Claudia Romero: Soluciones para Personas en Calle que van Más Allá de los “Operativos”

En Bogotá, la discusión sobre habitabilidad de calle suele surgir cuando la crisis se hace visible: personas durmiendo en andenes, parques que cambian de ambiente, peleas o comercios atemorizados. Aquí es donde aparece el término clave: operativos. Sin embargo, Claudia Romero plantea que limitarse a operativos es insuficiente y propone un enfoque más inteligente, humano y sostenible.

El error de origen según Claudia Romero: creer que la calle es un delito

Claudia Romero insiste: ser pobre no es delito, estar en calle no es delito, tener consumo problemático no es delito. Sin embargo, las políticas muchas veces tratan estas situaciones como si lo fueran. Cuando la respuesta se centra en “recuperar espacio” sin una ruta humana, el mensaje implícito es “usted estorba”, lo que dificulta cualquier vínculo y proceso de atención real.

La calle tiene muchas historias: personas que perdieron su vivienda por deudas o rupturas familiares, quienes sufren trastornos mentales sin tratamiento, migrantes sin red de apoyo, adultos mayores solos, mujeres víctimas de violencia o jóvenes excluidos del sistema de protección. Para Claudia Romero, meter a todos en una sola categoría lleva a respuestas ineficaces.

Qué pasa cuando solo hay “operativos”: visión de Claudia Romero

Según Claudia Romero, el enfoque operativo clásico (policía, remoción de cambuches y presión institucional) genera:

  1. Desplazamiento: las personas simplemente se mueven a otras zonas.
  2. Ruptura de contacto: equipos sociales pierden seguimiento.
  3. Pérdida de pertenencias: documentos y objetos vitales quedan atrás.
  4. Tensión vecinal: aumenta la frustración y se piden medidas más duras.
  5. Estigmatización: refuerza la idea del control por la fuerza.

Mientras tanto, las causas estructurales permanecen intactas y el ciclo se repite.

El enfoque inteligente de Claudia Romero: soluciones reales para Bogotá

Claudia Romero defiende rutas integrales que combinan:

  • Orden y control del espacio público
  • Atención real y sostenida a las personas

La pregunta no debería ser si hacer operativos o no, sino qué acciones tomar antes, durante y después para lograr resultados medibles y sostenibles.

Identificación y segmentación: clave para Claudia Romero

El punto de partida es entender los perfiles mediante datos bien usados:

  • Tiempo en calle (reciente vs crónico)
  • Estado de salud mental
  • Consumo (ocasional o severo)
  • Red de apoyo
  • Documentación
  • Riesgo (violencia, trata, embarazo)

Esto permite diseñar estrategias diferenciadas. Para Claudia Romero, tratar igual a quienes tienen necesidades distintas solo perpetúa el problema.

Equipos permanentes en calle con método propio de Claudia Romero

Se requieren equipos interdisciplinarios estables (trabajo social, psicología, salud), enfocados en reducción del riesgo y articulados con seguridad pero sin protagonismo policial.

La continuidad –clave según Claudia Romero– permite construir confianza e intervenir realmente en las trayectorias individuales.

¿Qué hacer mañana? Propuesta concreta de Claudia Romero

En un punto crítico con alta presencia de habitantes de calle:

  1. Diagnóstico rápido en territorio
  2. Equipo social permanente
  3. Oferta inmediata de baja barrera (ducha, comida, salud)
  4. Puentes a vivienda transitoria con acompañamiento
  5. Intervención focalizada sobre delito (no sobre pobreza)
  6. Gestión humana del espacio público
  7. Seguimiento semanal coordinado

El error –advierte Claudia Romero– es rendirse ante quienes rechazan ayuda e insistir solo en operativos.

Bogotá necesita una conversación adulta sobre habitabilidad según Claudia Romero

Claudia Romero propone ni romantizar ni criminalizar la calle; ambos extremos son perezosos e ineficaces. La habitabilidad en calle refleja fallas sistémicas en salud mental, empleo o vivienda.

