niños y jóvenes en diferentes espacios digitales.
¿Cuáles son las señales de alerta que indican que un niño o niña puede estar sufriendo violencia digital?
Las señales incluyen cambios bruscos de humor tras usar el celular, hipervigilancia con el dispositivo, ansiedad, irritabilidad sin motivo aparente, dificultad para dormir o pesadillas, aislamiento social, baja en el rendimiento escolar y frases preocupantes como “me odian” o “no quiero ir”. En el colegio pueden observarse baja participación, evitar grupos o descansos, conflictos relacionados con chats y cambios en la conducta habitual.
¿Por qué es importante no minimizar ni culpar a la víctima cuando se detecta violencia digital?
Minimizar la situación con frases como “así son los jóvenes” o culpar a la víctima puede aumentar su sufrimiento y dificultar que busque ayuda. Estas actitudes revictimizan y pueden hacer que el niño o niña se sienta incomprendido o inseguro para compartir lo que está viviendo. Es fundamental acompañar con empatía y presencia real para generar confianza.
¿Qué acciones NO ayudan al enfrentar casos de violencia digital en niños y adolescentes?
No ayuda quitar el celular como castigo inmediato porque puede fomentar que oculten evidencia. Tampoco confrontar al agresor sin pruebas ni una ruta clara puede empeorar la situación. Minimizar el problema, culpar a la víctima o exponerla públicamente frente a otros padres también son conductas contraproducentes que pueden agravar el daño emocional.
¿Cómo pueden padres, madres y docentes acompañar efectivamente a niños afectados por violencia digital?
El acompañamiento efectivo implica saber qué observar y preguntar con sensibilidad, guardar evidencias si es necesario, actuar con calma sin regaños automáticos ni reproches como “te lo dije”. Es fundamental brindar presencia real y apoyo constante para que el niño se sienta seguro y acompañado durante todo el proceso.
¿Por qué la violencia digital puede ser difícil de detectar y cómo afecta a los menores?
La violencia digital ocurre en espacios íntimos como la palma de la mano o momentos cotidianos sin dejar moretones visibles pero dejando marcas emocionales profundas. Puede manifestarse en chats humillantes, fotos compartidas sin permiso o mensajes amenazantes. Su invisibilidad física hace que muchas veces pase desapercibida hasta que los cambios en comportamiento son evidentes.