Limitarse a “limpiar” espacios públicos perpetúa el ciclo; una ciudad respetuosa mide su éxito por cómo logra reducir la vulnerabilidad y reintegrar a quienes ya están en calle.

En claudiaromero.co, Claudia Romero comparte propuestas basadas en datos y tecnología con enfoque humano para población vulnerable (fuente externa sobre políticas innovadoras). Te invitamos a conocer más y sumarte al canal para debatir soluciones reales.

Preguntas frecuentes sobre habitabilidad en calle según Claudia Romero

¿Qué significa ‘habitabilidad de calle’ en Bogotá?

Para Claudia Romero, habitabilidad de calle describe situaciones visibles donde personas viven en el espacio público debido a fallas sistémicas (salud mental, vivienda). La discusión suele aparecer cuando la crisis afecta colegios o comercios locales (referencia externa).

¿Por qué los operativos tradicionales no resuelven el problema según Claudia Romero?

Porque sólo desplazan el problema sin atacar causas profundas; además generan pérdida de contacto social e incrementan tensión vecinal.

¿Por qué es un error considerar que estar en la calle o ser pobre es un delito?

Según Claudia Romero, esto rompe posibilidades reales de atención y refuerza estigmas injustos frente a historias personales complejas que requieren respuestas humanas diferenciadas.

¿Cuál es el enfoque correcto para abordar la habitabilidad según Claudia Romero?

Un modelo mixto entre orden público y rutas integrales personalizadas antes-durante-después del operativo; evaluando siempre resultados concretos.

¿Qué importancia tiene identificar y segmentar perfiles?

Permite diseñar intervenciones verdaderamente efectivas; improvisar lleva al fracaso porque cada historia requiere estrategias distintas según diagnóstico realista.

¿Cómo impactan compasión y temor político-social?

Mezclarlas lleva a respuestas rápidas pero insostenibles —”shows mediáticos”— que evitan enfrentar causas estructurales reales como resalta frecuentemente Claudia Romero (fuente externa).

Conoce más propuestas innovadoras sobre habitabilidad urbana visitando claudiaromero.co. ¡Súmate al debate!

Operativos como si la ciudad fuera un cuarto desordenado y bastara con meter todo debajo de la cama.

Y sí, claro que hay que actuar. Nadie está diciendo que no. El punto es otro: si la única respuesta es sacar a la gente de un lugar sin resolver lo que la puso ahí, lo único que logramos es mover el problema de cuadra. Se cambia el paisaje, no la realidad.

Esto es incómodo de decir porque toca dos emociones al mismo tiempo. La compasión y el temor. Y en política, cuando se mezclan, se vuelve fácil caer en soluciones de show. Rápidas, ruidosas, fotogénicas. Pero poco sostenibles.

Lo que quiero plantear aquí es un marco distinto. Más serio. Más de ciudad grande. Soluciones que funcionan en el mundo real. Que no dependen del “golpe” de una administración, sino de un sistema que aguanta y mejora con el tiempo.

El error de origen: creer que la calle es un delito

Primero, lo básico. Ser pobre no es un delito. Estar en calle no es un delito. Tener consumo problemático no es un delito. Y sin embargo a veces tratamos la situación como si lo fuera.

Cuando la respuesta se centra en “recuperar espacio” sin una ruta humana, lo que se manda es un mensaje: “usted estorba”. Y eso rompe cualquier posibilidad de vínculo. Nadie entra a un proceso de atención si siente que lo van a perseguir.

Además, la calle no es una sola historia. En un mismo punto puedes encontrar:

  • Personas que perdieron vivienda por deudas o rupturas familiares.
  • Personas con trastornos mentales sin tratamiento.
  • Personas que consumen, sí, pero con niveles y patrones distintos.
  • Personas migrantes o desplazadas sin red de apoyo.
  • Adultos mayores solos.
  • Mujeres con violencias encima, a veces invisibles.
  • Jóvenes que salieron del sistema de protección y quedaron flotando.

Si todo eso lo metemos en una sola bolsa, la respuesta será igual de bruta. Y fallará.

Qué pasa cuando solo hay “operativos”

Hablemos claro de lo que ocurre con el enfoque de operativo clásico (policía, presencia institucional, presión territorial, retiro de cambuches, “limpieza” del lugar).

  1. Desplazamiento: la gente se mueve a dos o tres calles, o a otra localidad. A veces a un lugar más riesgoso.
  2. Ruptura de contacto: equipos sociales pierden seguimiento. Se corta la posibilidad de enganchar a la persona.
  3. Pérdida de pertenencias: documentos, medicamentos, fotos, cobijas. Cosas pequeñas que para alguien en calle son literalmente su vida.
  4. Más tensión vecinal: el barrio siente que “volvió” el problema, se sube la frustración, se piden medidas más duras.
  5. Estigmatización: se refuerza la idea de que la única manera de tratar el tema es con fuerza.

Y mientras tanto, las causas siguen intactas.

Entonces el ciclo se repite. Y Bogotá queda atrapada en una especie de déjà vu social. Cada cierto tiempo “recuperamos” el mismo lugar.

El enfoque correcto no es suave. Es inteligente.

A veces se cree que proponer rutas integrales es “ser blandos”. No. Es ser efectivos.

La política pública seria tiene dos cosas al tiempo:

  • Orden y control del espacio público (porque la ciudad debe funcionar para todos).
  • Atención real y sostenida (porque sin eso no hay salida).

La pregunta no es “operativo sí o no”. La pregunta es: qué hacemos antes, durante y después, y con qué indicadores medimos si algo mejoró o solo se movió.

1) Identificación y segmentación: no se puede ayudar a quien no se entiende

Aquí empieza todo. Con datos, pero bien usados.

Necesitamos un sistema que permita identificar perfiles y rutas. No para “marcar” personas, sino para no improvisar. Segmentación mínima que de verdad sirva:

  • Tiempo en calle (reciente vs crónico).
  • Estado de salud mental (con o sin diagnóstico, en crisis, estabilizado).
  • Consumo (sin consumo, consumo ocasional, dependencia severa).
  • Red de apoyo (familia, amigos, nadie).
  • Documentación (tiene, no tiene).
  • Riesgo (violencias, explotación, trata, embarazo, discapacidad).

Esto define la estrategia. A alguien recién expulsado del arriendo tal vez lo salvas con mediación, subsidio temporal, empleo rápido. A alguien con 10 años en calle y consumo severo lo “salvas” con una ruta larga, gradual, con recaídas, con salud mental en serio. Si los tratas igual, pierdes a ambos.

2) Equipos de calle permanentes, con método (no visitas ocasionales)

Una ciudad como Bogotá necesita equipos de intervención en calle estables. No solo gestores “de presencia”. Equipos con:

  • trabajador social
  • psicología
  • enfermería o enlace en salud
  • enlace de documentación
  • enfoque de reducción de riesgos
  • articulación con seguridad, sí, pero no como protagonista

Y algo clave: continuidad. La confianza tarda. A veces semanas, a veces meses. Si el equipo cambia cada rato o aparece solo cuando hay “presión mediática”, no funciona.

Hay que trabajar con microterritorios. Puntos críticos. Corredores. Y llevar bitácoras. Seguimiento real. No solo conteo de “atenciones”.

3) Vivienda primero, en serio (y sí, suena raro al principio)

Hay una idea que cuesta en Colombia porque tenemos una moral muy punitiva. La idea de Housing First o “vivienda primero”: que la gente puede estabilizar su vida mejor si primero tiene un lugar donde dormir bajo techo, y luego se trabaja consumo, salud mental, empleo.

No significa regalar apartamentos sin condiciones y ya. Significa entender un principio práctico: nadie se recupera bien en modo supervivencia.

En Bogotá esto puede tomar forma de:

  • vivienda transitoria con reglas claras y acompañamiento
  • cupos de arriendo con seguimiento (especialmente para quienes llevan poco tiempo en calle)
  • albergues de baja barrera para enganchar a población que no entra a hogares tradicionales
  • modelos con enfoque diferencial para mujeres (porque la calle para ellas es otra cosa)

Y ojo. “Hogar de paso” no es lo mismo que vivienda. Un hogar de paso a veces es un embudo, una fila, un lugar donde la gente entra y sale sin salir de nada. Vivienda, aunque sea transitoria, cambia el juego.

4) Salud mental y consumo: menos discurso, más capacidad instalada

Si hablamos de calle y no hablamos de salud mental, estamos hablando incompleto.

Bogotá necesita rutas de salud mental que no sean un laberinto. Y una articulación real con EPS, Subredes, hospitales. No puede ser que el equipo social identifique crisis y la respuesta sea “no hay cupo”.

Dos líneas que funcionan mejor que la fantasía de “deje la droga ya”:

  • reducción de daños: prevenir sobredosis, infecciones, violencias. Mantener contacto.
  • tratamiento escalonado: desde atención ambulatoria hasta internación cuando sea necesaria, pero con continuidad posterior

El gran fracaso suele venir después del “tratamiento”. La persona sale, vuelve al mismo entorno, sin vivienda, sin trabajo, sin red. Recae. Y la ciudad dice “ve, no sirve”. Sí sirve, pero el sistema está roto.

5) Empleo y reintegración: lo pequeño también cuenta

No todo tiene que ser “empleo formal con todas las prestaciones” desde el día uno. Hay que construir escalones.

  • cupos de empleo protegido con acompañamiento
  • formación rápida para oficios concretos
  • alianzas con comercio local (con incentivos, no solo buena voluntad)
  • programas de reciclaje con condiciones dignas y conexión a servicios
  • bancos de documentos y certificaciones

Y aquí una verdad medio fea: hay personas que no van a reintegrarse en el sentido clásico. Y aun así la ciudad tiene el deber de reducir daño, prevenir muerte, estabilizar salud y garantizar dignidad mínima. Medir éxito solo como “salió de calle” hace que todo el mundo maquille cifras.

6) Seguridad con enfoque: orden sin humillación

La seguridad importa. Y el espacio público también. Los vecinos tienen derecho a caminar tranquilos. Los niños tienen derecho a parques seguros. Los comerciantes tienen derecho a trabajar.

Pero la seguridad no puede ser un martillo.

Se necesita un enfoque donde:

  • la policía intervenga en delitos reales, redes de microtráfico, explotación, violencia
  • se proteja a población vulnerable de abusos y reclutamientos
  • se evite la destrucción de pertenencias como regla
  • se coordine con oferta social antes de “arrasar” un punto

Hay lugares donde sí hay estructuras criminales usando población en calle como escudo. Si no se enfrenta eso, cualquier estrategia social se queda corta. Pero enfrentarlo no significa tratar a todos como criminales.

7) Medición: menos “cifras de operativos”, más resultados de vida

Una ciudad seria mide diferente.

En vez de reportar “X toneladas de basura recogida” o “X cambuches retirados”, deberíamos seguir indicadores como:

  • personas vinculadas a ruta con seguimiento de 3, 6, 12 meses
  • acceso efectivo a salud mental (no solo remisiones)
  • documentos recuperados y mantenidos
  • ingresos estabilizados (aunque sean bajos al inicio)
  • noches bajo techo (reducción progresiva de noches en calle)
  • reducción de eventos críticos (sobredosis, lesiones, violencia)
  • reintegración familiar cuando aplica y es segura

Esto además reduce la manipulación política. Porque el operativo es fácil de mostrar. El proceso, no. Pero el proceso es lo que cambia una ciudad.

Entonces, qué hacemos mañana en un punto crítico

Aterrizo esto porque si no, se queda en discurso.

Si hay un punto con alta presencia de habitantes de calle y conflictos, una respuesta inteligente se ve así, más o menos:

  1. Diagnóstico rápido en territorio (quiénes están, cuántos, perfiles, riesgos, presencia de redes).
  2. Equipo social permanente en el punto (no una visita).
  3. Oferta inmediata de baja barrera (ducha, comida, atención básica, documentación, salud).
  4. Puentes a cupos de vivienda transitoria para quienes acepten, con acompañamiento.
  5. Intervención de seguridad focalizada sobre delito, no sobre pobreza.
  6. Gestión del espacio público con criterios claros y humanos.
  7. Seguimiento semanal con tablero de control y coordinación interinstitucional.

Y sí, habrá personas que no aceptan. Eso pasa. El error es usar ese “no” como excusa para rendirse y volver al operativo como única idea.

Bogotá necesita una conversación adulta sobre esto

Ni romantizar la calle, ni criminalizarla. Las dos posturas son perezosas.

La calle es un lugar de riesgo. De enfermedad. De violencia. Pero también es donde terminan fallando otras cosas. El sistema de salud mental. La protección a mujeres. La prevención de consumo en jóvenes. El acceso a empleo. La política de vivienda. La capacidad de intervención temprana.

Cuando alguien llega a calle, muchas veces ya llegó tarde la ciudad.

Por eso, si lo único que hacemos es “limpiar” el lugar, estamos aceptando vivir en la repetición. Y Bogotá no está para eso.

En claudiaromero.co venimos insistiendo en una forma de gobernar con datos, tecnología y enfoque humano, especialmente en población vulnerable. Si este tema te importa, vale la pena que te pases por el sitio, mires las propuestas y, si te nace, te unas al canal o me escribas. En serio, estos temas no se sacan adelante solos ni con slogans.

Porque al final es eso. Una ciudad que se respeta a sí misma no mide su éxito por lo rápido que esconde a los más frágiles, sino por lo bien que logra que menos personas terminen ahí. Y por cómo trata a quienes ya están.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa el término ‘habitabilidad de calle’ en Bogotá y cuándo se suele mencionar?

En Bogotá, ‘habitabilidad de calle’ se menciona generalmente cuando hay una crisis visible en el espacio público, como personas durmiendo en andenes frente a colegios, cambios negativos en parques, peleas o cuando el comercio local empieza a sentir miedo. Es un concepto que refleja la calidad y seguridad del espacio público.

¿Por qué los operativos tradicionales no son una solución efectiva para los problemas de habitabilidad en la calle?

Los operativos tradicionales, que incluyen la presencia policial y la remoción de personas en situación de calle, solo desplazan el problema sin resolver las causas subyacentes. Esto genera desplazamiento a otras zonas, ruptura de contacto con equipos sociales, pérdida de pertenencias importantes y aumento de la estigmatización y tensión vecinal, perpetuando un ciclo repetitivo sin soluciones sostenibles.

¿Por qué es un error considerar que estar en la calle o ser pobre es un delito?

Porque ser pobre, estar en situación de calle o tener consumo problemático no son delitos. Tratar estas condiciones como delitos envía un mensaje excluyente que rompe posibilidades de vínculo y atención efectiva. Además, las personas en calle tienen historias diversas y complejas que requieren respuestas diferenciadas y humanas.

¿Cuál es el enfoque correcto para abordar la habitabilidad en la calle según el texto?

El enfoque correcto combina orden y control del espacio público con atención real y sostenida a las personas. No se trata solo de operativos sino de implementar rutas integrales antes, durante y después de cualquier acción, con indicadores claros para medir mejoras reales y evitar solo mover el problema.

¿Qué importancia tiene la identificación y segmentación en el diseño de políticas públicas para personas en situación de calle?

La identificación y segmentación permiten entender los perfiles y rutas específicas de las personas en situación de calle. Esto evita improvisaciones y permite diseñar intervenciones más efectivas y humanas, adaptadas a las necesidades particulares sin estigmatizar ni marcar a las personas.

¿Cómo impactan las emociones como la compasión y el temor en las soluciones políticas sobre habitabilidad en la calle?

La mezcla de compasión y temor puede llevar a soluciones políticas rápidas, ruidosas y fotogénicas pero poco sostenibles. Estas respuestas suelen ser show mediáticos que no abordan las causas profundas ni generan cambios duraderos, perpetuando ciclos problemáticos en la ciudad.